Hay cifras que trascienden la estadística y terminan convirtiéndose en un mensaje de esperanza. El registro de 28.100 ciudadanos extranjeros que ingresaron durante el mes de julio por la frontera de Bermejo con destino al departamento de Tarija es una de ellas. Más que un dato migratorio, constituye un indicador de que la región comienza a consolidarse como un destino turístico cada vez más atractivo.
Durante muchos años, Tarija ha vivido de espaldas a una de sus mayores fortalezas: su capacidad para enamorar a quienes la visitan. El clima, la hospitalidad de su gente, la riqueza gastronómica, la producción de vinos y singanis, los paisajes del Valle Central y la tranquilidad de sus ciudades conforman una oferta que difícilmente puede encontrarse reunida en otro lugar del país. Sin embargo, ese potencial no siempre estuvo acompañado por una estrategia sostenida de promoción y desarrollo.
Las cifras difundidas por la Dirección de Migración en Bermejo muestran que el turismo deja de ser una expectativa para convertirse en una realidad medible. Miles de visitantes eligieron Tarija durante julio, generando movimiento económico para hoteles, restaurantes, operadores turísticos, transporte, comercio y pequeños emprendimientos familiares que encuentran en el visitante una fuente de ingresos.
Pero este crecimiento también plantea nuevos desafíos. El turismo no puede depender únicamente de la belleza natural o de la calidad de sus vinos. Es indispensable invertir en infraestructura, mejorar los accesos, fortalecer la seguridad ciudadana, preservar el patrimonio ambiental y cultural, y ofrecer servicios públicos acordes con un destino que aspira a competir con otras regiones del país y del continente.
Asimismo, el sector público y el privado deben comprender que el turismo no es un gasto, sino una inversión. Cada campaña de promoción, cada festival bien organizado, cada carretera en buen estado y cada espacio turístico recuperado representan oportunidades para generar empleo y dinamizar una economía que busca nuevas alternativas frente a la disminución de los ingresos por hidrocarburos.
Los 28.100 ingresos registrados en un solo mes constituyen una señal alentadora. Demuestran que Tarija tiene el potencial de convertirse en uno de los principales destinos turísticos de Bolivia. El reto ahora consiste en no desaprovechar ese impulso. Porque el turismo no se construye con improvisaciones, sino con planificación, visión de largo plazo y el compromiso de toda una región.
