InicioEditorialLas peleas políticas en la Asamblea frenan las soluciones que Tarija necesita

Las peleas políticas en la Asamblea frenan las soluciones que Tarija necesita

Las disputas entre asambleístas departamentales no pueden seguir ocupando el centro de la agenda mientras la población enfrenta problemas urgentes en salud, caminos, servicios básicos, empleo y desarrollo productivo.

La Asamblea Legislativa Departamental de Tarija volvió a quedar atrapada en una disputa política que, más allá de las acusaciones y respuestas entre bancadas, revela una preocupante pérdida de prioridades. Mientras sus integrantes intercambian cuestionamientos sobre quién pretende gobernar, quién fiscaliza o quién trabaja más, los problemas de la población continúan acumulándose sin respuestas oportunas.

La discusión entre Álvaro Ojeda y los asambleístas de Camino al Cambio puede tener argumentos institucionales y políticos, pero no debería convertirse en el principal contenido de la actividad legislativa. La ciudadanía no eligió a sus representantes para asistir a una permanente confrontación mediática, sino para que elaboren leyes, fiscalicen el uso de los recursos públicos y contribuyan a resolver las dificultades del departamento.

La Asamblea tiene la obligación de controlar a la Gobernación, pero también debe comprender que fiscalizar no significa bloquear ni convertir cada diferencia en una batalla partidaria. Del mismo modo, la Gobernación debe aceptar la fiscalización y responder con transparencia, sin interpretar toda observación como una amenaza política. La separación de funciones no elimina la necesidad de coordinación; al contrario, la hace indispensable.

Tarija enfrenta problemas concretos que requieren acuerdos y decisiones. Hay deficiencias en hospitales y centros de salud, caminos deteriorados, comunidades con dificultades de acceso, demandas por servicios básicos, falta de oportunidades laborales y sectores productivos que esperan políticas claras. Ninguno de estos asuntos se resuelve con declaraciones, acusaciones o disputas sobre protagonismo institucional.

Los asambleístas deben demostrar su trabajo con proyectos de ley, informes, inspecciones, seguimiento presupuestario y propuestas viables. Si existen irregularidades, deben ser documentadas y denunciadas por las vías correspondientes. Si hay necesidades urgentes, deben convertirse en iniciativas concretas. La política departamental no puede reducirse a quién habla más fuerte o quién logra mayor repercusión en los medios.

También corresponde a las bancadas abandonar la lógica de la confrontación permanente. La oposición debe fiscalizar con responsabilidad y el oficialismo debe escuchar y rendir cuentas. Ambos tienen que entender que el adversario político no es enemigo de la institución y que los acuerdos no representan una renuncia a los principios, sino una obligación frente a la ciudadanía.

Tarija necesita una Asamblea que debata soluciones, no una institución paralizada por rivalidades. Las peleas internas pueden beneficiar temporalmente a determinados grupos, pero perjudican al conjunto de la población. Cada sesión desperdiciada en ataques personales es una oportunidad perdida para atender una demanda social.

Los asambleístas todavía están a tiempo de cambiar el rumbo. Deben dejar de utilizar los problemas del departamento como escenario de disputa y convertir sus diferencias en propuestas, controles efectivos y acuerdos públicos.

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