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Cuando el fuego avisa y las ciudades no aprenden

Lo ocurrido en barrio Lindo de Santa Cruz, donde un incendio provocó una devastación de enormes proporciones, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no puede ser ignorada: nuestras ciudades siguen siendo vulnerables frente al fuego y, peor aún, continúan mostrando graves falencias en materia de prevención.

No es la primera vez que Santa Cruz enfrenta una emergencia de estas características. Los incendios en mercados, centros comerciales, viviendas y zonas de alta concentración de personas han demostrado, una y otra vez, que basta una chispa, un cortocircuito o una deficiencia en las instalaciones eléctricas para convertir un incidente en una tragedia.

Pero el problema no termina en Santa Cruz. Lo sucedido debe ser una llamada de atención para Tarija.

Nuestra ciudad también tiene mercados, ferias, puestos improvisados, depósitos y espacios donde se concentran grandes cantidades de materiales inflamables, instalaciones eléctricas precarias y, en algunos casos, condiciones que dificultan la intervención de los equipos de emergencia. ¿Qué ocurriría si un incendio de grandes proporciones se desatara en alguno de estos lugares?

La pregunta no busca generar alarma, sino exigir responsabilidad. Prevenir un desastre siempre será menos costoso que reconstruir después de la tragedia. La seguridad no puede depender exclusivamente de la capacidad de reacción de los bomberos cuando las llamas ya consumieron un inmueble o pusieron en riesgo vidas humanas.

Tarija necesita revisar con seriedad sus mercados y ferias. Hace falta verificar instalaciones eléctricas, garantizar accesos para vehículos de emergencia, disponer de extintores operativos, señalización, salidas de evacuación y planes de contingencia. También es indispensable capacitar a comerciantes y trabajadores para saber cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia.

Las autoridades municipales, departamentales y las organizaciones de comerciantes tienen una responsabilidad compartida. No se trata de buscar culpables después del incendio, sino de evitar que el incendio ocurra o, cuando menos, impedir que se transforme en una catástrofe.

El fuego que arrasó barrio Lindo debe servir como advertencia. Las ciudades que no aprenden de las tragedias ajenas terminan pagando sus propias tragedias. Tarija todavía está a tiempo de actuar.

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