Sociología del medio ambiente o desarrollo urbano sostenible

Eduardo Claure

Las ciudades, se están convirtiendo en nuestro hábitat principal, como sucede en todos los países del mundo. Podemos decir que, no vivimos en una civilización sino en una movilización de recursos naturales, personas y productos. Este concepto debiera ser tarea de los políticos, hoy, en función pública municipal y departamental. A pesar de que el medio ambiente es una cuestión que está en la agenda política, en los foros mundiales y nacionales, en las opiniones de los ciudadanos, sigue presente una doble valoración: ambientalismo para las ideas y opiniones y productivismo para las acciones. Nos buscamos un bosque al que proteger, pero no cuestionamos nuestra forma de consumo. Se valora de forma abstracta la naturaleza, pero no acaban de concretarse nuevos criterios ecológicos que guíen el consumo ambiental. Se ha perdido esa conciencia. Hoy, se anhela una nueva circunvalación, donde no existen servicios básicos, o, si existen, tienen una cobertura mínima, marginal, al igual que el recojo de basuras. Se sigue pensando en los réditos del cemento, antes que en la población y el medio ambiente. Las ciudades modernas crean vastos impactos ambientales, aunque con medidas adecuadas podemos conseguir una ciudad más sostenible: a) El reciclaje de residuos puede reducir en gran medida el uso urbano de los recursos a la vez que crea nuevos puestos de trabajo; b) Nuevos materiales y diseños arquitectónicos que mejoren el rendimiento medioambiental de las edificaciones y construcción de nuevos barrios y mejorar los ya existentes; c) Adopción de nuevos métodos de planificación y gestión del trasporte y del uso del espacio urbano. Una de las formas más adecuadas para llevar a cabo estas medidas fue la implantación de la Agenda 21 Local en los municipios, propuesta gestada en la Cumbre de la Tierra o ECO 92 realizada en Brasil, que se mostró, como un instrumento eficaz para la sostenibilidad, activar la economía, fomentar la participación e incrementar el bienestar social. Eso sí, se necesita de decisión y liderazgo político para llevar a cabo esta estrategia de cambio social, que involucre a toda la institucionalidad local, que elabore un Plan de Desarrollo Urbano Sostenible, pero, claro, hablar de lo técnico científico, con políticos, es rayar en el rio o arar en el desierto. El interés por el lucro a toda costa, prima, antes que el concepto de definir un Master Plan de Desarrollo Urbano Sostenible Participativo.
El desarrollo sostenible urbano, tiene varias problemáticas de la ciudad que afectan a la sostenibilidad, sin embargo, existen algunas alternativas posibles para solucionar dichos problemas. Las limitaciones podríamos señalarlas como ser: Primero, tiene que ver con el metabolismo de la ciudad. La necesidad de incluir una nueva gestión del agua, la energía y los residuos que siga un modelo circular en el que, el reciclaje juegue un papel esencial a la hora de reducir problemas ambientales que genera la ciudad. Segundo, las características socioeconómicas y espaciales que no favorecen la sostenibilidad ambiental y el bienestar social, y la ausencia de medidas para solucionar problemas como la vivienda, tráfico, migración, marginación o exclusión por sus limitantes del acceso al suelo municipal, acceso a la construcción de viviendas, créditos de fomento, intervención privada y otros aspectos. Para ello, la Agenda 21, era el instrumento más efectivo para introducir el desarrollo urbano sostenible a nivel local, tal como fue implantando en ciudades brasileras, chilenas, colombianas y europeas, especialmente. El concepto de Desarrollo sostenible apareció en 1987 publicado en el Informe Brundtland de Naciones Unidas donde se define como aquel modelo de desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas. Lo novedoso del concepto reside en la inclusión de tres premisas fundamentales. La primera de ellas tiene que ver con la ampliación del concepto de desarrollo, no sólo como crecimiento económico, sino integrando el bienestar social y la calidad de vida. Un segundo punto a destacar es el de crear la necesidad de una distribución equitativa de la riqueza, no sólo entre las generaciones presentes, sino también respecto a las futuras. Finalmente, el Tercero, propone una utilización racional de los recursos como condición para asegurar la habitabilidad de cada municipio.
Aunque el término Desarrollo Sostenible ha sido objeto de diversas definiciones, y se presenta en la actualidad política como una nueva necesidad de plantearse el desarrollo y su relación con el medio ambiente, no deja de ser, de momento, un marco teórico para establecer objetivos y orientar políticas, ya que apenas se han desarrollado y aplicado algunas formas parciales. La importancia de incluir una gestión de la ciudad fundamentada en el concepto de sostenibilidad, radica en que, una gran parte de los problemas ambientales tienen su origen en las ciudades y entornos industriales, al ser las principales fuentes de residuos y contaminación, son también las demandantes de recursos naturales y energéticos. Desde el punto de vista socioeconómico son los principales centros de actividad y decisión, y los que más población agrupan, situación de la que se derivan otras problemáticas: paros y bloqueos, economía subterránea o sumergida, alineación, insolidaridad, falta de capacidad crediticia o insolvencia, ausencia de políticas públicas para la construcción, ordenamiento predial o catastral, ausente informatización o digitalización, desconcentración de servicios municipales, implementación plena de servicios básicos, apertura de calles, avenidas, puentes, pasos a desnivel, arborización, áreas peatonales, ordenamiento del tráfico vehicular, ausencia de institucionalidad en la planificación, proyectos severamente cuestionados, alta corrupción, ausencia de auditorías reales, procesos inconclusos a casos denunciados o iniciados, rendiciones de cuentas reales, etc., etc.
En este contexto, una ciudad sostenible, se organiza de manera que posibilite que todos sus ciudadanos satisfagan todas sus necesidades y que eleven su bienestar sin dañar el entorno natural y sin poner en peligro las condiciones de vida de otras personas, ahora y, a futuro. La ciudad ha crecido sin planificación previa y sin tener en cuenta aspectos medioambientales, además, la construcción de las ciudades ha sido producto de la historia de su población y de los hechos históricos que han acontecido en ellas. Los elementos fundamentales del metabolismo urbano, observa y critica qué, sigue predominando un modo lineal de producción, consumo y eliminación urbana. Esto significa que tomamos lo que necesitamos, lo consumimos y lo que resta lo dejamos fuera del sistema. La introducción de sistemas metabólicos circulares convertiría los productos de desecho en materias primas del sistema productivo. Es lo que denominamos reciclaje. Hay tres elementos fundamentales para que una ciudad funcione: el agua (eliminación de aguas residuales), los residuos sólidos y la energía. Cual, de ellos, ¿está incluido en las acciones ediles que se inician en esta nueva “gestión” municipal o departamental? Algunos ejemplos: La Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de San Blas, que ya recibe duras críticas por los vecinos (El Andaluz 29-05-2021); la nunca realizada, Planta de Tratamiento de Aguas Residuales del Barrio San Luis, no muestra, como la anterior PTAR, un programa de recuperación de los sistemas ambientales del área circundante de influencia -15 años que el Distrito 11 lucha por la solución integral del problema que afecta a esa importante y extensa zona urbana- recordemos que se “perdieron” 12 MM de dólares de financiamiento holandés a fondo perdido; el aventurero plan denominado “Ciudad Inteligente” con un costo de 90 millones de bolivianos, que no ha mostrado beneficio alguno para la ciudadanía; las aguas residuales del Matadero Municipal, y, del mismo Botadero Municipal. Son elementos que contextualizan, la ausencia de visión para construir una ciudad para este nuevo siglo. Ni hablar del inútil y costoso mástil o del millonario Puente 4 de Julio.
La estructura de la ciudad hace referencia a los diferentes modelos que incluyen centros históricos, ensanches de espacios, calles o avenidas y paseos, áreas de equipamiento, urbanizaciones y áreas de edificación dispersas. En las últimas décadas se ha producido una separación extrema de funciones por barrios, la urbanización discontinua y la ocupación inconexa del territorio, que han dado lugar a problemas de habitabilidad y sostenibilidad, unido al despilfarro de suelo e infraestructura y el elevado coste de mantenimiento de servicios. Hay que apuntar que la labor del sistema inmobiliario ha agravado esta situación dada la falta de control público a la hora de satisfacer adecuadamente las necesidades económicas, sociales y de infraestructuras diversas. De pronto, inmobiliarias grandes, definen el crecimiento de la mancha urbana (salpicadas de corrupción) y no un sistema de planificación urbana municipal. Algunas de las consecuencias de la falta de organización en la estructura de la ciudad son: 1. Congestión de las áreas centrales y encarecimiento del suelo en esas zonas; 2. Falta de atención del mercado por otras zonas que pierden actividad económica y pierden habitabilidad; 3. Pérdida de vida social en los barrios; 4. Aumento de la movilidad y distancias de desplazamientos; 5. Congestión del tráfico en vías hacia las áreas centrales; 6. Problemas en la atención de necesidades de transporte en áreas dispersas y alejadas; 7. Aumento del consumo de energía y materiales; 8. Aumento del consumo de tiempo; 9. ausencia de estado y prevalencia de la criminalidad.
El desarrollo urbano sostenible no sólo depende de integrar medio ambiente y crecimiento económico, sino que además se debe mejorar la calidad de vida y el bienestar social de sus habitantes de forma equitativa. Por ello, la integración social y fomentar la convivencia entre sus vecinos es esencial. La participación social es una de las características de la Agenda 21 Local, como base para conseguir la sostenibilidad. Todas las ciudades muestran barrios que se definen y conocen como marginales o peligrosos. En general son barriadas con pocas oportunidades, falta de accesibilidad y habitabilidad degradada. Suelen acoger población en situaciones precarias de empleo y pueden acabar siendo lugares que estén desconectados socialmente de la ciudad. La concentración de la pobreza y marginalidad conlleva a menudo procesos de delincuencia: bandas juveniles, delitos asociados al incremento de la desocupación y alcoholismo, informales y sector que aviva el contrabando. Es una segregación socio-espacial, en la que los planes sectoriales de integración o activación económica no han existido jamás en ninguna gestión del desarrollo urbano del último medio siglo en Tarija, similares a otras ciudades del país. El PEU tuvo un éxito extremadamente marginal y de uso político, únicamente como ejemplo de activar mano de obra femenina, dependiente y que genera un círculo vicioso, antes que una formalidad que les permita acceder a un seguro social.
En la conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro del 1 al 15 de junio de 1992, se adoptó el compromiso de promover el desarrollo sostenible que quedó plasmado en varios legajos, entre ellos la Agenda 21, que es un plan de acción para la sostenibilidad, y, que, para realizarla necesita del apoyo y aprendizaje mutuo entre las administración pública y los agentes sociales. La aplicación del Programa 21 Local, exige identificar en cada población los problemas ambientales más acuciantes. También desarrollar planes de actuación con la participación de los actores sociales locales y crear foros de debate ciudadano. Desde un punto de vista más analítico, se debe documentar el estado y cambios de las estructuras sociales y del medio físico desde el punto de vista de la sustentabilidad, de manera que se pueda proyectar el desarrollo, según las exigencias de la planificación espacial, por ejemplo. Como si esto fuera poco el PNUD, definió las nuevas metas para el Desarrollo Urbano Sostenible, bajo un concepto y criterios a seguir en su Objetivo 11. Bolivia, es signataria de esa institucionalidad. Qué dice, acerca de ciudades y comunidades sostenibles.? “Mas de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas. En 2050, esa cifra habrá aumentado a 6.500 millones de personas, dos tercios de la humanidad. No es posible lograr un desarrollo sostenible sin transformar radicalmente la forma en que construimos y administramos los espacios urbanos. El rápido crecimiento de las urbes en el mundo en desarrollo-como resultado de la creciente población y del incremento en la migración- ha provocado un incremento explosivo de las megas urbes, especialmente en el mundo desarrollado, y los barrios marginales se están convirtiendo en una característica mas significativa de la vida urbana. Mejorar la seguridad y la sostenibilidad de las ciudades implica garantizar el acceso a viviendas seguras y asequibles y el mejoramiento de los asentamientos marginales. También incluye realizar inversiones en transporte público, crear áreas públicas verdes y mejorar la planificación y gestión urbana de manera que sea participativa e inclusiva”. Las cifras a que se refiere Objetivo 11, es qué: “4.5 mil millones de personas, el 55% de la población mundial, vive en ciudades. Para 2050 se espera que la población urbana alcance los 6.5 mil millones. Las ciudades ocupan solo el 3% de la tierra, pero representan del 60 al 80% del consumo de energía y al menos el 70% de las emisiones de carbono. Se estima que 828 millones de personas viven en barrios marginales, y el numero va en aumento. En 1990, había 10 ciudades con 10 millones de habitantes o más; en 2014, el número de mega ciudades han llegado a 28, y alcanzó a 33 en 2018. En el futuro, 9 de cada 10 mega ciudades se encontrarán en el mundo en desarrollo. En las próximas décadas, el 90% de la expansión urbana tendrá lugar en el mundo en desarrollo. El rol económico de las ciudades es significativo, generando alrededor del 80% del PIB global”.
Entender el concepto de desarrollo sostenible implica revisar nociones de desarrollo y de sostenibilidad, los cuales han complejizado su significado en los últimos años, gracias a los debates de las Cumbres de la Tierra y las teorías del desarrollo. Sin embargo, en Tarija los avances en políticas de desarrollo sostenible han sido tímidos y aún no muestran un enfoque integral que correlacione las dimensiones: cultural, política, ecológico-ambiental y espacial, con los temas económicos predominantes en el discurso del desarrollo. Esta visión, ausente en las acciones políticas en función pública, sea municipal o departamental, propone el ordenamiento territorial como espacio ideal para enriquecer el significado del concepto desde la perspectiva de la complejidad, que permite poner en marcha enfoques y alcances del desarrollo sostenible. Para esto debe considerarse proyectos que, desarrollados desde una perspectiva académica, permitan identificar enfoques conceptuales y mecanismos prácticos para tratar problemáticas territoriales de manera integral, a través de la planificación participativa interinstitucional, la gestión urbana y la planificación ecológica-ambiental-humana. Seria conveniente que las nuevas autoridades subnacionales, asuman, para el departamento y el municipio, un mínimo de visión y misión, y, se dejen de spots, que estos, no suplanten el desarrollo sostenible planificado. La migración- ha provocado un incremento