InicioOpiniónCOYUNTURA – LA COB, EL PARO Y EL CHANTAJE

COYUNTURA – LA COB, EL PARO Y EL CHANTAJE

Escribe: Roberto Márquez

Bolivia ha despertado este mayo de 2026 en medio de una paradoja que define nuestra época: mientras una cúpula sindical de ojos vendados convoca a la parálisis total, el país que verdaderamente trabaja ha decidido, por primera vez en décadas, darle la espalda al credo del conflicto.

El paro indefinido anunciado por la Central Obrera Boliviana (COB) no es un acto de «insurrección proletaria»; es el último estertor de una burocracia que se resiste a aceptar que el país ya cambió de ciclo, de mentalidad y de esperanza.

El secuestro populista de la COB

La dirigencia cobista, hoy encarnada en Mario Argollo, pretende ignorar que la legitimidad no se hereda: se cultiva. Durante años, la COB fue cómplice silenciosa —y a veces brazo ejecutor— del saqueo institucional que vació nuestras reservas, secó nuestros pozos de gas y convirtió a YPFB en un botín político, un cascarón vacío “de soberanía”.

Hoy, ante un gobierno de Rodrigo Paz que intenta levantar a la nación de entre los escombros de la corrupción y el despilfarro, la respuesta de Argollo es la irracionalidad: exigir un segundo incremento salarial del 20% en menos de seis meses. Es una exigencia ciega.

En una nación que lucha por recuperar su equilibrio, cada punto de incremento forzado por consignas que bajan del Chapare es un puñal envenenado contra la microempresa y el empleo digno. La COB ya no defiende al trabajador; defiende una estructura prebendal que solo sabe sobrevivir mediante el secuestro de las carreteras y el chantaje del bloqueo.

El «verdadero país» frente al cabildo
Lo que no calcularon en su cabildo es que el «Bolivia de sacrificio y trabajo» ya perdió el miedo a los fantasmas del pasado. La voz de César Gonzales, secretario ejecutivo de la Confederación de Trabajadores Gremiales de Bolivia, representa hoy a ese 85% de ciudadanos que no esperan un depósito del Estado, sino que salen a conquistar el pan con el esfuerzo propio.

“Respetamos el derecho a la protesta, pero rechazamos cualquier medida que castigue al que trabaja, al que produce, al que transporta, al que confecciona, al que importa y exporta… nosotros no vivimos del conflicto, vivimos del trabajo; y mientras ellos nos bloquean, nosotros sostenemos el país”, sentenció González.

Es una rebelión moral. Es el grito rebelde de quienes trabajan más de doce horas diarias frente a una élite que ha hecho de la protesta una profesión de lujo. Sus pilares —familia, propiedad privada, seguridad jurídica y tecnología— son la verdadera hoja de ruta que nace desde las bases, entendiendo que la riqueza se crea con productividad y no con pliegos de soberbia.

El presidente en el taller, no en el balcón

Mientras la COB se enclaustraba en su retórica de odio, el presidente Rodrigo Paz marcaba un hito histórico en Quillacollo. Al conmemorar el Día del Trabajo dentro de la fábrica Manaco, al lado del glorioso sindicato fabril que supo plantarse firme ante las dictaduras de ayer y de hoy, el Mandatario eligió la resonancia de las máquinas por sobre el estruendo estéril de los petardos.

El regalo de un par de zapatos nacionales es mucho más que un obsequio; es el sello de una alianza inquebrantable entre el Estado y el sector que sí quiere producir. Los 5.500 ítems para salud anunciados por Paz no son una concesión bajo presión, sino un acto de justicia social y gestión responsable.

El Gobierno ha entendido que su interlocutor ya no es el burócrata que negocia cuotas de poder, sino el obrero en la línea de montaje y el comerciante que hace circular la sangre de nuestra economía en los mercados.

Conclusión:

Bolivia se encuentra ante una encrucijada definitiva. De un lado, el paro de la COB representa el retroceso, la parálisis y la defensa de un modelo que nos empujó al abismo. Del otro, el Gobierno y los sectores productivos lideran la apuesta valiente por una patria que se niega a quebrar.

Este mes de mayo, la verdadera victoria no se encontrará en el silencio de las calles bloqueadas, sino en el rugido de cada fábrica que enciende las máquinas del desarrollo, en cada puesto de venta que desafía al miedo y en cada boliviano que comprende que el país se construye con el sudor de la frente y no con consignas vacías. El monopolio de ese sindicalismo domesticado y prebendal ha llegado a su fin. Hoy, en mayo se inaugura la era de la producción y el desarrollo sostenible.

¡Salud, vida y trabajo para los obreros y gremialistas de mi patria! ¡Por una Bolivia libre, soberana y eternamente productiva!

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