El secretario de Economía de la Gobernación de Tarija considera que la intervención del Banco Central de Bolivia habría contribuido a frenar la escalada de la divisa, que llegó a Bs 12,15 y provocó presión sobre los precios de productos de consumo familiar.
Redacción Central/El Periodico/12-08-2026.- La cotización del dólar en Bolivia podría encontrar un nuevo nivel de estabilidad entre los 10,50 y los 11 bolivianos por unidad, después de haber alcanzado un máximo de Bs 12,15, según la evaluación realizada por el secretario de Economía de la Gobernación de Tarija, Fernando Romero.
El funcionario departamental analizó el comportamiento reciente del mercado cambiario y sus efectos sobre la economía nacional, particularmente sobre los precios de los productos que forman parte de la canasta familiar. A su criterio, el incremento registrado por la moneda estadounidense generó una presión importante sobre el costo de bienes de consumo cotidiano, especialmente aquellos que son importados o que ingresan al país a través de actividades de comercio informal y contrabando.
Romero considera que el escenario llegó a un punto en el que fue necesaria la intervención del Banco Central de Bolivia, posiblemente mediante acciones coordinadas con la banca privada, con el propósito de contener el incremento de la divisa y evitar que la cotización continuara escalando.
La evolución posterior del dólar muestra, según su análisis, una tendencia gradual hacia la reducción de su valor respecto al máximo registrado. Estas medidas habrían contribuido a disminuir la presión que se había generado en el mercado cambiario y a evitar que la cotización continuara incrementándose.
Sin embargo, el secretario de Economía de la Gobernación considera poco probable que la divisa estadounidense vuelva en el corto plazo a los niveles inferiores a los 10 bolivianos que se registraban antes de los cambios introducidos por el Gobierno en la regulación del tipo de cambio.
En su perspectiva, el mercado podría encontrar un nuevo punto de equilibrio alrededor de los Bs 11 por dólar o, eventualmente, aproximarse a los Bs 10,50. Un retorno por debajo de los Bs 10 sería, bajo este escenario, difícil de alcanzar.
La preocupación central está relacionada con el efecto que tiene la cotización del dólar sobre los precios internos. Bolivia depende de productos importados en diferentes rubros y, además, una parte importante de las mercancías que llegan al consumidor mediante circuitos comerciales informales está vinculada a operaciones en moneda estadounidense.
Cuando el dólar aumenta, los costos de adquisición y reposición de estos productos también tienden a incrementarse. Este comportamiento puede trasladarse progresivamente al consumidor final y generar una presión adicional sobre la inflación.
Romero considera que este fenómeno ya tuvo consecuencias sobre los precios de productos básicos de la canasta familiar, afectando directamente la economía de los hogares y generando preocupación y descontento entre la población.
El escenario también plantea dificultades para comerciantes, transportistas, productores y otros sectores que requieren bienes, insumos, repuestos o materias primas provenientes del exterior. Una cotización elevada del dólar incrementa sus costos y puede terminar repercutiendo nuevamente sobre los precios que paga el consumidor.
Por ello, el comportamiento futuro de la divisa será determinante para establecer si la presión inflacionaria comienza a moderarse o si, por el contrario, vuelven a presentarse nuevos incrementos.
Para Romero, la reciente reducción del dólar constituye una señal positiva, aunque todavía existe incertidumbre respecto al nivel definitivo en el que podría estabilizarse. La posibilidad de que la cotización se mantenga por encima de los Bs 10 representa un escenario diferente al que existía antes de la modificación del régimen cambiario.
En este contexto, el comportamiento del mercado cambiario seguirá siendo uno de los principales factores de atención para la economía boliviana, debido a su impacto directo sobre los precios, el poder adquisitivo de las familias y la percepción social respecto a la evolución de la crisis económica.
