El reconocido médico tarijeño fue posesionado como administrador de la Caja Petrolera de Salud en Tarija. Su designación fue destacada por el director nacional, Germán Hoyos, como el resultado de una larga lucha contra el centralismo. Márquez cuestionó la politización que, según afirmó, deterioró a una institución que hasta 2006 llegó a ser uno de los seguros más importantes de Bolivia y se comprometió a trabajar para recuperar la calidad de atención de los asegurados.
Redacción Central/El Periódico/10-08-2026.- La designación del doctor Roberto Márquez como nuevo administrador de la Caja Petrolera de Salud en Tarija abre una nueva etapa para una institución que, según las propias autoridades, necesita recuperar su estabilidad, su capacidad de atención y, sobre todo, la confianza de sus asegurados. Reconocido médico y profesional con una amplia trayectoria en el ámbito de la salud pública, Márquez asumió el cargo con el desafío de enfrentar una realidad marcada por dificultades económicas y un progresivo deterioro de la calidad de los servicios.
Durante el acto de posesión, Márquez hizo una lectura crítica de la historia reciente de la institución y recordó que hasta el año 2006 la Caja Petrolera de Salud llegó a constituirse en uno de los seguros más grandes e importantes de Bolivia, con una estructura y una capacidad de atención que le permitían ocupar un lugar destacado dentro del sistema nacional de seguridad social.
Sin embargo, sostuvo que esa realidad comenzó a cambiar posteriormente como consecuencia de un permanente y constante “manoseo político” de la institución. En su criterio, la utilización política de la Caja Petrolera terminó debilitando sus estructuras, afectando su funcionamiento y llevándola a la situación que actualmente enfrenta, caracterizada por problemas económicos y una disminución importante en la calidad de los servicios que reciben sus asegurados.
El diagnóstico planteado por Márquez coloca sobre la mesa uno de los principales desafíos de su gestión: recuperar la institucionalidad. La Caja Petrolera necesita, además de recursos, una administración que priorice la atención médica y que permita que las decisiones sean adoptadas sobre la base de criterios técnicos y las necesidades de los asegurados, antes que intereses políticos o circunstanciales.
El nuevo administrador aseguró que pondrá toda su experiencia y empeño para intentar revertir la situación. Su compromiso apunta principalmente a mejorar la atención y recuperar progresivamente los niveles de servicio que la institución tuvo en el pasado.
No se trata de una tarea sencilla. La recuperación de una entidad afectada durante años por problemas acumulados requiere mucho más que un cambio de autoridad. Será necesario revisar procedimientos, ordenar las finanzas, mejorar la gestión administrativa, garantizar los insumos y medicamentos necesarios y fortalecer la capacidad de respuesta de los servicios médicos.
Pero el primer paso, según el mensaje expresado durante su posesión, es recuperar una visión institucional de la Caja Petrolera. Márquez plantea que una entidad destinada a garantizar la salud de sus asegurados no puede quedar sometida a intereses políticos ni convertirse en escenario de disputas de poder.
En paralelo, el director nacional de la Caja Petrolera de Salud, doctor Germán Hoyos, otorgó una dimensión política y regional a la designación. Afirmó que la llegada de Márquez responde a una larga lucha contra el centralismo y a la necesidad de que Tarija pueda contar con un profesional de la propia región al frente de una institución que opera en el departamento y atiende las necesidades de su población.
Hoyos destacó que Márquez conoce directamente la realidad tarijeña, sus necesidades y las particularidades de la salud pública en la región. Esa condición, señaló, permitirá que las decisiones puedan estar más vinculadas con los problemas concretos que enfrentan los asegurados y no únicamente con criterios definidos desde las estructuras centrales.
La designación representa, por tanto, algo más que un simple cambio administrativo. Para Tarija, supone la posibilidad de que una institución con presencia nacional pueda ser conducida en el ámbito regional por alguien que conoce el territorio, sus características y las dificultades que atraviesa el sistema sanitario.
Durante años, el centralismo fue una de las principales críticas planteadas desde las regiones. La designación de autoridades desde las oficinas centrales, sin considerar suficientemente las particularidades locales, generó cuestionamientos y alimentó la demanda de una mayor participación regional en la administración de instituciones nacionales.
Hoyos considera que la designación de Márquez constituye una respuesta a esa demanda. La expectativa ahora está puesta en que esa mayor cercanía se traduzca en soluciones concretas y en una mejora efectiva de los servicios.
Porque para los asegurados, el verdadero valor del cambio no estará solamente en quién ocupa el cargo, sino en lo que ocurra a partir de ahora. La Caja Petrolera necesita resultados: mejores servicios médicos, atención oportuna, medicamentos, infraestructura adecuada y una administración capaz de responder a las necesidades de sus afiliados.
Márquez llega, además, con un elemento que puede resultar determinante: experiencia en salud pública y conocimiento de la realidad regional. Esa combinación deberá convertirse en capacidad de gestión para enfrentar una institución que requiere recuperar el terreno perdido.
La afirmación de que la Caja Petrolera fue víctima de años de “manoseo político” plantea también una responsabilidad hacia adelante. Si el diagnóstico es correcto, el cambio no debería limitarse al nombre de quien ocupa la administración. Deberá significar una recuperación de la institucionalidad y una gestión alejada de intereses partidarios o personales.
El desafío consiste en demostrar que una institución que alguna vez fue considerada una de las más importantes del país puede volver a recuperar parte de aquel prestigio. Y para hacerlo necesitará algo más que discursos: requerirá decisiones, recursos, transparencia y una administración comprometida con los asegurados.
La designación de Roberto Márquez genera expectativas precisamente porque representa dos demandas largamente planteadas por Tarija: terminar con el centralismo en la designación de autoridades y recuperar la calidad de las instituciones que prestan servicios a la población.
El nuevo administrador tiene ahora la responsabilidad de demostrar que la confianza depositada en él puede traducirse en resultados. Su trayectoria profesional será puesta a prueba frente a una institución con problemas complejos, pero también con una historia que demuestra que es posible alcanzar niveles superiores de funcionamiento.
La Caja Petrolera de Salud necesita recuperar su rumbo. Necesita dejar atrás el deterioro, superar sus dificultades económicas y administrativas y devolver al asegurado el lugar central que nunca debió perder.
La llegada de un tarijeño al frente de la administración regional puede ser una oportunidad para comenzar ese proceso. Pero la verdadera batalla recién empieza. El éxito de la gestión de Roberto Márquez dependerá de que pueda convertir el diagnóstico en acciones concretas y demostrar que la salud de los asegurados puede estar por encima del centralismo, de la burocracia y de cualquier interés político.
