miércoles, mayo 13, 2026
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Nuestra difícil relación con el medioambiente

EDITORIAL

No es posible romper el equilibrio de la naturaleza a placer, sin esperar que esa acción no genere una reacción, lo malo y preocupante es que desconocemos los alcances de las consecuencias. La soberbia humana y su falta de humildad ante el universo nos está mostrando cuan equivocados estamos. Como cuando extraemos los áridos de un río sin control alguno y ante la mirada permisiva de nuestras autoridades. Podemos esperar una fotografía de mejores colores de nuestro Guadalquivir, si hemos tolerado su depredación durante décadas?, podemos calcular el daño ocasionado no solo al río sino a todo lo que vive de él y con él, incluidos nosotros mismos?. No podemos mirar con ´luz corta´ sólo para esconder la cabeza ante la realidad, cuando precisamos conocer a largo plazo las consecuencias que se harán evidentes e irreversibles. El problema es que la naturaleza tiene sus tiempos y el hombre los altera de manera irrespetuosa y atrevida, pero cuando ella despierta para reclamar lo que le hicieron, buscamos culpables arriba sin querer ver que los responsables estamos aquí.

Según nosotros mismo, para avanzar y progresar, transgredimos leyes naturales que son infranqueables. Fábricas e industrias arrojan sus desechos a fuentes de agua que consume la gente. Agricultores usan pesticidas y químicos de manera abusiva e indiscriminada sin control alguno, sus productos llegan a la población y se transforman en enfermedades. Desechos tóxicos que no reciben el tratamiento adecuado ya que no existe un lugar especifico y técnicamente apto para tal fin. Alguna vez se preguntó dónde van los productos e insumos médicos que se utilizan a diario en nuestros hospitales?, será que la tierra los absorbe rápidamente sin riesgo para la población o por el contrario, quedan latentes, intoxicando peligrosamente el suelo sobre el que vivimos?. Lagunas de oxidación que están enfermando a la población y nadie sabe ni se preocupa en saber por qué. Sus turbias y contaminadas aguas que rebalsan y llegan a ríos y quebradas, que a su vez sirven para regar sembradíos de comida que después tendremos en nuestra mesa. Las exigencias medioambientales que hoy son teóricamente más estrictas que ayer, no deben ser sólo un requisito que cumplir en un papel, en la práctica debe verificarse que efectivamente se respeten para garantizar que las alteraciones que el obrar humano provoca en el entorno, no se vuelvan en contra nuestro. La posibilidad de desarrollar proyectos de diferente índole, de alguna manera conlleva la alteración de las condiciones naturales del entorno. En otras palabras, hacer obras significa que provocaremos cambios que pueden no solo tener incidencia en nuestra vida ´civilizada´ sino también en el medio ambiente, afectándonos directamente.