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Murió Mario Vargas Llosa: las siete novelas fundamentales del premio Nobel de Literatura

El ensayo y el periodismo, la dramaturgia y las posturas políticas, inclusive el abordaje filosófico, fueron géneros en los que Mario Vargas Llosa, quien falleció este domingo a los 89 años, se desenvolvió con soltura, pasión y notables bases culturales. Pero fue la narrativa donde el escritor peruano alcanzó la cumbre de su virtuosismo hasta convertirse en uno de los mayores exponentes de la literatura latinoamericana y, también, un referente de primera línea internacional.

Vargas Llosa había llamado la atención desde muy joven con sus relatos en Los jefes (1959) y cuatro años despuésLa ciudad y los perros lo llevó a la consagración. Si la calidez, el desparpajo, la sensualidad y la ironía asomaban en Pantaleón y las visitadoras y La tía Julia y el escribidor, obras como Conversación en la catedral La guerra del fin del mundo lo llevaron a una nueva dimensión, son novelas que le ganaron al tiempo y quedan entre las más relevantes entre las 30 que abarcan su narrativa, extendida por más de medio siglo y múltiples temáticas.

Estas son las novelas que pueden considerarse las más representativas

La ciudad y los perros (1963)

-Cuatro -dijo el Jaguar.

Los rostros se suavizaron en el resplandor vacilante que el globo de luz difundía por el recinto, a través de escasas partículas limpias de vidrio: el peligro había desaparecido para todos, salvo para Porfirio Cava. Los dados estaban quietos, marcaban tres y uno, su blancura contrastaba con el suelo sucio.

-Cuatro -repitió el Jaguar- ¿Quién?

-Yo -murmuró Cava- Dije cuatro.

-Apúrate -replicó el Jaguar- Ya sabes, el segundo de la izquierda

La primera novela de Vargas Llosa describe los suplicios de la educación militar para los adolescentes y jóvenes que acudían al Colegio Militar Leoncio Prado. Como en otras de sus obras, tiene su propio tinte autobiográfico ya que Vargas Llosa acudió durante dos años a esos estrictos centros de enseñanza. Los protagonistas de “La ciudad…” son jóvenes bajo una disciplina militar implacable y violenta, que aprenden a sobrevivir en un ambiente plagado de prejuicios raciales y sociales. El padre de Vargas Llosa lo había enviado a ese colegio, con la convicción de que podía “hacerse hombre”. Pero el joven cadete descubrió la otra cara de la vid, la más horrorosa, con militares golpeando a los jóvenes y un medio donde sólo contaban la fuerza bruta y la astucia.

La novela se tituló en un principio “Los impostores” y en España recibió el Premio Biblioteca Breve y el Premio de la Crítica: impactó de inmediato a los lectores por su texto crudo y realista, que llevaba a reflexionar como las medidas de crueldad ejercidas desde la jerarquía militar terminan por afectar la personalidad y el estadio emocional de los estudiantes.

Pero el recorrido es más amplio: ilustra el machismo y la violencia en una sociedad, la lealtad y la traición.

Y en respuesta a la deshumanización, algunos estudiantes forman un grupo, llamado “El círculo” con ánimos de venganza. Como líder del grupo, planificando ataques contundentes, aparece el Jaguar.

En esta obra, Vargas Llosa comienza a desplegar su técnica de “los vasos comunicantes: narrar dos o tres o cuatro episodios dentro de uno solo, sin dar mayores acotaciones para explicar los cambios de tiempo y de lugar”. Sería una de sus “marcas de fábrica” a lo largo de su producción literaria.

La casa verde (1966)

Distinguida con el premio Rómulo Gallegos como “mejor novela latinoamericana”, abarca muchas historias que se cruzan espacial y temporalmente. Abarca dos escenarios principales: Piura, en el desierto de la costa norte peruana, donde se encuentra el burdel “La casa verde”, y Santa María de Nieva, en la selva amazónica, donde Vargas Llosa también pasó algún tiempo. Los personajes principales son Don Anselmo (el forastero que funda el prostíbulo), el Sargento Lituma y el bandido Fushía. Este es un japonés, expresidiario y contrabandista de caucho, en tanto Lituma es un piurano que se enrola en la Guardia Civil.

Recién se insinuaba el término del “boom de la novela latinoamericana”, pero La Casa Verde y Vargas Llosa ya podrían quedar inscriptos allí desde esta obra. Recordemos que luego de Vargas Llosa, el premio Rómulo Gallegos tuvo como inmediatos ganadores a García Márquez con Cien años de soledad y Carlos Fuentes con Terra nostra….

Y también Vargas Llosa considera que esta novela marca su aproximación a la obra de William Faulkner ‘en cuyos libros descubrí las hechicerías de la forma en la ficción, la sinfonía de puntos de vista, ambigüedades, matices, tonalidades y perspectivas de que una astuta construcción y un estilo cuidado podían dotar a una historia’. En su segunda novela, el gran escritor peruano intensificó las aventuras con el tiempo y las palabras que ya se habían insinuado en “La ciudad…”. La historia avanza por distintos tiempos y espacios, donde también se combinan la realidad y la imaginación del lector. Juan Goytisolo escribió que «navegar por el río de palabras de La casa verde es una incitante aventura. El relector va de sorpresa en sorpresa, arrimándose a sus orillas para tomar aliento y recapitular acerca de lo leído antes de emprender una nueva etapa de su periplo. La ambición creadora de su autor, difícilmente aprehensible en una somera lectura, se nos desvela entonces con nitidez. La reconstrucción de rompecabezas es tarea ardua pero su recompensa aguarda a quienes no se arredran ante la dificultad y apuestan por el triunfo final de la literatura».

Vargas Llosa reveló que los recuerdos de una choza de tablas pintada de verde que vio en 1946 y la deslumbrante Amazonia que conoció en un viaje 12 años después por el Alto Marañón le dieron los personajes y las historias de la novela. Y Julio Cortázar le escribió a Vargas Llosa: “La novela me interesa profesionalmente (…) Hay algo que tengo que decirte de entrada y sin el menor regateo: en el plano técnico, La casa verde es maravillosa».

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