Escribe: Roberto Márquez
Detrás de las románticas exigencias de «tender puentes» se esconde una de las mayores muestras de doble moral política. Quienes hoy rasgan sus vestiduras en nombre del diálogo son los mismos que operan con un doble rasero intolerable.
El reciente coro de críticas que acusa de «soberbia» y «falta de diálogo» al ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, trasciende el terreno de la simple confrontación retórica. No es más que una puesta en escena perfectamente coordinada.
Detrás de la romántica exigencia de «tender puentes» y convocar a todos los actores políticos, se esconde una de las mayores muestras de doble moral que ha visto el país en su historia reciente. Quienes hoy rasgan sus vestiduras en nombre del consenso nacional son los mismos que operan con un doble rasero intolerable.
La esquizofrenia política
Resulta insólito que se acuse al gobierno de Rodrigo Paz de «cerrar las puertas» o de decretar que «quien piensa distinto ya no tiene lugar en la construcción del país», cuando la oposición tiene un pie —y de los grandes— dentro del propio Palacio Quemado.
Samuel Doria Medina mantiene un ataque constante y feroz contra la gestión del presidente Paz. Sin embargo, olvida convenientemente que su propio excompañero de fórmula y militante de su entera confianza, José Luis Lupo, es nada menos que el Ministro de la Presidencia, además de controlar carteras clave de gestión como el área económica y de salud.
¿Cómo se puede acusar a un Gobierno de ser «excluyente» o «soberbio» cuando tus propios cuadros políticos están sentados en el gabinete ministerial tomando decisiones diarias? Doria Medina pretende jugar el cómodo rol de ser oposición ante las cámaras para capitalizar el descontento, mientras por detrás goza de una cuota de poder real dentro del aparato estatal. Eso no es buscar diálogo; es un oportunismo de doble vía.
El coro de ángeles: Tuto y Evo Morales
La segunda gran contradicción de este ataque sistemático es la inverosímil alianza fáctica entre Jorge «Tuto» Quiroga y Evo Morales.
Para intentar desgastar la gestión presidencial, el ala de la derecha tradicional liderada por Quiroga no ha tenido reparos en sumarse al mismo discurso de desestabilización que promueve el ala evista. Quiroga, el supuesto defensor de la institucionalidad, la república y la democracia, termina haciendo coro con un expresidente que hoy es un prófugo de la justicia, acorralado por gravísimas denuncias de pedofilia y estupro.
Cuando la oposición entre comillas «democrática» prefiere amplificar y validar la retórica de un prófugo cobarde con tal de golpear al ministro Zamora o al Presidente, pierde toda autoridad moral para dar lecciones de «madurez política» o «construcción democrática».
El verdadero Mauricio Zamora
Al final del día, lo que realmente molesta a esta vieja partidocracia no es la «falta de diálogo», sino que se les esté acabando el negocio.
El ministro Mauricio Zamora asumió Obras Públicas con una promesa clara: destapar las ollas de corrupción, ordenar Boliviana de Aviación (BoA) y terminar con el histórico esquema de diezmos y comisiones del 10% y 15% que desangró al Estado durante años.
Para la vieja política, «dialogar» siempre significó «repartir». Cuando un ministro decide cortar los privilegios, transparentar las licitaciones y gobernar con firmeza técnica en lugar de transar bajo la mesa, los desplazados lo llaman «soberbio».
«La ciudadanía espera resultados: estabilidad, empleo y soluciones concretas». Dicen. Pero se olvidan que el MINISTRO ZAMORA, puso a prueba su pellejo, durante todo el bloqueo cruel e inhumano, buscando justamente lo que los oportunistas reclaman de él.
Pero no se equivoquen: los bolivianos tampoco quieren un gobierno débil que se arrodille ante los chantajes de quienes tienen un pie en el oficialismo y otro en la oposición. Si el ministro Zamora incomoda a la vieja guardia, es porque está haciendo exactamente lo que el país votó en las urnas: barrer con la corrupción y gobernar con pantalones.
