
Tarija es una tierra que experimentó un índice muy alto de migración, el «boom» del gas se expandió por todo el Bolivia y gentes sin ocupación y oportunidades vinieron a probar suerte en este rinconcito sureño. Migrantes que traían más sueños que recursos, que cargaban sólo con su fuerza de trabajo y la esperanza de días mejores en «la nueva tierra prometida», muchos de ellos encontraron otra realidad, la que les dice que no hay fuentes laborales para ellos, no hay donde puedan vivir dignamente, con servicios básicos y lo que es peor, donde lo poco que tienen les alcance para poder comprarse un terreno o una casita y comenzar a construir una nueva vida.
Quienes llegaron a Tarija se encontraron con que en la tierra del gas y el desarrollo, no aparecen ninguno de los dos, con que deben luchar incluso más que en sus lugares de origen porque simplemente «no son de aquí» y deben acomodarse a una cultura diferente, a una sociedad distinta, que muchas veces les pone trabas, que les abre ciertos espacios de trabajo, que tal vez no se acomodan a las expectativas pero que deben aceptarse si lo que quieren es sobrevivir.
El hombre busca asentarse, fijar residencia, hacerse de lo suyo, tener su techo propio, su pedacito de tierra que le permite sentir que va camino a su realización personal, por más insignificante que sea lo conseguido, finalmente es suyo y eso basta para sostener esos sueños de un mejor vivir para él y su familia. Las necesidades de los migrantes han servido como oportunidades para unos cuantos «avivados» que aprovechándose de la ignorancia y desconocimiento, comenzaron a lucrar con eso, embaucándolos con supuestos proyectos inmobiliarios que les ofrecen alcanzar el sueño de la casa propia o por lo menos del «lote» propio, tener por fin ese pedacito de tierra que no se pudo tener de donde vinieron. Pero en la mayoría de los casos son estafados, llevados a ocupar terrenos privados o estatales, hacen que se asienten prometiéndoles que todo se regularizará con el tiempo, sonsacándoles el poco dinero que tienen, con falsas promesas de manera permanente. Se han dado casos de enfrentamientos entre propietarios y asentados, otros entre interesados en asentarse movidos por corrientes distintas, creando en estos lugares espacios sin ley donde nadie puede intervenir y en una muestra de la anarquía en la que nadie obedece nada. Los políticos de turno han manejado con pinzas este tema porque más allá de ver que se están cometiendo delitos al asentarse en tierras que no son suyas con total impunidad, suman las familias y a quienes tienen edad para votar en la próxima elección, llegando incluso a facilitar sus vidas a través de la instalación de servicios básicos para tener mejores condiciones de vida y haciendo más difícil que puedan o quieran dejar ese espacio, bajo la creencia que con el tiempo pasará a ser suyo, ya que en otros casos así sucedió. Mientras el comportamiento permisivo de nuestros políticos aliente estas situaciones, no podemos esperar que suceda algo diferente. La normas para regular y sancionar estas situaciones están vigentes, sólo precisamos que se las ponga en práctica.

