Por: Roberto Márquez
El análisis de la situación de la mujer en 2026 nos muestra un panorama de contrastes profundos: mientras que, en el ámbito político y académico los avances son innegables, la estructura económica y la seguridad física de las mujeres presentan grietas que parecen resistirse al paso del tiempo.
A nivel mundial, el informe de brecha de género de 2026 indica que solo se ha cerrado el 68.8% de la desigualdad total. A este ritmo, la paridad plena no se alcanzará hasta dentro de 123 años.
No hay duda de que Bolivia ha dado pasos de gigante desde aquel 1911 de Zetkin. Ver nuestras asambleas pobladas por polleras y sombreros es una victoria ética y moral. Pero detrás de la cifra de representación parlamentaria del 50%, se esconde una realidad de «poder prestado». En los pasillos de las alcaldías el acoso político es la moneda de cambio para quienes osan cuestionar las estructuras machistas establecidas.
Al mirar la trayectoria de la mujer desde las luchas ideológicas a partir de la pionera Clara Zetkin de 8 de marzo de 1911 (Dia Internacional de la Mujer) hasta la Bolivia de 2026, nos enfrentamos a una pregunta incómoda: ¿Ha tomado la mujer su verdadero rol como arquitecta de una sociedad justa, o ha sido reducida a un peón funcional de los autoritarismos de turno?.
Clara Zetkin se revolvería en su tumba si viera cómo, en la Bolivia de hoy, el género se utiliza como una figura decorativa para justificar la servidumbre ideológica. El régimen de los últimos años ha perfeccionado el arte de la «mujer vitrina»: asambleístas y ministras que ostentan el cargo, pero cuya única función era aplaudir los excesos de un populismo masista que ha carcomido la justicia.
No hay duda de que Bolivia ha dado pasos de gigante desde aquel 1911 de Zetkin. Ver nuestras asambleas pobladas por polleras y sombreros es una victoria estética y moral. Pero detrás de la cifra del 50%, se esconde una realidad de «poder prestado». En los pasillos de las alcaldías, en las calles o en las plazas, el acoso político es la moneda de cambio para quienes osan cuestionar las estructuras de poder machista.
Bolivia posee una de las legislaciones más avanzadas del mundo en protección a la mujer política, y hay acciones de algunos lideres que colisionan directamente con ellas:
Ley N° 243 contra el Acoso y Violencia Política: El «ninguneo» a la lideresa o candidata es una forma de Violencia Psicológica y Política. Al invisibilizar a la mujer, se busca anular su competitividad electoral. El artículo 8 prohíbe explícitamente «restringir el uso de la palabra» o «divulgar información que menoscabe la dignidad». Negar la trayectoria de la mujer es una distorsión de la realidad que afecta su derecho a la imagen pública.
Constitución Política del Estado (CPE): Los artículos 8, 26 y 147 garantizan la Equivalencia de Condiciones. Es decir, ningún cacique o autoridad con peso mediático tiene el derecho de menoscabar a la mujer o ningunearla, mientras exalta las virtudes de un varón, rompe el equilibrio democrático y ejerce una posición de dominio para influir en el electorado mediante el desprestigio por omisión.
Ley N° 045 (Contra la Discriminación): El argumento de que el candidato varón puede trabajar «24/7» es un estereotipo de género prohibido. Insinúa que la mujer, por su condición, no tiene la misma disponibilidad, perpetuando el prejuicio de que el espacio público pertenece al hombre y el privado (el cuidado del hogar) a la mujer.
Marco Legal Internacional: La Justicia más allá de las Fronteras
Bolivia es signataria de tratados que son vinculantes y de cumplimiento obligatorio:
Convención de Belém do Pará: Es el tratado interamericano más importante. Define la violencia contra la mujer como cualquier acción que cause daño o sufrimiento psicológico, tanto en el ámbito público como privado. El ninguneo mediático es una forma de violencia simbólica que busca mantener la hegemonía masculina en el poder.
CEDAW (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer): En su Recomendación General N° 23, la CEDAW exige a los Estados (y a sus actores políticos) eliminar los obstáculos que impiden a las mujeres participar en la vida pública en igualdad. El desprecio público de un líder hacia otra lideresa mujer, o como candidata en época electoral es una afrenta mediática directa.
Carta Democrática Interamericana: Establece que la exclusión de la mujer de la participación política es incompatible con la democracia.
El Populismo y la «Mujer Invisible»
Cualquier exabrupto contra la mujer es una regresión al «populismo nefasto», que Bolivia derrotó. Se está enviando un mensaje peligroso a la democracia, a la libertad y a los Derechos Humanos fundamentales: el éxito político de la mujer: no depende de la validación masculina.
Hoy, el 8 de marzo suele desdibujarse en celebraciones superficiales. Sin embargo, recordar a Clara Zetkin es recuperar la esencia de la política como herramienta de transformación estructural. Su valentía no radicaba solo en desafiar las leyes de su tiempo, sino en tener la lucidez de organizar el descontento y la injusticia hasta convertirla en derecho constitucional.
Zetkin enseñó que: La igualdad no se agradece; se ejerce. Su figura, firme ante el ascenso de los totalitarismos que intentaron devolver a la mujer al confinamiento doméstico, sigue siendo el faro que alumbra para la construcción de una sociedad justa y una ciudadanía plena de la mujer en el siglo XXI.
La verdadera lección no era la obediencia, sino la conciencia crítica. Una sociedad justa no se construye con mujeres que callan ante los errores del presente por el alivio de haber dejado atrás el pasado. Se construye con ciudadanas que entienden que el voto universal es una herramienta de lucha permanente en condiciones desiguales.
¡VIVA EL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER!
