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50/50: la trampa perfecta: te quitan la plata y te dejan la planilla


Walter Chavarría Rivera*
Por años Bolivia discutió centralismo vs autonomías. Hoy, el gobierno de Rodrigo Paz Pereira dice traer la solución mágica: el “50/50”. Mitad para el nivel central, mitad para las regiones. Suena justo. Suena moderno. Suena democrático.
Pero no lo es. Porque lo que se está montando no es una redistribución de recursos. Es algo mucho más peligroso: una redistribución de problemas.
El propio gobierno ha sido claro: el 50/50 no es solo repartir plata, implica “responsabilidades compartidas” en salud y educación. Traducido al lenguaje real: los ítems para los médicos, maestros y personal de apoyo, pasarán a las regiones.
Y ahí está el truco. Porque un ítem no es plata. Un ítem es gasto obligatorio. Un ítem es una factura que no se puede dejar de pagar.
Entonces, ¿qué está haciendo el gobierno? Muy simple: no está transfiriendo recursos, está transfiriendo planillas salariales
Es como si te dijeran: “te doy más autonomía” … pero junto con una deuda que no pedimos. Esto no es descentralización. Es una operación contable.
Es una ilusión. El Estado central reduce su gasto en papeles, mejora artificialmente su balance, y se lava las manos. Mientras tanto, gobernaciones y municipios reciben una bomba fiscal: salarios rígidos, crecientes y sin control.
¿Y con qué los van a pagar? Porque aquí está el detalle que el discurso evita: las regiones en Bolivia no recaudan los impuestos importantes. No manejan IVA, ni hidrocarburos, ni renta. Entonces el 50/50 termina siendo esto: el nivel central se queda con la recaudación, las regiones se quedan con el gasto. No es pacto fiscal, Es traslado de crisis.
Y lo más grave: esto impacta directamente en la gente. Cuando no haya plata suficiente: no se pagarán salarios a tiempo, se deteriorará la salud, caerá la calidad educativa, surgirán conflictos sociales. Y entonces el gobierno dirá: “es culpa de las regiones”.
Ese es el verdadero diseño político del 50/50. No empodera territorios. En vez de fortalecer autonomías, las pone contra la pared. El país necesita descentralización, sí.
Pero de verdad: con recursos reales, con reglas claras, con sostenibilidad fiscal, No con trucos. Porque si algo enseña la historia boliviana es esto: cuando el Estado miente en los números, termina explotando en la calle.
Y el 50/50, tal como está planteado, no es una reforma, es una trampa.
*(ciudadano)

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