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El Chaco que lucha por permanecer


Autora: Angélica María Fernández Toledo

Nos han hecho creer que el desarrollo siempre implica sacrificar algo.
En muchos casos, ese “algo” termina siendo el medio ambiente, la cultura y la identidad; sin embargo, descubrí que existen quienes aún luchan por permanecer.

Hoy, en Bolivia, el desarrollo suele medirse en cifras, en crecimiento económico, en expansión industrial. Se habla de progreso como si fuera una carrera hacia adelante, donde detenerse a mirar lo que queda atrás fuera un retroceso. Sin embargo, pocas veces se cuestiona qué es exactamente lo que estamos dejando en el camino.

Pasé una semana en Villa Montes conversando con comunarios guaraníes, activistas y defensores ambientales, y algo que noté en cada conversación es el sentido de pertenencia, el orgullo que siente cada uno por su tierra, por sus costumbres, sus tradiciones, su lengua, su vegetación, y para ellos eso pesa más que cualquier intento de desarrollo depredador.

No se trata de frenar el desarrollo económico ni negarse al paso de la industria sino de crecer económicamente desde el desarrollo sostenible. En palabras de los comunarios: un crecimiento respetuoso, pero se preguntarán, ¿respetuoso con quién? Respetuoso con la Madre Tierra, con las futuras generaciones, respetuoso con una identidad, al entender que la apicultura, la pesca, los usos y costumbres son una forma de vida; puede que diferente a la nuestra, pero en definitiva es una esencia que busca resistir y Villa Montes resiste. Cada vecino, emprendedor, productor desde el lugar en que se encuentre hace activismo ambiental, busca preservar en tiempo y espacio su tierra y sus raíces. Este enfoque contrasta profundamente con la lógica dominante, donde el desarrollo muchas veces se traduce en extracción intensiva y beneficios inmediatos.
Una propuesta muy interesante que Edward Mejía —activista ambiental— planteaba: incentivar la defensa del medio ambiente desde su conservación, para impulsar el turismo y, a su vez, generar ingresos económicos. La identidad cultural y la naturaleza vistas desde un enfoque estratégico para permanecer en el tiempo, preservando lo más valioso del Chaco sin generar impactos ambientales.

Entonces, el problema no es el desarrollo, sino lo que estamos dispuestos a destruir para alcanzarlo. Sin embargo, el Chaco, aún, lucha por permanecer.

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