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CHOCOLATE POR LA NOTICIA


Hace muchos años, ante el descubrimiento tardío de una obviedad, se decía: “Chocolate por la noticia”, como una forma jocosa de hacerle saber a quién la ponía de relieve que, en realidad, se trataba de algo viejo o que, en el grupo, todos ya lo sabían.
Con el tiempo, esa inocente frase fue tornándose menos dulce y hasta un insulto cariñoso acompañaba la respuesta.
Se informa que el Gobierno ha tomado nota de que existe cierto malestar social, que la gente no llega a fin de mes y que, de seguir por ese camino de descubrimientos trascendentes, quizás obtenga el premio Nobel en Investigación.

Según INFOBAE, se ha tomado nota de la frase “La gente no llega a fin de mes” y, como una infantil y elemental colaboración, hago mi aporte desinteresado.
Vamos a desglosar la frase. “La gente” es el sujeto, no solo desde el punto de vista sintáctico, sino desde el más real de los sentidos. La gente es la variable que algunas planillas de Excel y algunos análisis de costos no toman demasiado en cuenta y que, entre otras cosas, han olvidado que la clase pasiva también necesita que se modifique su monto fijo. Dentro de poco serán los “jubiletes” quienes tendrán que pagarle al ANSES.
Conclusión: si al concepto “la gente” le sacamos al 80 o 90% de los jubilados, a los monotributistas a la fuerza y a los que se cayeron del sistema o volvieron vencidos a la casita de los viejos, la ecuación da fenómeno.
Podríamos asegurar, en ese caso, que el plan marcha de acuerdo con lo previsto.
Una de las formas de contrarrestar esa frase remanida, panfletaria, tira bombas, “la gente no llega a fin de mes”, es reconocer que está demasiado incompleta. Es marketinera, pero no necesariamente realista, porque lo importante no es llegar a fin de mes, sino cómo se llega a fin de mes.
Sin poner ejemplos, que por innecesarios es muy poco lo que aportan, es para festejar que se pongan manos a la obra para ver si le encuentran el agujero al mate y abren un poquito la canilla.
El reclamo es genuino. Este costo terrible nadie lo quiere pagar, pero hay que destacar que son muchos los que ya no pueden seguir pagando, porque familiares, amigos y vecinos están en la misma y nadie está en condiciones de tirarles un hueso.
Pocos, o no tan pocos, siguen sin reconocer que estuvimos demasiado cerca de ser Venezuela o Cuba y que era mucho lo que había que hacer para poner la casa en orden. Cualquier cosa que se “intentara” hacer iba a ser dolorosa. El problema fue la fantasía de pensar que la cuenta de esta fiesta la iba a pagar otro.
Entre ese pequeño error de cálculo y un poco que quizás algunos no cursaron Empatía 1 A, la realidad es que la cosa se está yendo un poquito de mambo. Tal vez se necesite que el Banco Central compre algunos dólares menos cada día, que se controle a algunos pícaros que todavía no han entendido que necesitamos que paren con su incremento patrimonial y que otros dejen de inventar tasas al compás del deleite que provoca el trinar de los pájaros y de jugar a la rayuela con las baldosas flojas de las veredas.
Un poquito de cordura y de honestidad no le hace mal a nadie, no crea hábito. Además, si por pícaro te dan la cana y tenés un panadizo ungueal o una uña encarnada, en una de esas hasta sacás una domiciliaria.
Parece que ya se les hizo carne que “La gente no llega a fin de mes”. Ahora esperemos que prontamente descubran que, para un sector muy importante de la sociedad, esa frase parece más salida de una agencia publicitaria que de un diagnóstico de la realidad. Ya estarían, entonces, en el segundo estadio.
En ese momento nos quedará rezar para que se instrumente el tercer paso, que sería la resolución del problema. De a poco, como se pueda, pero con algún gesto concreto, efectivo, duradero y sostenido en el tiempo. Una simple mejora paulatina. Y si eso lo entendieran TODOS, los que están, los que seguirán y los nuevos que vendrán, quizás algún día seamos lo que soñamos y suponemos que merecemos ser.
Muchos no alcanzaremos a verlo. Esa es una verdad incontrastable, es ley de vida. Pero si muchos dejaran de mirarse el ombligo y, más allá de lo difícil que seguramente resulta terminar con un régimen prebendario, quizás no haya que pedir ni esperar tanto.
Si llegamos hasta donde llegamos, a quien le corresponda guiar este barco en el futuro le tocará corregir los errores. Quizás no acierte de primera, pero que no le apunte al iceberg, porque ahí le pega seguro.
Se enteraron que es verdad: la gente no llega a fin de mes en condiciones razonablemente decorosas. Ahora esperemos que hagan algo.

Más vale tarde que nunca.
Chocolate por la noticia.

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