InicioOpiniónADIÓS AL JUEGO LIMPIO. Para quienes nos gusta el fútbol ⚽

ADIÓS AL JUEGO LIMPIO. Para quienes nos gusta el fútbol ⚽

Escribe: Roberto Márquez

La reciente decisión de la Comisión Disciplinaria de la FIFA de dejar sin efecto la tarjeta roja directa impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun ha generado un debate que trasciende lo deportivo. La medida se tomó luego de tres comunicaciones telefónicas entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el titular de la FIFA, Gianni Infantino. Este hecho evidencia cómo la normativa de un organismo transnacional puede verse modificada cuando entran en juego los intereses políticos y económicos de una potencia global.

El estatuto de la FIFA establece de forma estricta el principio de «no injerencia de terceros», el cual prohíbe a los gobiernos intervenir en los asuntos del fútbol. Históricamente, el organismo ha suspendido a federaciones de países en desarrollo por violar esta norma. Sin embargo, ante la intervención directa del gobierno del país anfitrión del Mundial 2026, la FIFA optó por una salida negociada. Esto demuestra una aplicación selectiva de sus reglamentos: rigurosa con los países periféricos y flexible ante los Estados que sostienen el mercado financiero del torneo.

La postura de la Casa Blanca expone la prioridad del factor comercial sobre el reglamento técnico del fútbol. El argumento oficial de que el torneo perdería atractivo sin sus principales figuras justifica la alteración de una sanción que ya había sido ratificada por el VAR tras un pisotón del jugador norteamericano. Al declarar que «tienen que estar los mejores», se prioriza el valor del espectáculo y los niveles de audiencia televisiva por encima de las Reglas del Juego dictadas por la International Board.
Para habilitar al futbolista, la Comisión Disciplinaria recurrió a una interpretación inédita del Artículo 27 de su código, aplicando una «suspensión condicional bajo periodo de prueba».

Este mecanismo altera la seguridad jurídica de la competencia internacional. Mientras los países en vías de desarrollo deben adecuar sus leyes nacionales, otorgar exenciones fiscales completas y ceder soberanía territorial en los perímetros de los estadios para albergar eventos de la FIFA, las potencias económicas demuestran tener la capacidad de flexibilizar las sanciones en pleno desarrollo del torneo.

La protesta formal de la UEFA y de la Federación Belga expone la ruptura de la equidad en la competencia. El caso Balogun confirma que la FIFA opera bajo una doble lógica institucional: funciona como una asociación civil sin fines de lucro en sus estatutos, pero actúa como una corporación multinacional que adapta sus decisiones regulatorias al peso geopolítico de sus socios comerciales.

Las reglas del juego limpio han cedido ante la influencia del poder político del país organizador.

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