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Cuatro cachorros y una mochila

Alfonso Blanco López

El Cadillar, 27 de julio de 2026
Fue una seguidilla de eventos, los gritos de los vecinos, el viento endemoniado, el polvo enceguecedor, el humo sofocante, el crepitar de las llamas y la tromba de fuego del tamaño de un edificio. Parado en la galería de la casa, balde y machete en mano, como si el fuego se pudiera combatir. Cuatro cachorros me miraban esperando mis órdenes.

Extraña sensación al pensar qué salvar ante el desastre inminente. Palpé la mochila en mis espaldas, verifiqué el bulto de la computadora que alberga mis escritos, miré a mis peludos, e hice lo único que se podía hacer: escapar. Cuatro cánidos y un homo sapiens cruzamos el patio trasero y nos pusimos a salvo del fuego inclemente. La Cordillera de Sama ardió nuevamente, la fuente de agua de Tarija se calcinó.

Los bomberos llegaron a los cerros por sus propios medios, como siempre, libraron una batalla desigual, como siempre. Los centros de acopio se llenaron. Agua, alimentos y medicinas abundaron. Los ciudadanos aportaron, como siempre. Los comunarios mojaron pantalones y azotaron la flama.

Las cámaras enfocaron, los flashes iluminaron los rostros de los de siempre y de los nuevos también, prometiendo combatir los incendios usando todo su poder, como siempre. Vergüenza institucional dijeron. El zumbido de los helicópteros interrumpió los lamentos de la población. Las redes sociales acusaron: pirómanos, loteadores, chaqueadores, políticos irresponsables.

Los ruegos y oraciones hicieron lo suyo. Los vientos amainaron, el clima se enfrió, no hubo qué mas quemar. Vencimos al fuego declararon. Hasta el próximo año, o quién sabe hasta cuando. La temporada recién comienza.

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