InicioOpiniónCOYUNTURA – PARA DESPERTAR LOS SUEÑOS

COYUNTURA – PARA DESPERTAR LOS SUEÑOS

Escribe: Roberto Márquez

La trayectoria económica de Tarija se puede sintetizar en la ilusión de una bonanza gasífera que parecía inagotable y en un centralismo que encadenó la producción, condenando al departamento a una peligrosa dependencia rentista. Hoy, a ocho meses de inaugurarse la nueva gestión gubernamental, el sur del país se mira en un espejo incómodo: el IDH toca fondo y la caída del gas es estructural. Ante este escenario, cobra fuerza la tesis del economista Ricardo Hausmann, director del Harvard Growth Lab: los pueblos no prosperan dándole la espalda a sus recursos naturales, sino utilizando como el peldaño definitivo hacia la diversificación y la complejidad económica.

Para Tarija, este viraje no implica ignorar su geografía, sino reconfigurar a fondo su matriz productiva y logística, logrando una integración real de sus tres pisos ecológicos: la Zona Alta, el Valle Central y la Región Autónoma del Gran Chaco. El fin de la era del gas no tiene por qué marcar el inicio de la decadencia; al contrario, debe ser el punto de partida para el nacimiento de una Tarija auténticamente agroindustrial y exportadora.

Mientras el análisis político regional se agota en la discusión estéril del gasto corriente, los verdaderos proyectos de desarrollo estructural siguen durmiendo el sueño de los justos. El primero en la fila es el Proyecto Hidroeléctrico y de Riego “El Carrizal”. Esta megaobra, valorada en más de 1.300 millones de dólares sobre las cuencas del Camblaya y el Pilaya, representa la alternativa más sólida frente a la crisis energética. Más allá de inyectar 360 – 390 MW de energía renovable a la red nacional, su verdadero hito social radica en la transformación de 90.000 hectáreas chaqueñas mediante riego tecnificado. Pasar del desierto al polo agroindustrial es el ejemplo perfecto de cómo usar los recursos como un peldaño definitivo hacia el desarrollo. Convertir el suelo árido en un motor agroindustrial es la clase de complejidad económica que el departamento necesita cosechar.

Pero los alimentos y la energía no se venden solos; la producción sin una logística competitiva naufraga. La meta geopolítica de Tarija debe insertarse en el Corredor Bioceánico del Sur, transformando su condición de destino cerrado en un nodo de tránsito internacional entre los puertos de Brasil y Chile. La viabilidad de este plan depende de dos obras impostergables: superar el peligroso e inestable trazado de El Angosto de Villa Montes y perforar finalmente el túnel en la Serranía del Aguaragüe. Este ducto vial no solo optimizará los costos de operación del transporte pesado que une Caraparí con Yacuiba, sino que funcionará como un escudo ambiental. Al evitar la apertura de sinuosas carreteras de cumbre, se preservará intacta la cubierta vegetal de la serranía, garantizando la infiltración de lluvias en esta vital zona de recarga hídrica de la que depende el futuro agropecuario chaqueño. Representa una solución de ingeniería sostenible que mitiga la erosión en las cumbres y protege los acuíferos subterráneos de la serranía, un recurso estratégico que sostiene la seguridad hídrica de toda la región autónoma.

En el 2016 en un documento de Análisis de la Situación de la Salud en Tarija, del SNIS -VE, se escribió que: Romper la inercia productiva implica entender que el suelo tarijeño debe generar valor, no solo volumen. La modernización agrícola pasa por sustituir los cultivos tradicionales de subsistencia por especies de alta gama.

Es el caso de la olivicultura, llamada a ser el nuevo motor económico de las zonas subáridas del departamento. Las condiciones físico-químicas del suelo en El Puente y la cuenca del Valle Central, sumadas a la intensa luminosidad solar, configuran un ecosistema idóneo para aceites “Extra Virgen” de calidad superior, capaces de competir agresivamente en el gigante mercado brasilero.

Esta lógica de industrialización de origen se extiende a los frutos secos —como nueces y almendras— en Padcaya y San Lorenzo. Al estructurar plantas locales de secado, descascarado y tipificación, Tarija dejaría de vender materias primas crudas para exportar alimentos procesados con denominación de origen, un giro radical hacia la complejidad económica que blinda al productor contra el contrabando y la saturación de los mercados internos.

En el subtrópico, la clave está en romper el esquema de la agricultura de subsistencia. Bermejo y el pie de monte de Yacuiba deben transitar de la comercialización de fruta fresca a la industrialización pesada: la extracción de aceites esenciales de limón para la industria cosmética global y la exportación de jugos concentrados congelados. Es la sustitución del discurso político por la complejidad económica real.

Por su parte, el Gran Chaco tiene el reto de transformar su ganadería extensiva en una industria de precisión. La implementación de sistemas silvopastoriles que combinen el algarrobo nativo con pasturas cultivadas como el Gatton Panic (pasto para climas cálidos y templados) es urgente para frenar la desertificación y mitigar el estrés térmico del ganado. Con granos locales (maíz y sorgo) alimentando centros de confinamiento (feedlots) y genética mejorada de razas adaptadas, Villa Montes puede consolidar un frigorífico de exportación con certificación internacional que abastezca directamente al norte chileno y paraguayo a través del corredor bioceánico.

Asimismo, la Zona Alta tiene en sus manos la tecnificación del ajo y la cebolla mediante riego por goteo y plantas de secado y tipificación, garantizando contratos cerrados de exportación que saquen al productor del ciclo de la especulación local.

La gran lección que dejan las crisis contemporáneas es que el desarrollo no llega por decreto ni por la simple benevolencia de un Estado centralista. Tarija posee las condiciones técnicas y la diversidad ecológica para avanzar, pero requiere con urgencia una narrativa propia: un relato local y valiente que defienda la seguridad jurídica, atraiga la inversión privada y destierre de una vez por todas la burocracia que asfixia al emprendedor.

Afortunadamente, el tablero vial empieza a moverse. El Gobierno central activó un paquete sureño que supera los 600 millones de dólares en estudios, licitaciones y financiamientos. Dentro de este esquema, dos de las deudas históricas más urgentes para Tarija encuentran ruta técnica.

Primero, el Angosto de Villa Montes, donde la ABC diseña un nuevo trazo definitivo para este peligroso cuello de botella. Segundo, el Túnel en la Serranía del Aguaragüe (1,2 kilómetros y $US 40 millones), actualmente en gestión ante la CAF. Este ducto optimizará los costos del transporte pesado entre Caraparí y Yacuiba, y funcionará como un escudo ambiental que protegerá los acuíferos y la cubierta vegetal de la serranía, la gran «fábrica de agua» de la región. A esto se suman proyectos clave como la ruta Canaletas-Entre Ríos ($US 48 millones) vía Fonplata y el tramo Hornillos-Las Carreras ($US 220 millones) para consolidar el eje hacia Potosí y Chuquisaca.

El gas fue una bendición del subsuelo que financió al país entero, pero el verdadero futuro de nuestra región camina sobre la superficie, no en el subsuelo: en la tecnología aplicada al agro, en la conquista de los mercados internacionales y en la unidad geopolítica de nuestras seis provincias.

El tarijeño nunca ha sido hombre de estirar la mano ni de resignarse al letargo de las oficinas estatales; es, por herencia y convicción, un trabajador digno, forjado en el esfuerzo diario, que sabe enfrentar la adversidad con valor y coraje. No hay que esperar milagros afuera. Las herramientas están listas y la tierra espera: es hora de activar nuestros propios motores y labrar, con nuestras propias manos, la prosperidad que nos pertenece. ¿Qué estamos esperando para activar nuestros propios motores?

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