Una Autonomía autobloqueada



Por: Esteban Farfán Romero

En estos días, en el Gran Chaco se ha desatado una feroz disputa entre los municipios de Villa Montes, Caraparí y Yacuiba, por la residencia y el control del SERES (Servicio Regional de Salud), que se pretende crear con 41 ítems y que será financiado con recursos de las regalías.

Este tipo de forcejeo no es nuevo. El problema de fondo, es la ausencia histórica de liderazgo político de Yacuiba (Capital) para imponer una visión regional en el proceso autonómico, pues desde el momento de la puesta de marcha de la autonomía, Yacuiba no ha tenido ejecutivos y asambleístas con la mínima capacidad de liderar el proceso autonómico de manera ordenada y concertada.

Antes de la Autonomía Regional, Yacuiba y Villa Montes, han encabezado en diferentes momentos, la lucha por el 45 % (porcentaje de las Regalías del 11 %), arrancando por la fuerza a Tarija, importantes avances en la descentralización, haciendo aportes significativos al proceso, hasta que se consolida institucionalmente la Autonomía Regional con el Referendo del 6 de diciembre de 2009.

El problema de Yacuiba comenzó cuando eligió al Ejecutivo Seccional y a dos asambleístas sin conocimiento y corazón autonómico, que no han participado en el proceso y que no poseían compromiso autonómico. Nunca han entendido el proceso, porque no formaron parte de él. Llegaron al cargo por consignas partidarias. Grave error, cayó en malas manos.

Fueron éstos los que diseñaron un Estatuto, que inviabilizaba por todas partes, el avance del proceso de construcción institucional autonómico. El diseño estableció que existan tres ejecutivos (un triunvirato) con legitimidad popular, con recursos y competencias propias asignadas. Se establecía que el Ejecutivo Regional de Yacuiba, asuma el papel de MAE (Máxima Autoridad Ejecutiva), sólo para la formalidad procedimental, pero en los hechos, era uno más del triunvirato, en el mismo nivel.

Se ha eliminado el CRES (Consejo Regional Económico Social), establecido en la Ley Marco de Autonomías, que posibilita, a partir de esta instancia, consolidar la visión regional de desarrollo, mediante una planificación estratégica articulada y concurrente.

Oportunamente, cuando se discutía la redacción del Estatuto Regional, he planteado el sistema parlamentario, con un premier rotatorio. Este tipo de modelo como propuesta, resolvía el problema de fondo, que era la desconfianza de caer en un nuevo centralismo. Planteaba que de la Asamblea Regional, se elija de forma rotativa a un Ejecutivo Regional para toda la Región del Gran Chaco, cada gestión (5 años), de forma alternada.

Es muy triste reconocer, que en este momento no existe una visión regional en el Gran Chaco, más bien se ha consolidado la visión localista municipalista paralela al Gobierno Municipal; no se ha construido un imaginario colectivo legítimo común de visión de futuro en la Región, y paradójicamente, ha sido el Estatuto Regional, el que ha triturado ese endeble imaginario que los cívicos, a fuerza de luchas conjuntas, han comenzado a tejer en las calles y carreteras.

Después de doce años de implementación de la Autonomía Regional, se hace necesario y urgente, una revisión reflexiva y profunda del Estatuto para su viabilidad, porque el actual diseño, ha bloqueado el proceso autonómico. Desde que se ha implementado, no se ha construido la institucionalidad como se esperaba, porque hay un autobloqueo. Más bien ha cimentado el anterior modelo de la ex Prefectura.

El ciudadano de a pie, siente que la autonomía no le ha beneficiado, que no ha contribuido al desarrollo de la Región como se esperaba (o como prometieron), por lo que hay una profunda frustración, desencanto y desilusión. En los hechos, la Autonomía Regional ha beneficiado a un grupo muy reducido de malos y corruptos políticos y empresaurios, que se han convertido en millonarios de la noche a la mañana, con obras que son elefantes blancos en la actualidad.