Un martes de encierro diferente

Los tiempos han cambiado, la pandemia no ha llevado a postergar nuestras manifestaciones de fe pero nunca a dejarlas atrás y con ello nuestras costumbres y tradiciones. Por eso, si no se ha vivido, si no se ha sentido, es muy difícil comprender el significado de un día como este para quien tiene fe por el Santo Patrono San Roque, el mítico martes de encierro resume la entrega del promesante, la devoción de un pueblo por su Santo, la promesa de volver el próximo año. Son miles los chunchos que se preparan para el martes, que no bailaron los días anteriores por diferentes razones, el trabajo, las obligaciones, los quehaceres… pero que no dejan pasar el encierro… que es el día más importante de la festividad, que comienza temprano y termina tarde, que exige al máximo al que baila, al que toca el tambor, la caña y los otros instrumentos… a la misma población que acompaña la rítmica procesión por toda la ciudad, es el día que se lo dedicamos íntegramente a San Roquito, el que nos cuida, al que nos encomendamos, el que nos arranca lágrimas de lo ojos, al que le prometemos volver.

El martes de encierro no es un día más, no es un martes más, se transforma en una jornada abundante en emociones, las de los que bailan, las de los que observan, las de los que ayudan…todos sentimos una presión en el pecho, un nudo en la garganta, cuando escuchamos el sonido dulce y melancólico de las quenillas, el ritmo monótono de los tambores, el chasquido de la caña que marca el paso del chuncho… el apagado pero robusto retumbar de las cañas que se levantan al cielo orgullosas por servir como un túnel de espadas que anteceden al Santo. El promesante sabe que necesita hacer un gran esfuerzo, que tendrá que soportar altas temperaturas y porque no, hasta llovizna, es difícil predecir el clima pero toque lo que toque la promesa se debe cumplir. Familias enteras programan su tiempo porque se trata del encierro, salen a acompañar a sus parientes, a sus amigos, a aquellos que por fe bailan esa música inconfundible que atrapa el corazón del tarijeño.

Bajando y subiendo calles, visitando iglesias, recorriendo kilómetros, todo termina donde comienza, en el templo, en la iglesia, de donde salió San Roque allí tiene que regresar y todo su pueblo lo está esperando, sus chunchos lo esperan ansiosos para despedirse, para cantarle con voz entrecortada, para decirle que volverán… difícil despedida, como todas, el cansancio no importa a pesar de las horas transcurridas, no se siente, es más duro el saber que un año los separa de su Santo Patrono, un año para estar de nuevo postrado a sus pies agradeciéndole por los favores recibidos y pidiéndole por los que uno más quiere. Veremos qué sucede éste martes de encierro, en el que supuestamente el templo estará cerrado y, por tanto, el Santo no saldrá para ser acompañado por sus chunchos y, por ende, tampoco volverá para entrar y ser despedido al caer la noche… veremos qué pasa