La recuperación del principal patrimonio hídrico de Tarija exige decisiones de fondo, coordinación institucional y un compromiso ambiental que trascienda los discursos y las gestiones de turno.El río Guadalquivir es mucho más que un cauce que atraviesa Tarija. Forma parte de su identidad, de su historia y de su equilibrio ambiental. Sin embargo, décadas de malas prácticas, contaminación y desatención han deteriorado progresivamente sus condiciones, convirtiendo su recuperación en una urgencia que ya no admite postergaciones.No basta con lamentar su estado ni con realizar acciones aisladas para mostrar preocupación. Salvar al Guadalquivir requiere una política integral, sostenida y con objetivos verificables. La contaminación, las descargas de aguas residuales, el manejo inadecuado de residuos y la presión sobre sus riberas demandan respuestas estructurales, capaces de enfrentar las causas del problema y no solamente sus consecuencias.Las autoridades municipales, la Gobernación y las instituciones competentes deben asumir responsabilidades concretas, coordinar presupuestos y establecer un plan de recuperación con plazos definidos. Es indispensable avanzar en el tratamiento efectivo de las aguas residuales, fortalecer los controles ambientales, sancionar los vertidos ilegales y proteger las áreas que contribuyen a la conservación del río. Cada compromiso debe traducirse en resultados medibles y de conocimiento público.Pero la responsabilidad no corresponde únicamente al Estado. Las actividades económicas, los sectores productivos y la ciudadanía también deben abandonar prácticas que perjudican el medioambiente. No puede exigirse un río limpio mientras se toleran conductas que lo contaminan. La educación ambiental y la participación ciudadana deben acompañar una fiscalización firme y permanente.El Guadalquivir no puede seguir pagando el precio de la indiferencia, la falta de planificación y la ausencia de continuidad en las políticas públicas. Cada año perdido agrava el deterioro y encarece las posibilidades de recuperación.Tarija necesita decisiones de fondo, no promesas coyunturales. Salvar su río es proteger la salud, preservar la biodiversidad y defender el patrimonio de las próximas generaciones. Todavía es posible revertir el daño, pero se requiere voluntad política, inversión y responsabilidad compartida.
