InicioEditorialProsol: ¿Reformar o reinventar un programa que dejó de cumplir su promesa?

Prosol: ¿Reformar o reinventar un programa que dejó de cumplir su promesa?

Durante más de una década, el Programa Solidario Comunal (Prosol) se ha presentado como la herramienta estrella para impulsar al sector campesino de Tarija. Concebido para fortalecer la producción, promover la tecnificación y garantizar ingresos dignos para las familias rurales, el Prosol nació con un objetivo noble y urgente: reactivar la economía agrícola en un departamento que alguna vez fue referente en producción de alimentos. Sin embargo, hoy la evidencia es inapelable: el programa no generó los resultados esperados y se convirtió en un gasto recurrente que consume decenas de millones de bolivianos al año sin transformar la realidad rural.

Los informes de auditoría, las observaciones públicas de autoridades departamentales y nacionales, e incluso los testimonios de las propias comunidades, coinciden en un diagnóstico: el Prosol se desvirtuó. En lugar de convertirse en un motor de desarrollo, pasó a ser un fondo distribuido casi automáticamente, muchas veces destinado a gastos de corto plazo, compras que no se consolidan en un proceso productivo, o inversiones que se repiten año tras año sin generar impacto real. El problema no es únicamente la corrupción o el mal uso detectado en varias comunidades; es también el diseño mismo del programa, que terminó premiando la distribución antes que la eficiencia.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué hacer con el Prosol?

Cerrar el programa sin más sería desconocer que las organizaciones campesinas requieren apoyo, financiamiento y políticas públicas que reduzcan la brecha histórica entre lo urbano y lo rural. Pero continuar como hasta ahora tampoco es una opción responsable. Tarija no puede seguir sosteniendo un mecanismo que absorbe recursos millonarios sin resultados verificables, mientras la agricultura local envejece, pierde competitividad y se vuelve cada vez más dependiente del clima y la informalidad.

La alternativa razonable —y urgente— es una reforma profunda, no cosmética. Una transformación que cambie el enfoque asistencialista por uno verdaderamente productivo. Esto implica, entre otros puntos:

Transparencia total y control social real: La asignación y ejecución de recursos debe ser pública, accesible y verificable. No puede haber compras infladas ni proyectos fantasmas. Si una comunidad no rinde cuentas, simplemente no accede al siguiente ciclo.

Proyectos agrícolas que trasciendan el año fiscal: El Prosol debe financiar iniciativas sostenibles: sistemas de riego tecnificado, semillas certificadas, maquinaria comunitaria con mantenimiento garantizado, cadenas de valor para productos estratégicos, y asistencia técnica especializada.

Evaluación técnica antes de desembolsar recursos: Los proyectos deben responder a un plan agrícola departamental y no a decisiones improvisadas. Si Tarija quiere recuperar vocación productiva, necesita orden, diagnóstico y metas medibles.

Articulación con mercados reales: Invertir sin tener dónde vender es sembrar en tierra estéril. El Prosol reformado debe vincularse con políticas de comercialización, acceso a mercados, ferias, e incluso exportación para productos con potencial.

Capacitación obligatoria: Sin conocimiento, ninguna maquinaria funciona y ningún proyecto prospera. El programa debe incluir formación técnica continua y acompañamiento profesional.

Es hora de asumir que el campo tarijeño necesita algo más que transferencias económicas. Necesita una política pública seria, estratégica y moderna. Un Prosol renovado puede ser parte de esa solución, pero solo si se deja atrás la lógica de la entrega anual y se adopta un modelo que mida resultados, no montos ejecutados.

Tarija está frente a una decisión histórica: seguir gastando millones para mantener un sistema que no transforma nada, o dar el salto hacia una verdadera reactivación rural que rescate el potencial agrícola del departamento.

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