InicioOpiniónPreservación cultural

Preservación cultural

Lic. Bismar Casimiro Cuarto
En la educación primaria se construyen las bases más profundas de la identidad. Es en estos primeros años donde los niños comienzan a reconocerse, a nombrar el mundo y a comprender de dónde vienen. Por eso, enseñar lengua y cultura originaria en primaria no es solo una asignatura más, es una oportunidad para sembrar orgullo, pertenencia y respeto desde la infancia.
Cuando un niño aprende una palabra en lengua guaraní, no solo amplía su vocabulario; descubre una forma distinta de mirar la vida. Cada saludo, cada canto y cada relato tradicional se convierte en un puente que conecta al estudiante con su comunidad y su historia. En el aula, la lengua se vuelve un espacio de encuentro donde todos aprenden a valorar lo propio y lo diverso.
En primaria, el aprendizaje debe partir del juego, la narración y la experiencia. Los cuentos orales, las rondas, las canciones y las dramatizaciones permiten que los niños se acerquen a la lengua de manera natural y afectiva. Así, la cultura no se impone ni se memoriza, se vive y se disfruta. El aula se transforma en un lugar donde aprender es también compartir.
La enseñanza de la lengua originaria en los primeros años fortalece la autoestima de los estudiantes. Muchos niños que hablan guaraní en casa han sentido, en algún momento, vergüenza de su lengua. Cuando la escuela la reconoce y la valora, ese sentimiento se transforma en orgullo. El niño aprende que su forma de hablar es valiosa y que su cultura merece respeto.
Educar desde la infancia en la interculturalidad es formar ciudadanos más sensibles y conscientes. Al aprender una lengua originaria, los estudiantes desarrollan empatía, aprenden a escuchar y a respetar otras formas de pensar. Estos aprendizajes van más allá del aula y se reflejan en la convivencia diaria.
La escuela primaria tiene la responsabilidad de cuidar la memoria cultural. Cada palabra enseñada, cada historia contada y cada canción cantada es una forma de preservar la identidad. El docente se convierte en un mediador entre generaciones, transmitiendo saberes que no deben perderse con el paso del tiempo.
Sembrar lengua y cultura en la niñez es apostar por el futuro. Porque un niño que conoce sus raíces camina con más seguridad y respeto hacia los demás. Y cuando la educación reconoce la diversidad desde los primeros años, se construye una escuela más justa, más humana y profundamente conectada con su comunidad.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEIDO