InicioOpiniónNo me da la gana de leer del Decreto Secreto 5501

No me da la gana de leer del Decreto Secreto 5501

Gonzalo Chávez

Joder con la coyuntura económica y política boliviana: no descansa ni en días festivos, no pide permiso, no hace ayuno ni respeta feriados.

La “coyu”, para ponerle un nombre más íntimo, Aparece feroz, puntual como chaqui mal curado, con sus preguntas a latigazos, sus misterios jurídicos de misa negra y sus entramados políticos dignos de una telenovela pocoateña dirigida por Kafka.

Y entonces los analistas económicos y políticos, acartonados, solemnes, planchados al vapor y con olor a naftalina académica, se enfundan el traje de gala y comienzan a cuantificar, diseccionar y deshuesar el nuevo evangelio económico, como si Moisés hubiera bajado del Sinaí con 120 artículos.

Y uno, que está frente al mar tomando una cerveza cero, porque la edad, porque la prudencia, porque el hígado ya no es socialista o porque le cantan las cachinas, se ve igualmente acosado por ese espíritu soviético y siberiano que todo buen boli lleva dentro cuando habla de coyuntura.

No hay escapatoria posible: la solemnidad nacional se cuela entre la arena, el bloqueador solar y la sombrilla. Da igual si uno es de izquierda, de derecha o de la hermandad universal del asado o el mote con queso; a la hora de hablar de política todos nos ponemos graves, ceñudos y doctoralmente intensos, como si nos estuvieran filmando para el History Channel versión andina de lo que el Viento se llevó

Cuando las almas deberían descansar, los ojos reposar y dedicarse solo a las cosas verdaderamente importantes de la vida, los panetones industriales, las sobremesas eternas, el dulce sopor de fin de año, llega el pedido/orden, con tono de circular ministerial y cariño de citación judicial: bola de mal entretenidos, lean el decreto supremo 55 03.

La inquisición pedagógica parte de un supuesto elegante y ligeramente insultante: que los hermanos y compañeros del proceso de cambio, hoy en la oposición y ayer en el poder eterno, no han leído el decreto y, peor aún, no lo han entendido.

Además, todos los opinadores del mercado tampoco lo habrían leído y opinan de memoria. Peerrrroooss sarnosos!!

La primera línea de defensa del gobierno, por tanto, es la lectura obligatoria, como si se tratara del último best seller boliviano, mezcla de thriller económico, catecismo fiscal y manual de mortificación ciudadana.

Para que no haya ningún “miramiento”, o quieran levantar algún falso contra mi persona, declaro solemnemente: me he soplado los 120 artículos que, dicho sea de paso, a fin de año se sienten como mascar chicle y plátano al mismo tiempo, sin agua y con conciencia de clase.

No solo los leí: los resumí y armé una presentación que expuse a unos empresarios que me pidieron una primera reacción. Fue un acto de civismo extremo, sacrificio intelectual y resistencia gastrointestinal. Obviamente la lectura fue más de la perspectiva económica y no jurídica, donde habrían varios tropiezos.

Hay mucha tela que cortar, rollos completos, bobinas industriales, pero dejaré el hacha para después de Año Nuevo. Así que con todo respeto: No me molesten. Estoy en modo anestesia selectiva. En su primer día hábil de enero haremos un Pet scan. Aunque varios amigos abogados y ya me han dicho que está bastante flojito desde la perspectiva jurídica.

Mientras tanto, si usted es un aburrido del demonio, un adicto a la política o simplemente un flojonazo que quiere cascarle al gobierno y al decreto con entusiasmo patriótico, adelante, sírvase.

Pero también tengo humilde pedido , van a disculpar los nuevos dueños del poder. Yo no quisiera molestar ni incomodar, pero supongo que el gobierno también podría hacer un poquito su trabajo: difundirlo, explicarlo, volverlo amigable, digerible, casi simpático. Tweets masticables, TikToks alegres, reels con música festiva; en pocas palabras, convertirlo en música de Año Nuevo, versión cumbia regulatoria. Así que, ministros, no sean flojitos, también hagan su trabajo: Bien masticadito el veneno mortal de la nueva política económica no los hace menos víboras.

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