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MANACO… 86 AÑOS DE HISTORIA QUE SE APAGAN

El cierre de una empresa emblemática de la industria boliviana constituye una señal de alarma sobre el deterioro de las condiciones económicas, productivas y laborales del país.El cierre de Manaco, después de 86 años de trayectoria en Bolivia, no puede pasar inadvertido ni ser considerado simplemente como el final de una empresa. Representa la desaparición de una parte importante de la historia industrial del país y, sobre todo, una dramática señal de la difícil situación económica que atraviesa Bolivia.Durante más de ocho décadas, Manaco fue sinónimo de producción nacional, generación de empleo y esfuerzo empresarial. Sus productos formaron parte de la vida cotidiana de varias generaciones de bolivianos y su presencia constituyó un referente de la industria del calzado. Que una empresa con semejante trayectoria termine cerrando sus puertas obliga a preguntarnos qué está ocurriendo con las condiciones para producir, invertir y generar empleo en nuestro país.No se trata de un hecho aislado ni de una simple decisión empresarial. La industria nacional enfrenta enormes dificultades: elevados costos de producción, competencia desleal del contrabando, dificultades para acceder a divisas, encarecimiento de insumos importados, pérdida del poder adquisitivo de los consumidores y un entorno económico cada vez más adverso.Cuando producir en Bolivia se convierte en una actividad cada vez menos rentable y competir resulta prácticamente imposible frente a productos que ingresan por vías ilegales, el resultado termina siendo inevitable: empresas que reducen operaciones, trabajadores que pierden sus fuentes laborales y capitales que dejan de apostar por el país.El caso Manaco debería encender todas las alarmas. Bolivia no puede resignarse a perder su industria, debilitar su aparato productivo y convertirse progresivamente en un mercado dependiente de productos importados. La generación de empleo sostenible depende de empresas que puedan producir, crecer y competir en condiciones razonables.Es urgente que el Gobierno comprenda que la estabilidad económica no se construye únicamente con discursos ni medidas coyunturales. Se necesitan políticas de incentivo a la producción, seguridad jurídica, acceso a divisas, control efectivo del contrabando y condiciones que permitan recuperar la confianza empresarial.Que una empresa con 86 años de historia cierre sus puertas es mucho más que una noticia económica: es una advertencia sobre el país que estamos construyendo y el futuro laboral que estamos dejando a las próximas generaciones.

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