Bermejo, ciudad fronteriza boliviana de marcada vocación comercial, vive hoy una realidad dual: mientras se dinamiza la economía local por el arribo constante de compradores argentinos que cruzan la frontera en busca de productos más baratos, se profundiza también el crecimiento descontrolado del comercio informal. Esta situación, que a simple vista parece beneficiosa, encierra en realidad múltiples riesgos para la sostenibilidad económica, la equidad tributaria y la gobernabilidad del municipio.
El diferencial cambiario y el alto costo de vida en Argentina han convertido a Bermejo en un polo de atracción para el consumo transfronterizo. Sin embargo, buena parte de esa demanda externa se satisface a través de vendedores ambulantes, comerciantes sin registro y una cadena comercial informal que no tributa, no respeta normas sanitarias ni laborales, y escapa por completo a los controles del Estado.
Lejos de ser una simple “válvula de escape” para la crisis económica, el comercio informal se ha transformado en una distorsión estructural que debilita a los pequeños empresarios formales, complica la recaudación de impuestos municipales y genera condiciones laborales precarias e inestables. Además, la ausencia de fiscalización efectiva facilita prácticas como el contrabando hormiga y la circulación de productos de dudosa procedencia, afectando la seguridad del consumidor y el orden público.
Las autoridades locales y nacionales no pueden seguir mirando hacia otro lado. Es urgente una estrategia integral para controlar y regular el comercio en Bermejo. Esto implica no solo operativos de control y formalización, sino también medidas que incentiven la inscripción de comerciantes en el sistema tributario, acompañadas de programas de capacitación y acceso a microcréditos. La solución no está en reprimir, sino en construir condiciones para que la formalización sea viable y atractiva.
Bermejo no puede hipotecar su desarrollo por una bonanza pasajera sustentada en informalidad y descontrol. La frontera debe ser una oportunidad para el progreso, no un territorio sin reglas.
