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Bermejo: la deuda histórica que sigue sin resolverse

Bermejo vuelve a levantar la voz. Y no es para exigir privilegios, sino para reclamar algo tan elemental como el agua potable, un derecho humano básico que, en pleno 2026, continúa sin estar garantizado para miles de familias de la región fronteriza. Cada nuevo corte, cada barrio que queda hasta seis días sin servicio, cada cisterna improvisada que intenta llenar un vacío institucional, es un recordatorio de una deuda histórica que el departamento de Tarija mantiene con esa ciudad desde hace décadas.

En los últimos meses, diversos medios han recogido el malestar creciente de los bermejeños, quienes ven cómo las autoridades anuncian soluciones que no llegan, proyectos millonarios que no funcionan y planes que parecen agotarse siempre en el papel. El caso más emblemático es, sin duda, el de la aducción desde San Telmo, una obra concebida para cerrar definitivamente la brecha en el abastecimiento pero que terminó aportando apenas un alivio temporal, insuficiente y, en muchos aspectos, técnicamente deficiente. A las fallas estructurales se suman materiales inadecuados, tuberías propensas a rupturas y un diseño que no contempló obras complementarias esenciales.

Mientras tanto, la población sigue comprando agua, almacenándola en baldes, organizando turnos para bañarse y cocinando a la espera de que llegue el próximo chorrito. Esa no es vida digna. Ese no es el servicio que merece una ciudad que aporta económicamente al departamento y que sobrevive con un historial de postergación que ya raya en abandono.

Pero el problema no es solo técnico: es político e institucional. La improvisación, las irregularidades y la falta de planificación a largo plazo han sido constantes en las gestiones tanto regionales como departamentales. Las soluciones temporales han dominado la agenda durante años, mientras la falta de transparencia y la ausencia de rendición de cuentas alimentan la desconfianza ciudadana. Incluso la intervención reciente de la Defensoría del Pueblo, monitoreando el restablecimiento del servicio tras una semana de crisis, evidencia que no se está ante una dificultad puntual, sino frente a un síndrome crónico de mala administración.

Lo más preocupante es que esta situación afecta directamente la salud pública. Bermejo vive veranos intensos, enfrenta con frecuencia brotes de dengue y otras enfermedades, y aún así, no puede garantizar agua potable constante, el insumo básico para la prevención sanitaria. Es un contrasentido que indigna.

El departamento de Tarija no puede seguir dándole la espalda a Bermejo. Es indispensable encarar un plan integral, técnico y sostenible, con una hoja de ruta que trascienda gestiones, que sea fiscalizada de manera independiente y que cuente con la participación activa de la ciudadanía bermejeña. El agua no puede depender más de emergencias, tuberías parchadas o improvisaciones.

Bermejo merece una solución definitiva. Merece seguridad hídrica. Y, sobre todo, merece respeto.

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