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La polarización política impide la cohesión social y arriesga organizarse para el 2025


Eduardo Claure
Están los ciudadanos bolivianos polarizados ideológicamente como lo están las élites partidarias, a tal punto, que se hace imposible una aproximación que permita generar un espacio de diálogo honesto, posibilitando la puesta en marcha de una agenda política como alternativa hacia las elecciones nacionales del 2025.? Consideremos élite política a quienes detentan poder político; es decir, los políticos, organizaciones políticas, sectores económicos, si bien no incluida toda la prensa libre, si las RR.SS. comprometidas con algún lado de la política, así como comunicadores de cierta tendencia, simpatía partidaria o autoubicación ideológica, e incluso las iglesias. El concepto de “polarización”, es entendida de manera general como un factor que contribuye al quiebre de la democracia, alienta la corrupción y empuja al declive económico, entre otras cosas, por lo cual debiera evitarse hacia el 2025.
La polarización como variable independiente, potencia la identificación partidaria, donde la percepción de un contexto polarizado por parte de los votantes los impulsa a identificarse partidariamente de manera más fuerte. En este sentido, no circulan trabajos que miden la polarización en Bolivia o, son escasos y, cuando lo hacen, es aplicando la medición de dicho concepto a nivel de los políticos o partidos políticos y no a nivel de la ciudadanía. La primera aproximación al concepto de polarización en términos básicos es la distancia entre dos extremos medida sobre una dimensión determinada. A su vez, la medición de la polarización puede llevarse a cabo a partir del autoposicionamiento individual en torno a un eje ideológico (izquierda-derecha; liberal-conservador; demócrata-tirano), a partir de la toma de posición en cuestiones relativas a la política interna (o externa del país) o, a partir de la simpatía partidaria, habiendo posicionado los partidos políticos en competición en alguno de los ejes ideológicos de la política boliviana del último medio siglo transcurrido.
La orientación ideológica y la identificación partidaria son fuertes predictores de la intención de voto y de la aprobación de una gestión presidencial. En contextos de sistemas de partidos estables, la ideología y la identificación partidaria se utilizan intercambiadamente para conocer la autoubicación del electorado. Por ello, para medir la polarización en términos de autoposicionamiento individual, se ha optado por tomar la identificación partidaria ordenando los partidos políticos en base al eje de clasificación tradicional izquierda/derecha, populismo-democracia y, así.
Desde esta perspectiva se entiende que los partidos actúan de acuerdo a la probabilidad de obtener mayor cantidad de votos y en función de los incentivos contextuales que, en casos de polarización política, se ubican en los extremos del espectro político. En suma, se puede afirmar que el concepto de polarización política -en su definición mínima- se conoce como el posicionamiento de los actores políticos en polos ideológicos extremos, entendidos en términos de izquierda-derecha o liberal-conservador, o demócrata-tirano. Esta, digamos monserga, nos coloca en una posición que resta antes que sume: referentes políticos -no lideres- no generan apertura de escenarios para con sus pares de “oposición”, estos a su vez, no se dirigen a los cívicos, los “elegidos” parlamentarios, no conversan con sectores sociales o económicos, libre pensantes, investigadores, cientistas políticos, cientistas sociales, académicos y uno que otro dirigente social, todos ellos, se cierran “a los otros”, que “sufren” por las mismas circunstancias, ante los que no se permiten acciones o reacciones adecuadas que disminuya o modifique el peso de la presión política que viene del oficialismo: persecución judicial policial y otras manifestaciones que, se entiende, asedia a la oposición, disminuyendo sus capacidades de acción política y restando fortalezas que pudiesen aglutinar empatías, cohesiones sociales, frentes partidarios o bloques sociales políticos.
En este contexto, se manifiestan ciertas posiciones de “nosotros somos blancos”, “aquellos son negros, mestizos o indios”, “somos ricos, aquellos son pobres”, “somos inteligentes, ellos unos ignorantes”; “nosotros somos autonomistas, ellos, centralistas”, “nosotros somos federalistas y ellos son del atraso país”, “nosotros somos del sur libertario y ellos son bolivianos, norteños, no somos lo mismo”, “nosotros somos de clase obrera y ellos gamonales, burgueses”, etc. Esta controvertida posición en lo nacional, sucede en la actualidad en el seno del MAS-IPSP, hay Arcistas, Evistas y Choquehuanquistas; diferencias entre “renovadores” vs los del “ala dura masista”. Y, en la “oposición” entre “cruceñistas federalistas vs país o algunos departamentos no autonomistas”, entre “cívicos vs políticos”, etc. No ver que este posicionamiento es una remora para el desarrollo político -clásico- y para aclarar ideas proactivas políticamente hablando, que impide construir y poner en marcha un instrumento político democrático boliviano hacia el 2025, es definitivamente, un escollo que se debe saltar. Obviamente, saltar este escollo, no impedirá que se mantengan prestos los infaltables oportunistas, de siempre.
Entendamos qué, en el concepto de “polarización a nivel del electorado” definida como la disposición a ubicarse en los extremos del espectro político izquierda-derecha, democracia-tiranía-, desarrollo-desarrollismo, libertario-populismo, el elemento “autoubicación” es clave y se distingue de la mera opinión respecto a temas de coyuntura política que se identifican con la politización. La politización así, definamos como el proceso por el cual el individuo convierte una cuestión más o menos particular en un tema de interés público, ante el que asume que existen posiciones en conflicto. Coincidamos con este término, como el acto de nombrar y considerar un asunto como político, agregando que la politización incluye la controversia en torno a la aceptación de dicha acepción (definición del problema como público), y también el grado de apertura a la acción (interacción) de la arena política específica de la coyuntura vigente, respecto de la cual, la sociedad civil organizada y la “oposición”, debieran trabajar fervientemente.
Es importante identificar en qué momento se está hablando de politización y en qué momento se empieza a hablar (y por tanto identificar) la polarización, pues una requiere de la otra, es decir: para que pueda existir polarización (qué la ciudadanía se oponga, posicionándose discursivamente frente a un “otro”) debe existir previamente politización (como la identificación de posiciones y temas en conflicto). No obstante, puede haber politización sin que ésta desemboque necesariamente en una polarización; por tanto, la politización es condición necesaria de la polarización. Puede existir politización sin polarización, mientras que la presencia de polarización delata la presencia previa de la politización. En base a la lógica de condición necesaria o suficiente, la politización no es suficiente (aunque sí necesaria) para la presencia de polarización, pero inteligente y liberadora del cuadro de situación política actual, que asfixia a Bolivia.
A modo de ejemplo, el coronavirus ha provocado que ideologías y extremos irreconciliables traspasen cuestiones clásicas como inmigración y economía. Hoy discutimos sobre transmisión de enfermedades, indicadores epidemiológicos, medidas de salud pública y gestión de crisis sanitarias con la misma fiereza y seguridad que antes se reservaba para la política y el fútbol. Este fenómeno, tan esperable como intrínseco a la naturaleza humana, afecta a la toma de decisiones y pone en peligro la lucha contra la covid-19, tal como se expresó la OMS y sus obedientes filiales a lo largo del mundo ante la crisis de la pandemia los dos recientes pasados años.
Sin embargo, el aumento significativo de la polarización ideológica en Bolivia genera una preocupación por sus efectos negativos. Más que el aumento del radicalismo y diferenciación ideológica, lo que preocupa es la división de las sociedades en grupos e identidades políticas que se ven enfrentadas y excluyentes entre sí. Una alta polarización política hace muy difícil que los políticos alcancen acuerdos y compromisos, lo que desencadena importantes efectos perniciosos. Uno de ellos es el riesgo de parálisis institucional, es decir, la dificultad para sacar adelante leyes y políticas públicas. Esto se traduce en síntomas muy variados, como se ha podido apreciar en la política boliviana de los últimos dieciséis años.  No los repitamos con una peor factura. Sociedad civil organizada, políticos democráticos, referentes sociales, librepensantes, comunicadores, dirigentes vecinales, campesinos, investigadores, académicos y otros ciudadanos en general sin distinción, actúen en consecuencia.
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