sábado, junio 13, 2026
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La planta de tratamiento… enterrada en un cementerio de olvido

EDITORIAL


Ciertamente, es frustrante evidenciar que el proyecto de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) para la ciudad de Tarija, no tiene avance alguno. Hace meses que no se toca el tema, lo que es un síntoma de olvido y postergación. Las autoridades no se pronuncian al respecto y con seguridad que no figura tampoco en el presupuesto de las instituciones tarijeñas. Desde el gobierno nacional, el silencio es más severo aún, para colmo nuestros diputados y senadores no son capaces de revisar qué se incluye para Tarija en el presupuesto general del Estado y en particular este tema, ellos sólo se ocupan de hablar de posiciones políticas y no de fiscalizar y gestionar obras que necesita la región con urgencia. Hasta en la dirigencia de diferentes barrios y distritos, se escucha el vacío, del cansancio tal vez, de tanto insistir y no encontrar respuestas creíbles y serias, que no sólo busquen contentar para salir del paso y del momento.

Lo que queda absolutamente claro, es que no existe conciencia de la manera en que se está afectando la salud pública en el Departamento de Tarija, ya que el no tener la PTAR significa que las lagunas de oxidación siguen operando a medias, sin realizar tratamiento alguno a las aguas negras, que continúan llegando al río Guadalquivir y a los cultivos de alimentos, a través del riego. Significa que decenas de barrios y comunidades, siguen arrojando sus residuos a quebradas, que igualmente llegan al río. La indolencia se apoderó de nuestras instituciones y el pueblo también perdió el norte sobre reclamar sus derechos y exigir a quienes eligieron para que se ocupen de solucionar sus problemas, por lo menos los más serios.

No hay presupuesto para la PTAR, no hay un estudio aprobado como oficial, no existe un lugar elegido para instalar la planta, no hay interés de tocar el tema, no hay preocupación auténtica. Estamos condenados a seguir en este escenario de conformismo cómplice de los intereses políticos electoralistas, que sólo buscan dar contento a la gente en tiempos de campaña.