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LA FORMACIÓN DOCENTE EN LAS ESFM Y UAs: UNA PROFESIÓN QUE NO DEBE SER SUSTITUIDA

Lic. Fátima Lourdes Caba Centellas

En el debate público sobre la educación boliviana ha surgido la idea de que los profesionales universitarios, por poseer conocimientos especializados en una determinada ciencia, podrían desempeñarse con igual eficacia como docentes. Sin embargo, esta percepción desconoce la naturaleza específica de la labor educativa y la formación especializada que reciben las futuras maestras y maestros en las Escuelas Superiores de Formación de Maestras y Maestros (ESFM) y sus Unidades Académicas (UAs). La enseñanza requiere una preparación diferente y complementaria a la formación disciplinaria universitaria.
De acuerdo con la Ley N.º 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, las ESFM y UAs tienen la finalidad específica de formar profesionales capaces de orientar los procesos de construcción de aprendizajes. Su formación no se limita al dominio de conocimientos, sino que integra pedagogía, didáctica, psicología educativa, pertinencia cultural, educación inclusiva, saberes de los pueblos indígena-originarios y práctica docente.
La diferencia fundamental está en que conocer una ciencia no significa necesariamente saber enseñarla. El maestro debe atender estudiantes con diferentes realidades, ritmos y necesidades, diseñar estrategias metodológicas, adaptar contenidos, realizar evaluaciones formativas, reconocer dificultades y barreras de aprendizaje y articular saberes locales con conocimientos universales. Estas capacidades no se adquieren automáticamente mediante el dominio de una disciplina. La formación pedagógica permite convertir el conocimiento en aprendizajes accesibles, significativos y pertinentes.
Esto no significa restar valor a los profesionales universitarios. Su preparación es importante y valiosa, pero responde a otro objeto de formación. Cuando ingresan a las aulas sin una preparación pedagógica específica, pueden encontrar dificultades para explicar conocimientos a estudiantes que recién se inician, adaptarlos a diferentes contextos, relacionarlos con saberes comunitarios o atender la diversidad y las necesidades educativas específicas. También pueden presentarse limitaciones en las estrategias metodológicas y en los procesos de evaluación.
Por su parte, las ESFM y UAs desarrollan precisamente estas capacidades, combinando el conocimiento disciplinario con el saber pedagógico y vinculándolo con la realidad boliviana. Su formación incorpora la interculturalidad, la descolonización, los valores comunitarios, la pertinencia territorial y la relación con las comunidades.
En conclusión, la principal fortaleza de la formación docente consiste en preparar profesionales que saben enseñar y no solamente saben qué enseñar. La docencia requiere saberes propios, formación sistemática, práctica y una vocación que se construye durante años. Por ello, garantizar que quienes enseñan posean formación pedagógica especializada significa reconocer la especificidad de la profesión docente y, al mismo tiempo, proteger el derecho de las y los estudiantes a recibir una educación de calidad.

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