InicioEditorialLa batalla contra el dengue y la chikungunya empieza en casa

La batalla contra el dengue y la chikungunya empieza en casa

El avance del dengue y la chikungunya en municipios de riesgo del departamento de Tarija, incluida la ciudad capital, ha dejado de ser una amenaza estacional para convertirse en un problema estructural de salud pública. Combatir estas enfermedades ya no admite discursos tibios ni acciones aisladas: exige una lucha sostenida, coordinada y, sobre todo, asumida como una responsabilidad colectiva.

La experiencia reciente demuestra que la fumigación reactiva, aplicada solo cuando los casos ya se han multiplicado, resulta insuficiente. El verdadero frente de batalla está en la prevención, en la eliminación sistemática de criaderos del mosquito transmisor y en la educación permanente de la población. Sin el compromiso cotidiano de los hogares, cualquier esfuerzo municipal o departamental queda condenado al fracaso.

En la ciudad de Tarija, donde la densidad poblacional y el crecimiento urbano acelerado generan condiciones propicias para la proliferación del vector, la lucha debe ser más rigurosa. Patios con recipientes abandonados, tanques sin tapa, canales obstruidos y microbasurales urbanos se convierten en focos silenciosos de contagio. Aquí, la responsabilidad ciudadana es tan determinante como la acción institucional.

Los municipios de riesgo, tanto urbanos como rurales, necesitan planes integrales que combinen control vectorial, vigilancia epidemiológica activa y campañas educativas continuas. No se trata solo de intervenir cuando el brote estalla, sino de sostener acciones durante todo el año, incluso en épocas de menor incidencia. La prevención no puede depender del calendario político ni del presupuesto coyuntural.

Asimismo, es indispensable fortalecer la coordinación entre alcaldías, servicios de salud y organizaciones sociales. Brigadas comunitarias, juntas vecinales y unidades educativas deben ser aliadas estratégicas en la detección temprana de focos de riesgo y en la difusión de prácticas preventivas. La lucha contra el dengue y la chikungunya no se gana desde un escritorio, sino en el territorio.

Combatir estas enfermedades implica asumir que la salud pública es un bien común. Mientras persista la idea de que la prevención es tarea exclusiva del Estado, los brotes seguirán repitiéndose con consecuencias cada vez más graves. En Tarija, la verdadera vacuna sigue siendo la conciencia ciudadana, respaldada por políticas firmes, sostenidas y coherentes.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEIDO