VALERIA METZELAR
En el fascinante y complejo mundo de la física cuántica, el «principio de incertidumbre» dicta que es imposible conocerlo todo al mismo tiempo.
Sin embargo, cuando el locutor en San Luis Potosí, México, pronunció «Oro para Bolivia», la incertidumbre se desvaneció por completo. En ese instante hubo una certeza absoluta: el talento de la juventud boliviana no tiene techo ni conoce de fronteras cuando la pasión es el motor.
Romina Janneth Uzqueda Flores, estudiante de último año del colegio La Salle Particular en Tarija, logró lo que para muchos parecía inalcanzable. Compitiendo contra delegaciones de Brasil, Colombia y Costa Rica en la final iberoamericana de Infomatrix, Romina se alzó con la victoria en la categoría de Divulgación Científica.
Su proyecto, bautizado como «De Bits a Qubits», logró una hazaña monumental: traducir el intrincado lenguaje de los átomos y la computación cuántica para bajar conceptos abstractos a la tierra y acercarlos a la gente.
EL DESPERTAR EN LO ABSTRACTO Y EL SACRIFICIO DE UNA «PROMO»
La chispa que encendió este logro internacional no nació en un laboratorio de alta tecnología, sino en la cotidianidad y calidez de un hogar tarijeño. Su interés por los misterios del universo fue alimentado por la fascinación de su padre, Rodrigo Genaro Uzqueda Segovia, hacia la astronomía, y por un curioso capítulo sobre física cuántica en un libro escolar. “A mí ya de base me gustaba la física cuántica”, confiesa Romina con una sencillez deslumbrante.
Esta curiosidad innata fue detectada por su tutor, el profesor Luis Augusto Ortega Zeballos, quien le planteó el enorme reto de investigar y divulgar sobre computación cuántica, un tema que en Latinoamérica apenas es un susurro.
Pero el camino hacia el oro estuvo pavimentado de sacrificios que muy pocos ven, mientras sus compañeros de la «promo» vivían el ritmo habitual de despedidas, festejos y planes a futuro, la rutina de Romina se convirtió en una estricta carrera contra el reloj.
«Mi día normal era terminar todo en el colegio para no tener tarea en casa y dedicarme horas al proyecto, investigando y corrigiendo», relata la joven investigadora. Fueron tres meses de mejoras constantes, corrigiendo algoritmos y perfeccionando su oratoria a través de largas llamadas nocturnas con su tutor.
EL MOTOR INVISIBLE: EL AMOR FAMILIAR
Detrás de cada medalla y del brillo del éxito, existe una red inquebrantable de amor. Romina recuerda entre risas que, al inicio de esta travesía, tuvo que convencer un poco a sus padres para este reto. No obstante, una vez que ellos presenciaron su profunda dedicación, se transformaron en sus pilares fundamentales.
Su madre, Fanny Janneth Flores Aramayo, fue su principal apoyo acompañándola en la fase nacional en La Paz, mientras que su padre, Rodrigo, sostuvo su mano en México, viviendo de cerca los nervios de exponer ante jurados internacionales.
«Hubo veces en las que estaba muy nerviosa o me desanimaba, ellos siempre me daban la confianza para seguir», confiesa Romina con profunda gratitud. A este respaldo familiar se sumó el andamiaje del colegio La Salle Particular, que le brindó el soporte moral y económico necesario para impulsarla a cruzar las fronteras.
UN MENSAJE CON SELLO TARIJEÑO PARA EL FUTURO
Hoy, con la medalla dorada como testigo de su hazaña, Romina ha trascendido el rol de estudiante para convertirse en un símbolo de inspiración. A las puertas de elegir su carrera profesional, tiene claro que no planea detenerse; su objetivo es que su proyecto siga evolucionando como una nueva variable para aportar al desarrollo científico de Bolivia.
Su triunfo demuestra que el siguiente gran paso de la computación ya se está escribiendo en clave femenina y con sello tarijeño. Para las niñas y jóvenes que hoy la miran como un referente, Romina deja un mensaje potente, que es una verdadera bofetada al miedo: «Por más que parezca muy complicado o abstracto, si están seguras de sí mismas, pueden llegar muy lejos».
Su historia nos deja una invaluable lección que va mucho más allá de la ciencia: «La vida te puede sorprender y todo el esfuerzo es recompensado al final».
