InicioOpiniónDE LA ESTRATÓSFERA A LA CARTA ORGÁNICA

DE LA ESTRATÓSFERA A LA CARTA ORGÁNICA


Según recuerdan publicaciones de fácil acceso para cualquiera que quiera comprobarlo:
El 4 de marzo de 1996, durante la inauguración del ciclo lectivo en Tartagal, Salta, el entonces presidente Carlos Menem afirmó que se licitaría un sistema de naves espaciales.
Indicó que despegarían desde una plataforma en la provincia de Córdoba, saldrían de la atmósfera hacia la estratósfera y permitirían llegar a Japón, Corea o cualquier lugar del mundo en solo una hora y media.
Las caras de asombro de la maestra y de los alumnos fueron una obra de arte inmortalizada en sus rostros.
Ni Machaca Güemes, ni Sarmiento, ni Martín Miguel de Güemes; de eso, nada. Las expresiones eran clarísimas. Docentes y alumnos seguramente esperaban otro discurso.
Quizás ya estés pensando en que es mejor que me aleje del alcohol o que cambie de dealer, pero nada de eso, ya verás.
Una parte importante de la sociedad, sin distinción de credos ni ideologías, tiene preocupaciones muy puntuales, muy concretas, muy de hoy: los que no pueden conseguir trabajo o no saben por cuánto tiempo lo tendrán; los que trabajan de día y por la tarde o la noche se «uberizan» para darse algún caprichito, como comprar un remedio o, como mucho, tomarse una cerveza.
Los que sufren cada mes cuando deben pagar el alquiler, los servicios, las expensas, cargar la SUBE y ni hablemos de comprar remedios.
Qué decir de los viejos meados, esos que trabajaron treinta o más años y hoy cobran menos de la tercera parte de lo necesario para vivir (ni siquiera con indignidad), según informa el INDEC.
De esto, nada. El mensaje transmitido por cadena nacional fue sobre la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el mismo que se salvó de que lo llenaran de trotyl; la explicación de los trillones desde su creación y, para la gente de carne y hueso, ni una palabra.
Otra vez la estratósfera menemista, otra vez las caras de sorpresa, otra vez: ¿De qué habla este hombre?
Ese discurso parecía dirigido a otro público; se equivocaron de escenario. Quizás para los amigos del FMI y del Banco Mundial, para el círculo rojo, para los legisladores (aunque quizás no todos hubieran podido entender), pero no para un pueblo que la ve pasar con la ñata contra el vidrio.
A esta altura importa poco si en las provincias cordilleranas el petróleo y los minerales generan trabajo genuino, ya que el resto del país existe y algo hace pensar que con lo que producen, más el campo, no es suficiente para casi cincuenta millones de personas.
Seguramente todas las reformas que se están haciendo y las que se pretenden hacer, de seguir por este rumbo, en algún tiempo harán que seamos la envidia de los países nórdicos, pero mucho no faltará hasta ese momento, aunque duela y parezca desagradecido:
Con el dólar estable, la baja del riesgo país y el control de la inflación no alcanza. Todo eso y muchas otras cosas son necesarias, pero no suficientes.
¿Cómo se supone que se podrá atravesar el desierto?, sin contar que mucho de lo que se está haciendo pueda, aunque es un interrogante, echarse por tierra de la noche a la mañana.
Quizás decir que hablar de determinados temas puede sonar casi como una cargada.
Está muy bien que se proyecte para el futuro, ya que en algunos aspectos no estamos demasiado actualizados, pero obviar los problemas del hoy no parece la mejor forma de transitar este camino, que, a decir verdad, tiene demasiados baches.
LOS NOSOTROS también tenemos nuestro corazoncito. ¡A nadie le amarga un dulce!
La teoría del efecto derrame genera demasiadas dudas, máxime cuando en los pisos superiores hay copas que parecen «la ensaladera», el famoso trofeo de la Copa Davis; mientras que, para LOS NOSOTROS, en la base, hay unos vasos de chupito, como en España.
Que se vaya el iluminador que enfoca al escenario y se enciendan todas las luces. Así verán que, aparte de las primeras filas donde está la clase dirigente, hay mucha más gente atrás y en las plateas altas.
Mientras LOS NOSOTROS seguimos tratando de entender las reformas de la Carta Orgánica del Banco Central, estalló otra interna. Ahora el nuevo jefe de Gabinete se trenzó con la vicepresidenta, invitándola a que renuncie, que se vaya, y ella, ni lerda ni perezosa, ya se ha victimizado.
Deberán entender que con la vice, el operativo «desgaste y esmerilamiento» no funciona; tendrán que buscar otro camino.
A la oposición tampoco le va de maravillas. No hay forma, por el momento, de que se pongan de acuerdo. Parece que el encuentro en La Rioja les sirvió para poco.
De todos modos, como son impredecibles, puede ser que, llegado el momento, vayan todos juntos y terminen dando un susto al oficialismo o que se partan en varios pedazos, como pasó en la elección anterior en la provincia de Buenos Aires, lo que permitió que Santilli ganara las elecciones.
Ya hemos comentado en varios artículos que el mundo en el que viven los políticos es distinto al nuestro.
Nosotros no sabemos si seguiremos en el trabajo, si continuaremos sin conseguir empleo, si los sueldos y las jubilaciones tendrán algún ajuste verdadero y medianamente significativo o si, simplemente, cada día estaremos un paso adelante camino al precipicio.
Ese mundo de realismo mágico da lugar a que, cuando recién se está empezando a delinear la futura campaña para las elecciones de 2027, ya aparezcan aspiraciones presidenciales para 2031, tal el caso de la senadora Patricia Bullrich.
No está ni bien ni mal que se lo plantee, aunque no sería descabellado pensar que la función legislativa tiene sus responsabilidades y que uno espera proyectos y actitudes que le mejoren la vida a los habitantes de este país y no que simplemente sea un trampolín para saltar a otro cargo.
En lo que queda del año hay dos elecciones que, sin duda, influirán en el tablero americano y, por diferentes razones, en el de Argentina. Cabe preguntarse: ¿Cómo nos irá si ganan Lula y los demócratas en Estados Unidos?
¿Estamos tan blindados como suponemos o habrá que leerlo como un cambio de dirección del viento? Sería bueno tener una campera a mano, no sea cosa que nos terminemos resfriando.
Estamos en un momento bisagra, como tantos otros de nuestra historia. Se ha avanzado en algunos aspectos y se han relegado determinados sectores. La cuestión es que el reloj de la historia da las vueltas más rápido y eso nos desorienta un poco.
Los cambios que se vienen, a muy corto plazo, producirán fuertes cimbronazos sociales: pérdida del poder omnímodo de las organizaciones sindicales, cambio del comercio tradicional por el e-commerce, locales vacíos, menor circulación por las calles, profesiones que irán desapareciendo, reinvenciones dificultosas, aumento de la edad para acceder a la jubilación, liberación de colegios profesionales, disminución del comercio minorista, aumento del trabajo autónomo y la lista sigue hasta donde la imaginación sea capaz de llevarte.
Otra pregunta que podríamos hacernos sería: ¿Qué ideas se manejan desde el poder ante esta situación que no demorará demasiado en materializarse?
De más está decir que las soluciones de hace setenta años tendrán escasas posibilidades de traer prosperidad para la gente.
Por ejemplo: ¿Le haremos un pagadiós a los acreedores externos? ¿Emisión descontrolada y distribución de papeles pintados con forma de billetes? ¿Aumento de impuestos a la riqueza, al capital o al aire que respiramos? ¿Esperaremos que «el mercado» absorba a los que se van cayendo del sistema? ¿Cursos de capacitación y actualización para la reinserción laboral?
Aparte de sacarse los ojos por acceder o mantenerse en el poder, sería bueno que nos contaran qué ideas concretas tienen para contener el aluvión que se viene y que se empiece desde ahora mismo, porque, dentro de treinta años, cuando seamos una potencia, quizás haya que importar gente, porque de los de ahora no llegará ni la mitad.

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