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Cuando la vida pasa más rápido de lo que imaginamos

Por Leidy Karen Merino Sotoleidydu_ms@hotmail.com

Hay un momento en la vida en el que uno se detiene, mira hacia atrás y se pregunta: ¿en qué momento pasó todo tan rápido?Los días que parecían interminables se transforman en años. Los sueños de juventud quedan guardados en fotografías amarillentas, mientras las preocupaciones que alguna vez nos quitaron el sueño terminan revelándose como asuntos sin importancia. Entonces comprendemos una verdad sencilla y dolorosa: gastamos demasiado tiempo sufriendo por cosas que nunca merecieron tanto espacio en nuestra vida.El filósofo romano Séneca escribió hace casi dos mil años una frase que sigue teniendo plena vigencia: «No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho de él». La reflexión es contundente. No siempre es la vida la que es corta; muchas veces somos nosotros quienes dejamos escapar los años esperando el momento perfecto para vivir.Esperamos tener más dinero para viajar. Esperamos que lleguen mejores tiempos para disfrutar de la familia. Esperamos sentirnos más seguros para amar. Esperamos jubilarnos para descansar. Y mientras esperamos, la vida sigue avanzando silenciosamente.Cuando finalmente llega la vejez, muchos descubren que el tiempo que parecía infinito era en realidad limitado. El cuerpo comienza a doler, la energía disminuye y aquello que antes se postergaba para «algún día» se convierte en algo difícil o imposible de realizar. Ya no se busca conquistar el mundo; se busca descansar. Ya no se corre detrás del éxito; se anhela la tranquilidad.Marco Aurelio, emperador y filósofo estoico, recordaba que la existencia es fugaz y que debemos aprovechar el presente con sabiduría. Para él, la vida es apenas un instante dentro de la inmensidad del tiempo.Quizás por eso las personas mayores suelen repetir que lo verdaderamente importante nunca fueron las posesiones ni los reconocimientos. Lo que permanece son los abrazos dados, las palabras pronunciadas a tiempo, las amistades sinceras y los momentos compartidos con quienes amamos.Sin embargo, La vida está hecha de pequeños instantes que muchas veces pasan desapercibidos. Con frecuencia nos enfocamos tanto en el sufrimiento, en los problemas y en aquello que nos falta, que terminamos perdiendo de vista las bendiciones que recibimos cada día. La salud que aún conservamos, las personas que nos acompañan, la posibilidad de aprender algo nuevo o simplemente despertar una mañana más son regalos que damos por sentados. El escritor G. K. Chesterton sostenía que una de las claves de la felicidad consiste en aprender a maravillarse con las cosas ordinarias. Cuando desarrollamos esa capacidad de gratitud, descubrimos que incluso en medio de las dificultades la vida sigue ofreciéndonos motivos para sonreír.Al final de la vida, pocos lamentan no haber trabajado más horas. En cambio, muchos lamentan no haber pasado más tiempo con sus hijos, no haber dicho «te quiero» con mayor frecuencia, no haber pedido perdón cuando era necesario o no haber tenido el valor de seguir sus sueños.Vivir sin remordimientos no significa vivir sin errores. Significa actuar con honestidad, hacer el bien siempre que sea posible y evitar causar daño a los demás. Significa comprender que cada persona enfrenta sus propias batallas y que la bondad tiene un valor inmenso en un mundo cada vez más acelerado.También implica aprender a valorar lo esencial. La salud, la familia, la amistad, la paz interior y la capacidad de amar son riquezas que ningún mercado puede cotizar y ningún banco puede almacenar.No sabemos cuánto tiempo nos queda, pero sí podemos decidir cómo vivir el tiempo que tenemos. Podemos elegir entre acumular preocupaciones o acumular momentos; entre guardar rencores o compartir afecto; entre perseguir únicamente lo material o cultivar aquello que realmente alimenta el alma. Cada día representa una oportunidad irrepetible para amar más, agradecer más y vivir más plenamente.Después de todo, la mejor manera de enfrentar el paso inevitable del tiempo es vivir de tal forma que, al mirar atrás, podamos decir que no desperdiciamos la oportunidad de estar vivos.

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