La tragedia ocurrida en un recinto militar de Viacha debe servir para mucho más que lamentar sus consecuencias. Debe convertirse en una oportunidad para revisar, con seriedad y sin excusas, cómo se almacenan, manipulan y custodian materiales explosivos y pirotécnicos en Bolivia.
Un explosivo no deja de ser peligroso porque esté dentro de un cuartel, un depósito estatal o una instalación considerada segura. Al contrario: cuando se concentra material capaz de provocar una detonación, las medidas de prevención deben ser extraordinarias, permanentes y verificables.
El almacenamiento de pólvora, fuegos artificiales, municiones u otros materiales de esta naturaleza exige instalaciones diseñadas específicamente para ese propósito, control estricto de las cantidades almacenadas, separación adecuada de materiales incompatibles, sistemas de prevención y combate de incendios, vigilancia permanente y protocolos claros para actuar ante cualquier señal de riesgo. También resulta fundamental mantener estos depósitos alejados de viviendas y de lugares donde una eventual explosión pueda multiplicar sus víctimas.
Pero la seguridad no puede depender únicamente de que exista un reglamento. Hace falta supervisión, inspecciones periódicas, capacitación especializada y, sobre todo, una cultura institucional que no tolere improvisaciones.
Viacha nos recuerda además que un accidente dentro de una instalación militar puede dejar de ser un asunto exclusivamente militar en cuestión de segundos. La onda expansiva puede alcanzar viviendas, comercios, calles y personas que nada tienen que ver con el manejo de esos materiales. Por eso, la seguridad de los depósitos debe contemplar también a la población que vive alrededor.
Corresponde ahora investigar a fondo qué ocurrió, determinar responsabilidades si las hubiera y revisar todos los depósitos que almacenan materiales de riesgo en el país.
La prevención no debe comenzar después de una explosión. Debe empezar mucho antes, cuando todavía existe la posibilidad de evitarla. Porque cuando se trabaja con explosivos, el descuido más pequeño puede convertirse en una tragedia de enormes dimensiones.
