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COYUNTURA – EL SILENCIO DE LOS «INOCENTES»

Escribe: Roberto Márquez

«No nos hemos ido, somos inocentes”, así gritó el expresidente Luis Arce a los medios y a las personas que presenciaron su ingreso al penal de San Pedro de la ciudad de La Paz, por decisión de un juez cautelar.

El eco de la frase de Luis Arce, más que una declaración de inocencia, resuena como un grito de profunda y devastadora soledad. Su detención no es un incidente aislado en la crónica judicial; es el estremecedor colapso de una arquitectura de poder que se creyó inexpugnable. El silencio que ahora envuelve su caída no es casual. Es la ineludible factura histórica por haber edificado un sistema sustentado en la prevenda, el despilfarro, y la corrupción, el vicio central del populismo nefasto del Socialismo del Siglo XXI, expresado en el MASISMO de Evo Morales: La corrosión sistemática del erario público para comprar conciencias y sostener la obediencia.

La caída de Arce es el desmantelamiento brutal de una ilusión ideológica. Desnuda la era de un liderazgo que nunca se basó en una sana doctrina política, en una línea de convicción de valores de ética y moral, o en un programa político sostenible, sino apuntalado por falsas lealtades compradas, solo cómplices. Una fidelidad basada en el soborno, cuya fecha de caducidad fué el agotamiento de la prevenda misma del dinero público.

El Diseño del «Militante Mercenario».
Los diseñadores vedados inventaron una figura maquiavélica el «sujeto político indígena»que no fue un acto de empoderamiento del indígena, fué en gran medida, un diseño contable diseñado para corromper en un doble propósito:

Crear una figura abstracta y épica que justificara discursos «revolucionarios y de reivindicación histórica». Canalizar fondos millonarios sin fiscalización hacia una puñado de cipayos, nueva élite partidaria multimillonaria.

El ejemplo paradigmático es el FONDO INDÍGENA, cuya verdadera productividad no se midió en cosechas o desarrollo comunitario, sino en la producción en masa de operadores obedientes (movimientos sociales). Esta maquinaria fue la pieza clave del aparato hegemónico delincuencial masista: el militante mercenario.

Definición Clave: El militante mercenario es la antítesis del compañero revolucionario. No defiende principios; defiende sus ingresos, su presupuesto y su continuidad en la cadena de favores. No marcha por ideales; marcha por dinero en efectivo, contratos o desembolsos pactados. Su lealtad es un contrato de servicios que confunde, deliberadamente, la soberanía del Estado con un botín disponible para la cúpula gobernante.

La ironía es demoledora y expone la fragilidad de un poder sustentado en un cajero automático y no en el corazón. Los «guerreros de alquiler» del MASISMO no tuvieron jamás vocación de mártires. Su relación fué costo-beneficio clientelar. La evidencia es palpable: El Espejo de Morales: El Arquitecto del Sistema Clientelar.

La fila de aduladores, operadores y cobradores está hoy vacía. La caja que garantizaba su presencia, la fuente de la prevenda y la renta, ya no existe, por tanto, los gritos de apoyo, tampoco . El eco se queda en la celda de San Pedro.

La soledad de Arce es un espejo que se alza como una advertencia implacable para su mentor y arquitecto político, Evo Morales.

Morales, aunque actualmente mantenga una distancia estratégica del calabozo, es el maestro de obra de esta estructura de poder basada en el patronazgo clientelar, la esencia práctica del MASISMO. El desplome de Arce no es un simple accidente. Es la implosión de un modelo que Morales perfeccionó: el uso sistemático de los recursos públicos para blindar la fidelidad política y eludir la rendición de cuentas, creando una «nueva clase económica» de leales, afincada en el «socialismo» de compinches multimillonarios, disfrazada de revolución popular.

Si el abandono de Arce es atronador, la pregunta que se impone es la siguiente: ¿Qué sucederá cuando el foco judicial, inevitablemente, se dirija hacia Evo Morales, el corazón mismo del MASISMO?.

La lógica del mercenario es inmutable: la lealtad comprada no se hereda ni se mantiene por nostalgia. Es un vínculo malsano de prevenda que se disuelve en cuanto la inmunidad política se debilita o la fuente de financiamiento se acaba. La misma estructura clientelar que hoy ha desamparado a su discípulo será la que mañana le negará el auxilio a su mentor chapareño.

El Castigo del Silencio: Luis Arce lo ha descubierto en el peor momento: el poder efímero, artificial puede fabricar aplausos, manifestaciones y tours políticos, pero nunca fabrica compañeros de verdad. Y cuando el dinero cesa, los aplausos se vuelven polvo.

Luis Arce no está solo por una injusticia del sistema que él ayudó a crear. Está solo porque la única autenticidad en toda su arquitectura de mando, el legado amargo del MASISMO, era el terrible, rotundo, y ahora castigador, silencio que lo abraza. Es el silencio de los falsos «inocentes» que han vendido hasta su última palabra.

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