Escribe Roberto Márquez
Bolivia se encuentra en una encrucijada existencial. El destino de nuestra nación no se juega solo en las urnas, sino en la capacidad de su liderazgo para defender los pilares de la República Democrática. Esta es la única forma de vida que garantiza justicia, libertad y derechos humanos para todos, una estabilidad conquistada con sangre y sacrificio tras dos décadas de dictadura.
Lamentablemente, esta estabilidad es hoy víctima de un fuego cruzado entre dos estilos populistas de liderazgo que, por medios diferentes, conspiran contra la República (Estado Plurinacional): la hegemonía totalitaria del chapareño (Morales) y el libertinaje caótico del vicepresidente (Lara).
La Doble Deslealtad a la Nación, Evo Morales: La Deslealtad Fundacional
Bolivia debe recordar que Evo Morales instrumentalizó la democracia para desmantelarla desde dentro. Su maquinaria de asalto fue diseñada para someter a la nación, polarizando al país y erigiendo una dictadura bajo un manto de «legitimidad popular» fabricada.
Su modelo no fue solo autoritario, sino una deslealtad con la justicia, la libertad y la democracia. Exigió lealtad incondicional a su persona, no a la Constitución y a las leyes, utilizando la cooptación de la justicia y la subordinación estatal para perpetuarse, demostrando un profundo irrespeto por los límites democráticos.
El vicepresidente Lara y el Libertinaje Caótico: El vicepresidente Lara, al operar desde un alto cargo con un estilo de agitación permanente, personifica la antítesis de la responsabilidad pública. Su fin no es la ideología, sino el desorden y la atención mediática.
Utiliza la retórica como una serie de disparos improvisados para generar pánico y grietas institucionales. Su accionar no solo es desleal a la nación boliviana, sino que es un propagador del caos discordante. Al atacar a sus propios aliados y procesos desde dentro del Estado, Lara demuestra una deslealtad absoluta a la institucionalidad que juró defender, llevando al sistema mismo al borde del colapso.
Este libertinaje, disfrazado de activismo, es un enemigo directo de la ética y la libertad, pues siembra desconfianza, socava el estado de derecho y estropea la gestión al basar la acción política en el rumor y la deslegitimación constante.
El Imperativo del Estadista. Lealtad a la Ley: La Bolivia Democrática no es un campo de batalla permanente; es un espacio donde impera la ley, el orden y el respeto. La respuesta a esta doble deslealtad debe ser la lealtad inquebrantable a la Constitución y a las leyes.
Para un presidente como Rodrigo Paz, la estrategia no puede ser otra que la estabilidad de la nación.
Para Lara, servir a la Patria con visión de país, debiera ser su principal responsabilidad, no una tribuna de agitación personal. Ante la fragilidad institucional, el combate por la fortaleza institucional, acompañado de un imperativo ético y moral.
La batalla de Paz es doble: defender a la Patria del autoritarismo estructural de ayer y del nihilismo caótico de hoy. Restaurando la lealtad a la Constitución, la solidaridad nacional y el profundo respeto a las reglas democráticas, haciendo que la estabilidad y el orden sean, finalmente, más atractivos y rentables que el populismo nefasto que se niega a morir.
La defensa de la nación boliviana exige hoy un liderazgo que ejerza la lealtad a la Ley con una convicción inquebrantable, demostrando que el orden y el respeto a los derechos ciudadanos son el camino para la vida digna. No podemos permitir que la libertad, la justicia y la dignidad humana sean rehenes de la ambición de poder o del delirio confrontacional.
La democracia no es un accidente del destino; es una conquista social forjada con sangre, dolor, luto y sacrificio de cada boliviano.
La Libertad es innegociable. Debemos reafirmar que, la Bolivia Democrática es el único garante de nuestra dignidad. Esto significa fortalecer las autonomías (la verdadera solidaridad con equidad y justicia), la meritocracia (la verdadera lealtad al talento humano) y proteger la libertad de prensa (la verdadera dimensión de la democracia).
La República nos llama a la acción. Bolivia no volverá a ser rehén de tiranías de 20 años, ni de agitadores irresponsables incrustados en el poder.
¡Que se imponga la razón y la Paz! ¡Que impere la Ley, la justicia social y el Estado de Derecho!
