Escribe: Roberto Márquez
La historia del país muestra que la inestabilidad política, los golpes de Estado militares y las crisis de sucesión han detenido el progreso y desarrollo sostenible, siendo el país con la mayor riqueza natural y biodiversidad del planeta, en comparación con países que, siendo menos agraciados son muy desarrollados, en todos los campos del conocimiento, como en su economía y la política.
Nuestro país a partir de octubre de 1982 eligió vivir en democracia y no en dictadura de ninguna naturaleza. La democracia el marco que permite la coexistencia pacífica de las diferencias. En un país tan diverso como Bolivia, la democracia es la herramienta que evita el conflicto violento y promueve el diálogo. Un gobierno democrático, al ser legítimo, brinda la estabilidad política que los inversores nacionales o extranjeros necesitan para crear empleo y riqueza.
A diferencia de los regímenes dictatoriales – autocráticos, la democracia que Bolivia optó, debe ahora fomentar la transparencia y la rendición de cuentas, para combatir la corrupción. Cuando los bolivianos puedan fiscalizar a sus gobernantes, los recursos del Estado se destinarán irremisiblemente a las prioridades reales de la población, como la educación, la salud y la infraestructura, en lugar de ser desviados para el beneficio de unos pocos vivillos que se benefician del poder.
Bolivia que esta retornando a la vida democrática y dará muestras de la alternancia pacífica del poder, será lo que otorgue un entorno de seguridad jurídica fundamental para el desarrollo. Cuando los inversores nacionales y extranjeros sepan que las reglas son claras, no cambiarán de la noche a la mañana, se sentirán más seguros para invertir en proyectos a largo plazo que crean empleos y riqueza.
Un gobierno que responde ante el pueblo que lo eligió es menos propenso a la corrupción y la distribución más justa y equitativa de la riqueza. La democracia en Bolivia no solo debe ser un sistema para elegir autoridades o dirigentes, debe ser la garantía de la estabilidad, y la seguridad ciudadana.
Una justicia sólida es la columna vertebral de una sociedad democrática moderna. En Bolivia, volver a una justicia independiente y eficiente es vital para resolver conflictos de manera pacífica y sin violencia. Una justicia sólida es la columna vertebral de cualquier sociedad democrática próspera. Una justicia independiente y equitativa es más que nunca esencial para generar confianza entre los ciudadanos y en el sistema democrático.
Bolivia espera una justicia que opere sin sesgos, asegure que las leyes se apliquen a todos por igual, creando un entorno de seguridad jurídica que protege la inversión y el trabajo. Si un empresario o inversionista sabe que sus contratos serán respetados y sus disputas se resolverán de manera justa e imparcial, estará más dispuesto a arriesgar su capital y vendrá a invertir. Además, una justicia que resuelve los conflictos de manera efectiva evitará que las tensiones sociales escalen, promoviendo la paz y la cohesión nacional.
La libertad es el oxígeno de la democracia. La libertad de expresión y de prensa es fundamental para una sociedad boliviana informada para la toma de decisiones políticas y económicas inteligentes. Un periodismo libre denuncia la corrupción, es un contrapoder, visibiliza los problemas sociales, combate la desinformación y fomenta un debate constructivo sobre el futuro del país.
La libertad de pensamiento y de expresión permite el debate abierto de ideas, lo que es esencial para encontrar soluciones creativas a los problemas del país, desde la gestión de recursos naturales hasta el desarrollo tecnológico. Cuando los ciudadanos puedan criticar las políticas gubernamentales sin miedo, el sistema se fortalece y se corrigen los errores.
La libertad económica es igualmente vital en democracia. Cuando los bolivianos tienen la libertad de emprender, de innovar y de competir, se crean nuevas empresas, se generan empleos y se fomenta la diversificación económica. La libertad económica, es lo que permitirá a los bolivianos salir de la pobreza, enfrentar las crisis, soñar y crear. Al tener la libertad de emprender y de competir en el mercado, se genera mayor dinamismo económico, se diversifica la matriz productiva y se reducen los riesgos asociados a la dependencia de las materias primas.
Los derechos a la libertad de pensamiento, de expresión y de asociación son vitales para una economía del conocimiento. En sociedades donde se garantiza la libre circulación de ideas y el debate abierto, se fomenta la innovación. Los intelectuales y profesionales pueden investigar, crear y compartir conocimientos sin temor a la represión, lo que genera avances científicos, tecnológicos y culturales. Sin espejo retrovisor que mira al pasado.
Por el contrario, la represión intelectual provoca una «fuga de cerebros», privando a la nación de su capital humano más valioso.
El Respeto a los Derechos Humanos: El respeto a los derechos humanos es el marco invisible sobre lo que se construye: una sociedad sana, próspera y moderna. Al garantizar la dignidad de cada persona, de cada boliviano se establece un ciclo virtuoso, digno. En el mundo, las sociedades respetuosas de los derechos humanos son más justas y equitativas, lo que fomenta la estabilidad y la productividad, creando un entorno ideal para el progreso y desarrollo sostenible y la defensa inquebrantable de los derechos de todos los trabajadores e intelectuales, pilares de la heredad nacional.
