Escribe: Roberto Márquez
Los casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia (iniciados en 2006) estuvieron marcados por un largo periodo de auge económico gracias al boom de los precios de las materias primas, especialmente el gas natural. Sin embargo, se cometieron graves errores en dos esferas principales: la economía y la institucionalidad democrática, lo que ha conducido a la crisis actual.
La segunda vuelta electoral es un «resarcimiento histórico», el punto de partida para entender el abismo entre la esperanza democrática y la severa realidad boliviana. La posibilidad de un balotaje, arrebatada por el fraude de 2019, es un triunfo moral para la institucionalidad democrática de Bolivia. Sin embargo, esta victoria es apenas el preámbulo de una tarea monumental: desmantelar y revertir la herencia de casi dos décadas de gestión del Movimiento al Socialismo (MAS).
La principal crítica a los gobiernos del MAS no es su intención redistributiva —que en su momento logró reducir la pobreza gracias al boom— sino la miopía y el dogmatismo con que se administró la bonanza, y el consecuente deterioro institucional que garantizaba la perpetuación en el poder de Evo Morales.
La Herencia Fallida: Un Modelo Agotado y una Institucionalidad Corroída. El modelo económico del MAS, del “socialismo del siglo XXI”, conocido como Modelo Económico Social Comunitario y Productivo (MESCP), tuvo dos fallas estructurales fatales:
- El modelo extractivista dañó el Clima de Inversión: El Agotamiento del Motor de Gas: La bonanza se basó exclusivamente en la renta de los hidrocarburos. La nacionalización de 2006, si bien incrementó los ingresos estatales, no fue complementada con una política agresiva de exploración o con un marco legal que incentivara la inversión privada para reponer las reservas. El resultado fue un agotamiento previsible. Hoy, el país sufre por la falta de gas para sus mercados y la insuficiencia de diésel para su agricultura e industria.
El Despilfarro de la Renta: Los ingresos extraordinarios se gastaron en un exceso de subsidios, bonos y, crucialmente, en la creación de empresas estatales ineficientes y no rentables (más de 60). Este gasto sin visión de sostenibilidad y la alta corrupción generaron déficits fiscales crónicos. La consecuencia directa es el dramático agotamiento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), utilizadas para sostener artificialmente un tipo de cambio fijo. - La Destrucción de Contrapesos Democráticos: Cooptación Judicial y Persecución Política: La politización del Órgano Judicial fue el daño más profundo a la democracia. Se utilizó la justicia como un arma política, garantizando la impunidad de los incondicionales al partido de gobierno y persiguiendo a opositores y disidentes bajo cargos inventados de terrorismo o sedición. Esto liquidó el Estado de Derecho y la seguridad jurídica.
Avasallamiento del Pluralismo: El esfuerzo por controlar a las organizaciones sociales, la prensa y los organismos electorales, culminando en la decisión de desacatar el referéndum de 2016 para habilitar la reelección indefinida, demostró que el fin supremo del MAS dejó de ser el proyecto social de “gobernar escuchando al pueblo” y se convirtió en la retención incondicional del poder.
EL CAMINO DE LA RECONSTRUCCIÓN: UN DOBLE MANDATO HISTÓRICO
El próximo nuevo gobierno recibirá un doble mandato histórico que exige una aproximación radicalmente diferente:
La Urgencia de la Estabilización Económica (Revertir el Colapso): Sinceramiento de la Crisis de Divisas: El nuevo gobierno debe ser transparente sobre la situación real de las RIN. La prioridad es obtener «dólares frescos» a través de negociaciones (internas y externas) con organismos multilaterales o acuerdos bilaterales, para estabilizar el sistema financiero y garantizar la importación de insumos vitales. El mantenimiento forzado del tipo de cambio fijo se ha vuelto insostenible y una transición gradual, aunque dolorosa, es inevitable para sortear una devaluación abrupta y descontrolada.
Apertura a la Inversión en Hidrocarburos: Se requiere una reforma audaz del marco legal petrolero para atraer urgentemente la inversión extranjera, ofreciendo seguridad jurídica y condiciones competitivas que permitan la exploración y explotación de nuevos campos de gas.
Reducción del Déficit Fiscal: Implica un ajuste serio en el gasto público, la revisión de la rentabilidad de las empresas estatales y la reorientación de los subsidios a quienes realmente los necesitan, liberando recursos para inversión productiva que diversifique la matriz económica.
La Reconstrucción Ética e Institucional (Devolver la Democracia): Independencia Judicial Genuina: La única vía es una reforma profunda, posiblemente vía elección de magistrados por mérito y con participación de la sociedad civil y colegios profesionales, para despolitizar el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo de Justicia. Sin justicia independiente, la inversión y la libertad no regresarán.
Cultura de Consenso: El nuevo liderazgo debe promover una gobernanza de transición y diálogo, reconstruyendo, tendiendo puentes entre las regiones y los actores políticos. El país necesita dejar atrás la lógica del «enemigo interno» y priorizar los acuerdos nacionales mínimos sobre las reformas esenciales.
El «resarcimiento histórico», que se materializa este domingo es un triunfo del pueblo boliviano, de sus comités cívicos, plataformas. El nuevo presidente debe tener el brío y el coraje político necesarios, para enfrentar la herencia de las graves fallas históricas del MAS, superando los intereses ideológicos, político-partidarios, en favor de la estabilidad política, económica, social y garantía de la institucionalidad democrática, la libertad que nuestra amada Bolivia clama a gritos.
