
Eduardo Claure
Los censos son la fuente primaria más importante y amplia de información estadística. Dada su periodicidad (cada diez años) es posible comparar los cambios en el tiempo (evolución) y entre países, ya que el levantamiento censal se realiza en fechas similares en casi toda América Latina y el Caribe. Sus resultados suministran los antecedentes básicos acerca de las viviendas, los hogares y las personas, además es el único instrumento capaz de proporcionar datos para niveles geográficos menores: municipios y comunidades pequeñas y dispersas. Bolivia ha tenido hasta el momento once censos. Los dos primeros se realizaron durante el gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz: en 1831, se registró a 1.088.768 personas, el de 1835 empadronó a 1.060.777. Durante el siglo XIX, se hicieron cinco censos de población: el de 1845, que registró 1.378.896 habitantes; en 1854, alcanzó a 2.326.126; en 1882, el registro de población alcanzó a 1.172.156 habitantes. En el siglo XX, se realizaron cuatro censos: en 1900, cuando se empadronó a 1.766.451 personas; en 1950, se contabilizaron 2.704.165 habitantes; en el de 1976 fueron 4.613.419 bolivianos; mientras en el año 1992 se registraron 6.420.792. En lo que va del siglo XXI, ya se han realizado dos censos: el del 2001, cuando se llegó a 8.274.325 habitantes y el Censo del 2012, cuando se registró a 10.059.856 personas, pero, altamente cuestionado por las cifras finales, que cambiaron repetidas veces, sin saberse, efectivamente hasta hoy, cuantos somos los bolivianos.
El éxito del censo está basado en la actualización cartográfica, que implica actualizar planos y mapas, así́ como datos sobre las áreas geográficas y de los contextos socioespaciales -ciudades y centros poblados- que permitan diseñar de manera óptima la logística para desarrollar el censo. Los resultados censales sirvan para planificar las encuestas de hogares durante los diez años siguientes, hasta un nuevo censo. Esta tarea principal ha sido amenazada desde el año 2001 por las consecuencias políticas del censo, relacionadas con la redistribución de recursos de Presupuesto General del Estado. Esto, en los hechos, ocasionó de facto, una especie de “política de migración poblacional momentánea” -el acarreo-, que implica que municipios ejerzan presión para que pobladores de ciudades intermedias y municipios rurales retornen a sus comunidades solo por uno o dos días, para que sean censados en su lugar de origen. Esta situación altera toda la logística y los objetivos de los censos, así́ como la planificación de las posteriores Encuestas Permanentes de Hogares que se realizan cada año, además de provocar sesgos a las investigaciones intercensales, encuestas demográficas y otras que se realizan por entidades privadas y el propio INE, pues cuando se contrastan cifras, se presentan diferencias, que obligan a hacer inferencias, casi forzadas.
Otro asunto que determina un censo es el fenómeno de la multilocalidad, su despliegue en el territorio boliviano, es de larga data. Este aserto lo demuestran los trabajos de John Murra,1975, sobre la propuesta de la teoría del archipiélago vertical, en su trabajo Control Vertical de los Pisos Ecológicos consistente en que los pueblos andinos prehispánicos ejercían dinamismo e influencia en todo un vasto territorio, discontinuo. Se trataba de una suma de archipiélagos ubicados estratégicamente en varios pisos ecológicos, que permitían a esos pueblos una circulación de productos para la subsistencia, la misma que fluía en cada uno de los nodos de ese territorio discontinuo. También son clásicos los hallazgos sobre el mismo tema, realizados por Ramiro Condarco, 1987, quien denominó a este fenómeno como “simbiosis interzonal”. El concepto de multimodalidad entraña una o varias estrategias empleadas por familias -en realidad una trama compleja de una familia extensa que articula, pero que también se diferencia, con familias nucleares del mismo tronco- que territorializan distintos puntos geográficos entre los que distan decenas o centenares de kilómetros. Así también se encuentran, en algunos casos, en distintos pisos ecológicos o se intercala el desarrollo de actividades en espacios urbanos y rurales, en el marco de una territorialidad discontinua que se asemeja al planteamiento del archipiélago vertical de John Murra o al de la complementariedad ecosimbiótica de Ramiro Condarco y comentado en sus obras por Olivia Harris y Geell Riviere y, glosado por la historiadora Liliana Lewinsky,1983. Esta fluidez, al parecer, nunca se detuvo, como dan cuenta los trabajos de Sánchez Albornoz, 2020, quien detectó que, en tiempos de la colonia, dichas migraciones internas en sí se trataban de estrategias para eludir trabajos forzados y el pago de impuestos de la época colonial. En estas migraciones, en cierta forma, no desaparecían los contactos y desplazamientos hacia las tierras de origen, a través de diversas tácticas que permitieron que las áreas altiplánicas no tengan una merma demográfica y facilitaran su aprovisionamiento con productos del valle y trópico. Durante el siglo XIX, el trajín que aparece en la iconografía de María Melchor Mercado, analizados por Silvia Rivera Cusikanki, 2015, parecen dar cuenta nuevamente de estos flujos multilocales. Obviamente, si bien podemos detectar la dinámica multifocal en estas épocas, no podemos cerrar los ojos al hecho de que el fenómeno se desenvuelve hoy en contextos globales, socioeconómicos y políticos completamente distintos. A la sazón, existe una Asociación Nacional de Comerciantes Viajeros.!!
Si bien un censo se asume como parámetro para definir la distribución presupuestaria, la cantidad de escaños parlamentarios y la planificación de las futuras campañas electorales, éstos no son los objetivos de un censo, porque su perfil es netamente estadístico y sirve para realizar comparaciones con censos anteriores y con los de otros países para el estado de cada una de las variables que forman parte, así como para ajustar los criterios muestrales para la realización de otras investigaciones sociales, políticas, además de demográficas, simplemente útiles a propósitos de la planificación local y departamental y de utilidad sustancial al sector productivo y comercial. Sin embargo, su utilidad para su aplicación política electoral, es innegable. ¿Si no, de qué se ocuparía la clase política, sociólogos, cientistas políticos, académicos, investigadores y comunicadores?? Somos un país altamente politizado, definitivamente.
En este contexto, las características más importantes de la población son el sexo y la edad. La evolución del tamaño de una población depende, en gran medida, del equilibrio existente entre hombres y mujeres y de su edad en los componentes demográficos. Esto explica por qué la mortalidad, fecundidad y movimientos migratorios son determinantes del crecimiento poblacional. Toda población se caracteriza por un cierto equilibrio entre ambos sexos, hecho que asegura su reproducción. Esta igualdad se evidencia en poblaciones numerosas; sin embargo, esta situación puede verse afectada por sucesos externos, tales como la migración campo-ciudad (por motivos laborales, pobreza o razones familiares), catástrofes climatológicas, conflictos bélicos y otros como el Covid-19 y sus efectos y derivaciones sociales, demográficas, en el sistema de salud, la economía y la política. No hay duda.
La perspectiva de género en los censos busca alcanzar su ideal de transversalidad en todo el proceso de implementación de un censo y no sólo la inclusión de preguntas en el cuestionario censal o en su caso, refrescar la redacción de las preguntas para obtener nuevas tablas de distribución de variables para hombres y mujeres. Se espera que la introducción del enfoque de género en los censos corrija la “invisibilización” histórica de las mujeres en las fuentes de datos, a fin de revalorizar su aporte en las actividades productivas y reproductivas, considerando su naturaleza y reflexión sobre la posición establecida por los roles de género. Hasta ahora, las operaciones censales no ha sido lo suficientemente explotadas desde el punto de vista de género y mucho menos la riqueza de los resultados en relación con otros temas censales. En los cuatro últimos censos transcurridos, el comportamiento es el mismo, mayor proporción masculina en población infantil y adolescente y predominio de la población femenina en población adulta mayor. En el Censo 2012, 50,1% de la población es femenina y 49,9 %, masculina. El censo técnico y no político, debiera darnos a conocer realmente, cuantas son las lenguas que se hablan, por ejemplo, o cuantas “naciones indígenas” perviven, efectivamente.
Un censo bien llevado, puede permitir corregir la asimetría perversa de la distribución del Presupuesto General del Estado, la reconfiguración del mapa político y desplegar procesos de planificación e inversión pública y privada en las Entidades Territoriales Autónomas y obligaría a sus autoridades a repensar su desarrollo, lo mismo que al gobierno central. El entuerto actual en esta coyuntura censal, podría subsanarse políticamente, poniendo en vigencia una Ley Censal que señale definitivamente la periodicidad obligada y vinculante de la fecha censal, para adelante. Y, fijar taxativamente, el plazo de entrega de resultados, que debe ser, por la tecnología actual a ser aplicada, en tiempos breves y no de un semestre o más, que puede ser otro detonante político movilizador (la actualización cartográfica usa tabletas y celulares, para el empadronamiento ¿utilizará boletas impresas y lápices.?). Lo básico en resultados: población, por sexo, grupos etarios, por departamentos y municipios. Los desagregados mayores, pueden tomar su debido y prudente tiempo. Fijar la fecha del censo en curso -trabado- no debiera ser por un “Encuentro Plurinacional”, altamente politizado, sino por un colectivo técnico y de representación gubernamental y de las ETAs, con un mediador de alto grado moral e institucional: nacional y externo, o ambos.
Según el ensayo “La revolución urbana y el reto del desarrollo rural” del investigador del CEPAD, Carlos Hugo Molina, actualmente, el 71% de los bolivianos ya vive en las áreas urbanas, según los datos del INE y, proyecta que en 2032 lo hará el 90% y señala que el 80% ya vive actualmente en el eje central. A esa fecha, el eje central determinará la dinámica social, económica y política del país. ¿Estamos preparándonos para esa realidad…? Cuanta falta nos hacen demógrafos y otras especialidades conexas, para encarar investigaciones, interpretaciones y otras inferencias en la materia. Bolivia tiene solo dos carreras de Estadística en el sistema universitario boliviano: la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y la Universidad Autónoma Tomás Frías de Potosí́, mientras que la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno tiene un título de Técnico Superior en Estadísticas Económicas, como título intermedio de la Carrera de Economía. Hay solo dos centros afiliados a las universidades públicas que realizan investigaciones, en cuyo rótulo se inscribe la especialidad de las estadísticas en Bolivia, éstos son: el Instituto de Estadística Teórica y Aplicada (IETA), de la Carrera de Estadística de la UMSA, y el Centro de Estadísticas Aplicadas (CESA), ligado a varias facultades de la Universidad Mayor de San Simón -lo que no implica que otros centros de investigación también apliquen las estadísticas como una de las formas de desarrollo de sus trabajos. No obstante, de estas dos instituciones, la única que se pronuncia de manera sistemática sobre los censos de población, desde el 2001, ha sido el IETA, mediante su revista, Varianza. Por ese motivo, el sistema universitario público y el privado, debieran implementar la carrera de demografía como especialidad y no llenarnos de otras profesiones, digamos, “ociosas”.
Finalmente, un censo es útil para efectuar muchas investigaciones e inferencias de una realidad dada. ¡¡Entonces, Censo Ya…!!



