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Bermejo y Yacuiba… fronteras atrapadas entre la economía y el contrabando

El contrabando en Bermejo y Yacuiba no es un fenómeno aislado ni una simple infracción aduanera: es la expresión de una frontera sometida a los vaivenes económicos de Bolivia y Argentina, donde la diferencia de precios puede convertir una mercancía legal en un negocio clandestino y transformar el rumbo del comercio de un día para otro.La realidad es contundente: cuando la economía argentina se debilita y sus productos se abaratan, el flujo comercial adquiere una dirección; cuando las condiciones favorecen a Bolivia, la dinámica puede invertirse. El contrabando sigue la rentabilidad, no las banderas. Mientras los gobiernos modifican sus políticas cambiarias, fiscales y comerciales, las poblaciones fronterizas deben adaptarse a una incertidumbre permanente que golpea al comercio formal y distorsiona las economías locales.Pero comprender las causas del contrabando no significa justificarlo. La informalidad que evade controles, impuestos y normas perjudica al Estado, castiga al comerciante que cumple la ley y alimenta circuitos económicos difíciles de fiscalizar. No es aceptable que quienes trabajan dentro de la legalidad compitan en desventaja frente a quienes evaden sus obligaciones.Tampoco es serio responder únicamente con operativos y decomisos. Si la rentabilidad del contrabando cambia con cada devaluación, una política limitada a perseguir mercancías estará condenada a actuar sobre las consecuencias sin resolver las causas. Se necesita inteligencia aduanera, coordinación bilateral, controles transparentes y condiciones reales para que el comercio legal sea competitivo. De lo contrario, la frontera seguirá siendo escenario de medidas improvisadas y resultados pasajeros.Bermejo y Yacuiba no pueden continuar pagando el costo de las contradicciones económicas de ambos países. Bolivia y Argentina deben asumir que sus decisiones internas repercuten directamente en las comunidades fronterizas y que la falta de coordinación favorece la expansión de circuitos ilegales.La frontera no necesita discursos complacientes ni promesas coyunturales: necesita políticas firmes, previsibles y sostenidas. Combatir el contrabando exige hacer cumplir la ley, pero también comprender la economía que lo alimenta. Mientras esa doble responsabilidad no se asuma, el comercio seguirá cambiando de dirección y la ilegalidad continuará aprovechando cada crisis.

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