
Por Eduardo Claure
Este 16 de noviembre, el país debía estar en la movilización más grande que realiza un país en tiempos de paz. Esa su importancia movilizadora, participativa y su significado en sus resultados. El Censo arrojará información estratégica para el diseño de políticas públicas, proyectos y programas. La información será insumo para la asignación de recursos a través del futuro Presupuesto General del Estado para los siguientes diez años y la redistribución de escaños en la ALP, ALDs y concejos municipales. De otro lado, será también insumo esencial para las decisiones estratégicas del sector privado, inversionistas y emprendedores, centros de investigación y lo académico. Con los años, seguramente, avanzaremos hacia un Censo Digital que es una herramienta que permite llenar de manera segura la boleta censal desde un sitio web oficial, altamente protegido, a la cual se ingresa desde cualquier dispositivo electrónico con acceso a internet, pudiendo la población auto censarse desde su computadora, celular o tableta y, al terminar, se recibe en su correo electrónico un comprobante con un código alfanumérico de varios dígitos que se muestra al empadronador el Día del Censo y, listo.
Pero, veamos la relación entre el Estado Plurinacional y sus políticas. Un primer análisis nos permite ver la política formulada y aplicada por los primeros gobiernos del siglo pasado sobre el comercio exterior, área esencial del modelo diseñado por las fuerzas políticas del Siglo XX, puramente extractivistas minero y casi mono exportador, hasta el desarrollo del agro cruceño y su influencia desde los 60´, a todo el país, para luego pasar a los famosos hidrocarburos, “nacionalización azul” incluida. Este largo periodo, nos ratifica la trascendencia del aparato estatal como espacio privilegiado donde se desarrolla la sutil y compleja trama que envuelve toda política pública, en la cual convergen contrapuestos intereses individuales, sectoriales e internacionales, cuando no; y la importancia que los recursos generados en el intercambio comercial con el mercado externo habían tenido en la consolidación de ese mismo Estado exportador. Históricamente las rentas del comercio exterior definieron no solo políticas específicas sino también rumbos por los cuales transitó la historia del país.
La República de Bolivia y luego el Estado Plurinacional, nunca se interesó por los problemas de población, manifestándose que no existe la sanción de leyes emblemáticas en el período de construcción del Estado Nación ni en este Plurinacional, donde tampoco existió la creación de áreas especializadas dentro del aparato estatal en materia estadística poblacional y la demografía. El carácter que lo poblacional presenta en nuestro país, tiene como consecuencia el consenso que manifiestan diferentes actores sociales activos en la formulación de estas políticas: funcionarios públicos, legisladores, intelectuales expertos en el tema, representantes del gremio empresarial, miembros de la iglesia católica, académicos, investigadores, etc. Diferentes partidos políticos, gobiernos y “formuladores de estrategias de desarrollo”, se manifiestan preocupados ante los mismos «problemas» de población/demografía y suelen coincidir parcialmente en las posibles soluciones, tal como sucede en la actualidad, aunque, digamos “rústica o domésticamente”, por la fecha de ejecución del censo poblacional, frustrado y manoseado hasta donde se sabe.
Una hipótesis más general o simple, sostiene que el Estado boliviano al formular sus políticas de población no ha tenido un mayor grado de relativa importancia que en otras áreas de la gestión de gobierno. Una de las causas sería su carácter funcional de la temática censal poblacional a lo político ideológico y no su asociación perdurable con dos ideas que debiera estar profundamente arraigada en la sociedad boliviana toda: progreso y modernización. Si bien en determinados momentos históricos esta asociación es puesta en duda por la realidad de una afirmación que “en quince años, seremos como Suiza” (perverso ejemplo de los “sustituidores” del sistema capitalista neoliberal y su réplica hacia el Socialismo del Siglo XXI), el fenómeno socioeconómico actual nacional, se percibió como un ataque, ya no circunstancial, sino perdurable, en su debacle hasta que se restituya otro modelo de desarrollo, donde lo poblacional o demografía, debiera tener una lectura altamente calificada en términos de su beneficio para el desarrollo y, no para una coyuntura política ideológica. El Estado desde su consolidación nacional como República, hasta nuestros días ha sido esencialmente liberal, excepto cortos períodos de experiencias nacionalistas y estatistas. Y quizá ese liberalismo subyacente es el contexto ideológico que lo condujo en su afán pertinaz de asociar población con modernización y progreso, que es lo que debiera tener continuidad sostenida y profundizada en la materia, pero, de alta especialización y, es un tema que debiera interesar a lo académico, a lo político, al ámbito de la investigación y especialización.
Los instrumentos elaborados por el Estado Plurinacional en relación a los censos de población (2012 y 2022), es decir, insumos básicos de los cuales éste debía disponer mediante el INE para formular una política, no existe, y si lo hay, está completamente contaminado al igual que el Padrón Electoral, el SEGIP y el SERECI. Miremos al Estado como actor productor y ejecutor de iniciativas en esta línea. Sí examinamos toda la legislación referida a censos y estadísticas a nivel nacional desde 1831 hasta 2012, estas no existen; únicamente la normativa para ejecutar censos, pero para el desarrollo normativo en la materia: nones, nada de nada. Seguimos con el reloj y las manecillas en sentido contrario y en la lectura de las piedras y la coca; si bien se respeta lo tradicional y cultural, cuestionamos que estas “practicas ancestrales”, permitan interpretar donde estamos en materia poblacional y su sentido o valor demográfico.
Nos preguntemos sobre la relación entre la actividad de medición e investigación social desplegada por el Estado y la formulación de políticas públicas, enfatizando los aspectos ideológicos y las controversias sociopolíticas originadas en dicha actividad. ¿Fueron los censos y las estadísticas utilizadas para formular nuevas estrategias de desarrollo? ¿Colaboraron para delinear un modelo social alternativo? ¿Coadyuvaron a detectar o construir “problemas socio poblacionales”? ¿Cuál fue el rol de los censos y las estadísticas dentro del aparato estatal, en la formulación de políticas públicas y en la legitimidad de propuestas o políticas estatales referidos a diferentes temas socio-poblacionales? ¿Cuáles fueron los obstáculos para el desarrollo de una actividad estadística “neutral”? ¿Fue ello posible? ¿Cuáles fueron las justificaciones o los argumentos dados por cada gobierno para el levantamiento de los censos? ¿Cuáles las categorías de análisis utilizadas, creadas y elaboradas por el Estado en cada momento histórico? ¿De qué manera la información obtenida en los censos fue utilizada por los diferentes gobiernos nacionales y subnacionales para legitimar su accionar? ¿Realizó el Estado investigación social mediante la actividad de estadísticas y censos? ¿Cuáles fueron las necesidades del Estado moderno -en un contexto de globalización- formuladas y atendidas? ¿Fueron éstas cambiando con el correr del tiempo, si es que existieron? Sería muy importante, conocer estos aspectos en lo nacional, lo departamental y lo local, sin descontar lo que hubiesen realizado las universidades -públicas y privadas-, en este sentido.
Desde sus tempranos orígenes la República de Bolivia, hasta el Estado Plurinacional, recurrió al levantamiento de censos y estadísticas, decisión que se vio reflejada en la sanción de normas; no hubo la creación de espacios institucionales que se hubiesen expandido con el correr del tiempo; sin más, ejecutaron cuantiosos préstamos para ejecutar censos y nada más. Asimismo, durante períodos de crisis económico-sociales el Estado se mostró más activo en la realización de mediciones cuantitativas. No obstante, la relación entre el Estado y las estadísticas públicas ha sido contradictoria, controvertida, insistentemente resistida por razones de representación político-partidaria en el INE y ministerios del área, circunstancias que obstaculizan el desarrollo y consolidación de estas áreas dentro del aparato estatal y fuera de él. La elite intelectual bregará -una vez pase este zafarrancho azul- para transformar dichas actividades en “científicas”, “racionales”, características de Estados avanzados -como los europeos, Canadá y, el Imperio-; y de allí surgirá una confrontación entre ésta y la clase política. Los recientes aprestos de cambios en la política de población en Bolivia, así como la gestación de nuevas alternativas o modelos de desarrollo que nuestro país no ha iniciado, a pesar de la propaganda, deben nutrirse de experiencias del pasado que nos ayudarán a comprender cuáles son los mejores caminos a seguir y la vía más democrática para transitarlos. Para ello será necesario: cambiar la ineptitud y mediocridad, por la eficiencia y certidumbre estadística, es decir: institucionalizar el INE, por ejemplo, en otros departamentos existe un Director Departamental del INE, en Tarija, se tiene de años, un Encargado a.i, cambiado frecuentemente. Debe entenderse el concepto.



