viernes, enero 30, 2026
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COYUNTURA – LA REPÚBLICA EL PUERTO NECESARIO

El populismo no es una ideología, es un método de demolición. Bolivia hoy tiene la tarea histórica de reconstruir lo que el socialismo nefasto casi logra derrumbar.

Escribe: Roberto Márquez

La República de Bolivia, con todas sus imperfecciones históricas, se erigía sobre un principio fundamental: la separación de poderes. A pesar de las crisis, el Estado Republicano respetaba las formas. La justicia era un ámbito competente meritocrático, el Banco Central un custodio celoso de la estabilidad y la propiedad privada un derecho ciudadano protegido por el imperio de la ley.

El modelo plurinacional, en cambio, sustituyó la Constitución por la voluntad del caudillo. Bajo el pretexto de la «descolonización», se capturaron las cortes, se asfixió al parlamento y se convirtió al órgano electoral en una oficina de trámite partidario. Hoy, el ciudadano boliviano se encuentra recuperándose de la indefensión absoluta; ya no hubo una ley que lo proteja frente al abuso del poder, porque la ley en el pasado reciente tenía un color político, y ese era el azul.

El asalto a la propiedad y el mito de la soberanía

Uno de los rostros más oscuros de ese populismo de la era Evo Morales – Arce Catacora ha sido el ataque sistemático a la seguridad jurídica de la tierra. La República entendía que el desarrollo pasaba por la garantía de la propiedad privada. El modelo del populismo de 20 años, sin embargo, ha institucionalizado el avasallamiento.

A través de un uso perverso de la justicia indígena y las dotaciones discrecionales, el régimen masista ha utilizado la tierra como un botín de guerra para movilizar a sus huestes. Se ha herido de muerte al aparato productivo del Oriente, motor de la economía nacional, subordinando la soberanía alimentaria a la conveniencia electoral. El resultado fue un país donde producir era una actividad de riesgo y ocupar tierras ajenas un oficio criminal protegido por el Estado.

La debacle económica: Del gas heredado a las filas por diésel.

La mayor estafa del Socialismo del Siglo XXI fue el llamado «milagro económico». Hoy sabemos que no hubo tal milagro, sino una dilapidación delincuencial de la renta gasífera. El Estado Plurinacional vivió del gas que la República —aquella que tanto denostaron— encontró y certificó en la década de los 90, en el gobierno de Jaime Paz Zamora.

Mientras la República buscaba la inversión extranjera para ampliar reservas, el populismo se dedicó a «ordeñar» la vaca hasta matarla. Se gastaron miles de millones en empresas estatales deficitarias y en un gasto público elefantiásico para mantener una red de clientelismo. El resultado es el desastre actual: sin dólares, con reservas internacionales en niveles críticos y una escasez de combustible que ha devuelto a Bolivia a los peores años de la década de los 80.

La República como horizonte

El colapso del modelo plurinacional es también el colapso de una mentira. El país ha aprendido, por la vía del sufrimiento y la escasez, que la retórica de la «soberanía» no llena el tanque de gasolina ni garantiza la libertad.

Bolivia necesita, con urgencia, recuperar los valores republicanos: el respeto a la propiedad, la independencia de poderes, la justicia y la responsabilidad fiscal. La República no era el pasado oscuro que el MAS pintó en sus peroratas o en sus libros de texto escolar; era, y debe volver a ser, el marco de convivencia civilizada donde el mérito valga más que la lealtad partidaria. El país aún está a tiempo de frenar su caída, pero para ello debe abandonar el delirio plurinacional y reencontrarse con la sensatez del orden constitucional.

Bolivia hoy felizmente con el presidente Paz, tiene la tarea histórica de reconstruir lo que el socialismo nefasto casi logra destruir. Este 22 de enero quedara para la historia mas triste de nuestra heredad nacional republicana de Bolívar y Sucre.

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