Escribe: Roberto Márquez
La coyuntura boliviana de 2025, marcada por una profunda crisis económica, transición política y fuertes demandas sociales, ha reavivado el debate sobre cuál es el perfil más adecuado para liderar el país: ¿un empresario privado exitoso o un político experimentado en gestión pública?
Tanto empresarios como sectores ciudadanos y analistas coinciden en que el país necesita líderes que combinen capacidad técnica, transparencia y empatía con la población. Entre las características comúnmente valoradas en el perfil ideal destacan:
Experiencia exitosa como gobernante democrático local (alcalde o gobernador) o, en su defecto, una sólida trayectoria en gestión pública o privada. Empatía real y capacidad de comunicación efectiva, para conectar y explicar soluciones complejas con claridad. Liderazgo transformador, con visión, ética y capacidad de dialogar con diferentes sectores. Conocimiento político, económico y ético, evitando enfoques dogmáticos o únicamente tecnocráticos.
Consideraciones clave para entender las propuestas para Bolivia
El contexto boliviano exige líderes capaces de entender la política en su verdadera dimensión, integrar competencias técnicas con sensibilidad social y compromiso democrático. Ahora hay candidatos con alta experiencia internacional y local, otro que viene del campo meramente empresarial, hay un candidato muy exitoso en la gestión pública. Sin embargo, la experiencia no indica que, ni el perfil exclusivamente público ni el exclusivamente empresarial es suficiente para enfrentar los retos del país a largo plazo.
La combinación de ambos enfoques—capacidad de gestión estatal y apertura a la innovación empresarial, combinando la diplomacia internacional —sería la fórmula más sostenible, procurando equilibrar eficiencia, inclusión y legitimidad.
Sin embargo, convengamos que el éxito estratégico a largo plazo se presenta cuando hay un liderazgo con experiencia en gestión pública, porque ofrece ventajas concretas para enfrentar las problemáticas sociales en Bolivia: Domina los marcos legales, la administración de recursos y los mecanismos de política pública, capacidad clave para identificar y abordar las necesidades sociales con estrategias apropiadas para el contexto nacional y local.
Un líder formado en gestión pública tiende a priorizar la estabilidad institucional, el cumplimiento de leyes y la transparencia en la administración estatal. Esto favorece la continuidad de políticas públicas y la construcción de confianza en el Estado. La experiencia pública suele asociarse con mayor sensibilidad ante problemáticas sociales y mayor capacidad de implementar políticas de desarrollo social, fortaleciendo la equidad y la cohesión nacional. Un enfoque centrado en la ciudadanía y en la rendición de cuentas suele fortalecer la gobernabilidad democrática y la participación ciudadana.
Líder con perfil empresarial: Un líder con trayectoria empresarial, sin lugar a dudas, aporta visión de eficiencia, innovación y enfoque en resultados, lo que puede traducirse en mayor crecimiento económico, generación de empleo y atracción de inversiones. Tienden a introducir prácticas modernas de administración, transparencia organizacional y procesos más ágiles, elementos valiosos en la gestión actual tanto pública como privada.
Riesgos: Falta de sensibilidad social. La experiencia empresarial, cuando no va acompañada de comprensión del entorno estatal y social, puede llevar a minimizar problemáticas distributivas y la atención a sectores vulnerables. Existe el riesgo de priorizar beneficios sectoriales, de grupo o personales sobre el interés colectivo, lo que afecta la legitimidad de su gobierno a mediano o a largo plazo.
Al frente está el masismo y sus satélites cuyo modelo es el clientelismo, la discrecionalidad en la gestión pública, la corrupción y el narcotráfico. De discurso populista de «soluciones simples” de “soluciones rápidas y superficiales” a problemas profundos, el populismo nefasto ha generado en Bolivia, desigualdades, crisis económica, inflación y aumento de la deuda, como en la época de la UDP.
Deterioro de la democracia: El debilitamiento de las instituciones, la polarización y la falta de respeto a las reglas del juego democrático son consecuencias directas de un populismo con vocación autoritaria que aún nos gobierna. Inseguridad jurídica y fuga de capitales. Las nacionalizaciones abruptas o los cambios constantes en las reglas del juego económico han ahuyentado la inversión privada, tanto a nivel nacional como extranjera.
Conclusión: El contexto exige, gestores públicos con experiencia y conocimiento real del Estado, pero flexibles e innovadores, abiertos a prácticas de gestión eficiente del sector privado, con la capacidad para combinar experiencia técnica, visión estratégica y sensibilidad social con las destrezas del sector empresarial, una ventaja si se acompaña con principios éticos claros. Bolivia requiere de un político con sólida experiencia en gestión pública con mayor aptitud para enfrentar desafíos estructurales y sociales propios del país. Usted Elija Bolivia.
