Alfonso Blanco López
Ipita, cebate un mate dijo Calula, pasando el poro y el termo con agua caliente.
Ipita cargó la yerba, añadió hojas de poleo y naranjo, sacó una botella de petróleo y echó unas gotitas, vertió el agua, introdujo la bombilla y ofreció el primer mate a su amigo. Calula miró con sorpresa.
¡Ipita, no puedes cebar mate con petróleo, nos vamos a intoxicar!
Uuuuu recién te das cuenta, siempre tomamos así. Es petróleo del pozo Bermejo 2, se puede beber y es muy saludable, el único petróleo potable del mundo.
¡Carajo Ipita, estás loco! Calula recordó las innumerables tardes y noches tomando mate con Ipita. Empezó a sentir nauseas.
Vos sabes que nunca me enfermo y soy inmortal gracias al oro negro respondió Ipita.
¡Necesito una buena explicación, me vienes dando mate con petróleo hace años! exigió Calula.
Ipita dio un sorbo a la bombilla y comenzó diciendo que el petróleo es un compuesto natural, que se origina por la descomposición de materia orgánica de animales y plantas, que los ingenieros petroleros de la Standard Oil Company le enseñaron que se necesitan millones de años para convertirse en hidrocarburo, que el petróleo del Bermejo 2 ha sido extraído en su mejor momento, como si hubiese sido planificado el tiempo exacto de su perforación, antes o después no hubiese tenido tantos atributos, que esto solo ocurre una vez cada millones de años, que cada pozo petrolero es diferente y produce un petróleo único, y que mejor lo mantenga en secreto para que nadie se entere que por las noches él saca petróleo del pozo Bermejo 2, que aún sigue activo.
Calula hizo cálculos mentales, era cierto que hacía mucho que no se enfermaba, que no le aparecían arrugas, que su rendimiento sexual era óptimo, y que se veía más joven que el resto de sus contemporáneos. Y también era cierto que todo esto coincidía con la época en que empezó a juntarse con Ipita. Volvió a hacer cálculos de cuanto petróleo había ingerido, unas gotitas todos los días, en varios años, en cada mate, podían ser muchos litros. Le vino fiebre por la impresión, se sintió desfallecer. Ipita miró a su amigo con cariño: estaba pasando por el típico síndrome de aceptación.
No te preocupes, esta es la primera reacción antes de aceptar que eres adicto al petróleo afirmó Ipita,
¿Adicto dices?, ¡solo soy adicto a las mujeres! exclamó sin dudar Calula y se marchó enfadado.
Pasaron algunos días, y Calula sintió que moría, el médico no encontró causa visible de su mal. Buscó a Ipita para contarle que se sentía peor.
Ahora es síndrome de abstinencia indicó Ipita sonriendo. Tomate un mate.
Calula chupó la bombilla, el líquido caliente y aceitoso impregnó su boca y le bajó por la garganta. En segundos se sintió bien de nuevo.
¡Qué carajo, síndrome de aceptación y de abstinencia! vociferó Calula. ¡Ipita, cebate otro mate!
