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Una advertencia que no puede caer en saco roto

La advertencia del sector campesino sobre una posible drástica reducción de la producción agrícola en Tarija debería encender las luces de alerta. No se trata únicamente de una preocupación de quienes trabajan la tierra. Detrás de una menor producción existe el riesgo de una menor oferta de alimentos, dificultades para el abastecimiento de los mercados y, eventualmente, un incremento de precios que terminaría afectando directamente a las familias tarijeñas.

Los problemas que actualmente enfrenta la siembra requieren una respuesta oportuna. Si las condiciones para producir se deterioran y los agricultores reducen sus cultivos o enfrentan pérdidas, las consecuencias pueden aparecer meses después, cuando ya sea demasiado tarde para corregirlas. La experiencia demuestra que los problemas del campo terminan, tarde o temprano, trasladándose a las ciudades.

Por eso, las autoridades departamentales y municipales no deberían limitarse a escuchar la advertencia. Corresponde conocer con precisión la magnitud de las dificultades que enfrenta el sector, identificar los cultivos en riesgo y establecer, junto con los productores, medidas que permitan sostener la actividad agrícola.

Tarija no puede darse el lujo de descuidar su producción de alimentos. Una economía regional que aspira a desarrollarse necesita un sector productivo fuerte, agricultores con condiciones para trabajar y políticas públicas capaces de anticiparse a las dificultades.

El riesgo de un futuro desabastecimiento o de mayores precios todavía puede ser una advertencia y no necesariamente una realidad. Precisamente por eso debe actuarse ahora. Esperar a que los mercados comiencen a sentir la falta de productos o que el consumidor tenga que pagar más por ellos sería una muestra de que nuevamente se llegó tarde.

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