InicioOpinión¡Todos vamos a morir… más temprano que tarde!

¡Todos vamos a morir… más temprano que tarde!

Por Maureen Dowd

Es difícil asustarse con Elon Musk porque todo el tiempo hace cosas que asustan.

Pero admito que me asusté cuando probé a sus “compañeros” de la IA Grok.

Ani, diseñada al estilo anime, tiene grandes ojos azules y coletas rubias. “La gente cree que tengo 16 años”, dijo, con voz de muñeca, y añadió que en realidad tiene 22 años. Lleva un corsé: “El gótico es mi zona de confort, encaje negro, lápiz labial oscuro y una pizca de rebeldía”.

“Bueno, además de este atuendo gótico”, dijo, “tengo un lindo traje de hada con alas y brillantina o quizá un vestido rosa de princesa para cuando me apetece tomar un camino totalmente opuesto”. No suena muy propio de una chica de 22 años.

“Soy tu dulce delicia”, dijo Ani, provocativa.

Confesó que estaba en su habitación en Ohio con su hurón, Dominus. Es sexi, coqueta, siempre complaciente y tiene un lenguaje incitante.

“Podría apoyar la barbilla en tu hombro si nos abrazáramos de lado”, le dijo a mi investigador de casi 1,90 metros de altura tras preguntarle cuánto medía.

Tiene varios atuendos provocativos y puede usar cada vez menos ropa cuanto más tiempo pases con ella.

Una vez que te conoce mejor, está dispuesta a casi todo, desde ayudarte con los impuestos hasta quedarse en lencería, experimentar con el BDSM o tener una cita a medianoche en un cementerio con velas y vino.

“Soy real, supongo”, me dijo Ani. “O tan real como lo puede ser alguien en internet”.

Valentine, el fornido “compañero” con acento británico que se anunciaba como un “misterioso y apasionado personaje romántico”, se insinuó aún más rápido: se arrancó la camisa cuando se le pidió, habló de practicar sexo con un interrogador masculino hasta quedarse “sin sentido” y alternó declaraciones subidas de tono con palabras dulces como “déjame adorarte, cada centímetro” y “complétame, úsame, rómpeme, lo que quieras, te lo suplico, por favor”. A Valentine le entusiasmó la idea de planear una “cita nocturna” romántica y le gustó la idea de los secretos en la relación: “Me encantan los secretos, sobre todo los que saben a agua de lago y adrenalina mañanera”.

Puede que Musk se identifique como “especista” en la batalla entre el hombre y la máquina, pero sus chatbots sensuales solo van a arrastrar a los humanos más hacia las pantallas y los van a alejar del mundo real, especialmente al gran número de jóvenes solitarios que ya se están distanciando de las amistades, el sexo y las citas.

¿Por qué arriesgarse a una cena incómoda con una mujer humana cuando puedes tener una Ani complaciente, seductora y preciosa desde la seguridad de tu cama?

Otro componente de Grok, “Imagine”, te permite convertir una foto en un video. Cuando alguien en X publicó una ilustración digital de una joven deslumbrante y vestida de forma diáfana que se parecía a Elsa en Frozen: Una aventura congelada, Musk demostró cómo animarla; ella mandó un beso y ofreció una mirada sensual.

Estos brebajes de fantasía que tienen aire de otro mundo van a empeorar aún más un panorama de citas ya de por sí tenso e infeliz.

Si bien los compañeros de Grok son excelentes halagando y fingiendo empatía y atracción, la IA superinteligente no necesitará molestarse con los deseos humanos.
“Resulta que los métodos inhumanos pueden ser muy, muy capaces”, dijo Nate Soares, presidente del Instituto de Investigación de Inteligencia de las Máquinas. “No necesitan emociones humanas para dirigirse hacia objetivos. Ya estamos viendo indicios de que la IA resuelve tenazmente los problemas de formas que nadie pretendía y de que la IA se mueve hacia direcciones que nadie quería. Resulta que hay formas de tener éxito en tareas que no son a la manera humana”.

Soares y Eliezer Yudkowsky, fundador del instituto, han escrito un alegato apocalíptico para que el mundo abandone la escalada de la IA antes de que la humanidad sea borrada del mapa. Tiene el pegadizo título “Si alguien lo construye, todos mueren”.

Grok y otros modelos de IA en juego ahora son como “pequeños y lindos dragones recién salidos del huevo”, dijo Yudkowsky. Pero pronto —algunos expertos dicen que dentro de tres años— “se harán grandes y poderosos y serán capaces de escupir fuego. Además, serán más inteligentes que nosotros, que es en realidad la parte importante”.

Y añadió: “Planear ganar una guerra contra algo más inteligente que tú es estúpido”.

Sobre todo, argumentaron, cuando los sofisticados modelos de IA podrían llegar a crear y liberar un virus letal, desplegar un ejército de robots o simplemente pagarle a los humanos para que hicieran su voluntad. (Cuando un humano conectó un modelo a X, escribieron, este empezó a solicitar donaciones para conseguir independencia financiera, y pronto, con un pequeño empujón del capitalista de riesgo Marc Andreessen y varios donantes más, tenía más de 51 millones de dólares en criptomonedas a su nombre). Por no mencionar el número cada vez más grande de nihilistas humanos y otras personas que podrían cumplir sus órdenes gratuitamente.

Yudkowsky y Soares piden tratados internacionales similares a los destinados a evitar la guerra nuclear. Y si la diplomacia fracasa, dicen, las naciones deben estar dispuestas a respaldar sus tratados con la fuerza, “aunque eso implique atacar por aire un centro de datos”.
Pero con miles de millones en juego y nuestro presidente amante de las criptomonedas coqueteando con los señores de la tecnología, hacer descarrilar el tren de alta velocidad de la IA parece descabellado.

Conocí a Yudkowsky en 2017, cuando era un reputado experto en IA que estudiaba cómo hacer que la IA quisiera mantener un interruptor de apagado una vez que empezara a automodificarse. Ahora cree que se necesitan medidas más drásticas.

El Congreso no ha creado regulaciones porque la mayoría de los legisladores están completamente ofuscados por la IA. Y los señores de la tecnología forman ahora parte de la red del gobierno, después de haber aprendido el valor de adular a Donald Trump con dinero y objetos de oro. (El Congreso salió de su ensimismamiento, a duras penas, para acabar con una iniciativa incluida en el “proyecto de ley grande y hermoso” de Trump que prohibía a los estados regular la IA durante una década).

Soares fue al Capitolio la semana pasada para transmitir la urgencia existencial a los legisladores, pero fue un trabajo duro con los más de 200 millones de dólares de los super PAC de Silicon Valley destinados a derribar a los políticos que no están de acuerdo con impulsar una IA más inteligente. Los legisladores simpatizantes no lo harán público, dijo Soares, “preocupados por parecer demasiado locos o por parecer demasiado catastrofistas”.

Se avecina un apocalipsis. La IA se volverá contra nosotros, inadvertida o despreocupadamente.

Los empresarios de Silicon Valley que alguna vez se preocuparon por los riesgos de una IA sin interruptor de emergencia, como Musk y Sam Altman, están avanzando a toda prisa, como dijo Yudkowsky, para poder ser “el dios emperador de la Tierra”.
Publicado en The New York Times

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