El Movimiento Al Socialismo (MAS), desde su llegada al poder en 2006, ha estado en el centro del debate político y económico en Bolivia, especialmente en el contexto de su Agenda Patriótica rumbo al bicentenario. Esta ambiciosa estrategia, compuesta por 13 puntos clave, prometía transformar la economía del país, pero ha enfrentado una serie de desafíos que han generado disidencias dentro del propio partido. En los últimos días, las tensiones han resurgido, exacerbadas por un contexto económico que muchos consideran crítico.
En los años de bonanza, el programa de la Agenda Patriótica se benefició de la política de nacionalización de los hidrocarburos y la creciente exportación de gas, lo que impulsó el crecimiento económico y permitió al MAS consolidar su base de apoyo. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente con la caída en los precios del gas y el debilitamiento del mercado de hidrocarburos, lo que ha llevado a un incremento en la inflación, que ahora se sitúa en un alarmante 9.97%, un nivel cercano a los dos dígitos y muy por encima de las proyecciones iniciales del gobierno de solo 3.60% anual.
Este aumento de la inflación no ha pasado desapercibido para los líderes opositores, como Evo Morales, quien ha utilizado estas cifras para cuestionar la gestión de Luis Arce. En su programa de radio semanal, Morales expresó con contundencia que «en este bicentenario no hay nada que festejar», y anticipó que el país se enfrenta a un 2025 con «un escenario económico más catastrófico». Su retórica ha sido respaldada por Adriana Salvatierra, quien, en el mismo espacio, criticó a Arce por atribuirse la creación del modelo económico que, según ella, fue diseñado por Morales tras años de trabajo. Esta lucha por la narrativa económica refleja una guerra de relatos entre distintos sectores del MAS, donde el legado y las decisiones del pasado se convierten en armas de debate en el presente.
Luis Arce, por su parte, defendió su modelo económico durante la inauguración de la nueva sede de la Federación de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias ‘Bartolina Sisa’ en Santa Cruz de la Sierra. En su intervención, subrayó su compromiso con la estabilidad económica del país, afirmando que su gobierno ha logrado mantener el rumbo a pesar de las dificultades que enfrenta. Sin embargo, la realidad de los números se impone, y el creciente descontento social ante la inflación y las condiciones económicas actuales pone en jaque esa afirmación.
La discusión sobre la industrialización de recursos naturales, en particular el litio, ha cobrado relevancia en los últimos días. Morales ha promovido la idea de que la industrialización debe ser un proceso liderado por el Estado, mientras que Salvatierra ha señalado que el enfoque actual de Arce se ha limitado a fomentar pequeñas iniciativas privadas, dejando de lado una visión integral que integre a los grandes recursos del país. Esta divergencia en las estrategias ha llevado a cuestionamientos sobre el futuro de proyectos clave que podrían determinar el rumbo de la economía boliviana.
Adicionalmente, la política de subvención de combustibles también ha generado controversia. El gobierno presentó un proyecto de referéndum para evaluar la continuación de estas subvenciones, pero este ha sido objeto de observación por el Tribunal Supremo Electoral. Morales ha instado a un diálogo con la población para discutir la eliminación de estas subvenciones, recordando que en su gestión intentó una reforma similar pero no consiguió el consenso necesario. La oposición a mantener estas subvenciones se basa en la premisa de que su continuidad no es sostenible a largo plazo, planteando un dilema sobre la viabilidad de las políticas económicas actuales.
Las exportaciones, otro pilar de la economía, también han reflejado signos preocupantes. Entre enero y noviembre de 2024, las exportaciones de oro alcanzaron solo 667.6 millones de dólares, una caída significativa en comparación con 2.408.2 millones de dólares en 2023. Este desplome en las ventas externas indica una falta de diversificación y una dependencia de los recursos naturales que se están agotando o enfrentando una baja en la demanda.
En este contexto, la Cámara de Diputados ha comenzado a abordar los contratos que el Ejecutivo está demandando, en un esfuerzo por reintegrar la economía y encontrar nuevas fuentes de ingresos. Sin embargo, el camino hacia la recuperación económica parece lleno de obstáculos y desacuerdos internos, mientras los líderes del MAS continúan luchando por establecer la narrativa que defina su legado en un país que se enfrenta a un futuro incierto. La encrucijada económica del país plantea preguntas cruciales sobre las decisiones que se tomarán en los próximos meses y las implicaciones que tendrán para la población boliviana.
