La dinámica diaria, la rutina, el quehacer cotidiano es ese. Vemos, escribimos, relatamos, informamos, todos los días sobre lo que sucede en nuestra sociedad, desde casos de corrupción, mentiras descaradas de los políticos, despidos de personal, violencia en las calles y en la familia, robos, asesinatos, accidentes de buses, autos,
motos con múltiples muertes y heridos, etc. y a veces «no se nos mueve un pelo» a la hora de dar a conocer lo acontecido… no debe ser así, no podemos permitir que nuestro trabajo nos domine y congele el corazón…estamos hablando de seres humanos, de personas, no de cosas que hoy están y mañana ya no. Debemos conservar esa sensibilidad para cumplir con nuestra misión: transmitir lo que nuestras fuentes (seres humanos) quieren decir y como quieren decirlo, no somos maquinas ni podemos convertirnos en ellas, por eso no podemos dejar de sentir la noticia por más frecuente que esta sea y se vuelva casi natural para nosotros. No se puede deshumanizar la información ni los medios de Comunicacion, envueltos en una carrera frenética por la primicia cueste lo que cueste.
Debemos ser capaces de verdaderamente ser «medios», quienes estamos entre quien genera la noticia y quien la recibe, reflejando auténticamente las circunstancias que intervienen en un hecho cualquiera. Esa responsabilidad debemos comprenderla tal cual y practicarla tal cual, así comprenderemos también nuestro rol, lo que nos toca hacer, que tener un micrófono o una cámara en la mano nos otorga un privilegio por sobre otros mortales, un cierto poder cuyo efecto se sentirá dependiendo del uso que le demos y para que lo queramos…para servirnos de el o para servir a la comunidad a través de el.
Solo si conservamos esa identidad, esa sensibilidad ante lo que acontece, podremos ser los portavoces que la sociedad precisa para hacer escuchar sus pedidos y quejas, para hacer conocer sus necesidades y requerimientos, para reflejar su postergación y olvido, ante quienes administran el poder político y económico y tienen en sus manos la solución a tantos problemas irresueltos, si no somos capaces de sentir como
lo siente el pueblo… nos habremos desviado del bien supremo… luchar por la vida, por el buen vivir…por el bien común.
La cotidianidad puede llevarnos a caer en la rutina e incluso enfriarnos ante lo que la realidad nos muestra. Así como un médico muchas veces parece insensible ante el dolor ajeno por estar «codeándose» con el a diario… que no nos suceda algo similar.
