
No hemos tenido la oportunidad de caminar por los senderos de la política pero sí hemos estado en medio de disputas que nos mostraron la peor cara de este «oficio». Se pierde la noción de los principios y valores y cualquier cosa vale, el insulto, la difamación, la calumnia, se convierten en constantes que desnudan las actitudes más bajas de quienes no quieren dejar el «hueso».
Así y todo, es muy preocupante escuchar que la política va más allá de lo que se puede tolerar, aunque muchos se preguntarán si realmente existen límites después de lo visto y vivido en nuestro país. La política en si misma es el camino o la forma de alcanzar el poder para cambiar la vida de la gente para bien, es cierto que a lo largo de nuestra historia hemos sido testigos de todo y hemos visto que por el poder las personas son capaces de hacer de todo. Una vez alcanzado el objetivo primario al parecer es más difícil o imposible dejarlo, aparentemente seduce y enamora al borde de la locura ya que se usan los métodos más oscuros para sustentarse en el poder. Al final, son políticos que luego se convierten en autoridades los que tienen la gran responsabilidad de enseñarle al pueblo que cuando se convierten en servidores públicos al mismo tiempo se convierten en ejemplos a seguir o por lo menos así debería ser. Sin embargo la facilidad en el uso de la mentira, de la descalificación, de las bajezas más extremas, de la violencia, no es lo que la gente debe entender como la manera de administrar el poder y por ende su destino.
Hoy más que nunca, necesitamos de quiénes de verdad dignifiquen la política y el servicio público, que no vean en ella el camino hacia el enriquecimiento fácil y rápido, que no sean ese ejemplo de lo que no se debe ser y hacer, sino por el contrario, más bien enseñen un nuevo sendero que las próximas generaciones vean y entiendan plenamente porque llegará su día, llegará el momento que les toque ser quiénes decidan sobre el futuro de las mayorías.

